Nota de archivo: este contenido fue publicado hace más de 90 días.

Arriba, un hojalatero suelda una placa de acero al interior de una SUV. Abajo, la fibra de aramida es el material más caro y liviano en la industria.
Arriba, un hojalatero suelda una placa de acero al interior de una SUV. Abajo, la fibra de aramida es el material más caro y liviano en la industria. ([email protected])

A poco más de una semana de que el crimen organizado hubiera cobrado la vida de cinco individuos en el residencial Ramos Antonini en Río Piedras, el único taller de carros blindados en Puerto Rico ha recibido al menos dos nuevos clientes dispuestos a pagar sobre $70,000 por el mayor nivel de protección en la carretera, sumando a casi 20 el total de este tipo de vehículos que la empresa ha producido en lo que va de año y evidenciando el giro que ha tomado esta industria después del paso del huracán María hace dos años.

Hasta las navidades de 2017, la industria local principalmente había reforzado vehículos con una capa interior de acero balístico a vuelta redonda y cristales de casi una pulgada de espesor que aguantan, comúnmente, el impacto de un arma calibre 9 milímetros en un intento de robo.

Y aunque la más reciente ola de “carjackings” ha movido a otros tres residentes de la isla a gastar hasta $40,000 para protegerse del hurto de vehículos, son más los banqueros, restauranteros, contratistas y otros dueños de negocios puertorriqueños los que están dispuestos a pagar hasta $60,000 adicionales por ser inmunes a las balas de un rifle de asalto y la fragmentación de granadas, aseguró el cofundador y gerente del taller Carros Blindados, Luis Ramos.

“Son gente de negocios que guían su propio carro, están todo el día para arriba y para abajo en él y quieren proteger a sus familias de un tiroteo o un ‘carjacking’. También tengo clientes que llegan aquí con dos carros y uno de ellos es de seguridad”, dijo Ramos, quien resaltó que uno de sus nuevos clientes se refirió directamente al tiroteo que cobró dos vidas a plena luz del día en el expreso Rafael Martínez Nadal a mediados del mes antes de dejarle las llaves de su camioneta.

A estos se suman los extranjeros que se han relocalizado a la isla por motivo de las Leyes 20 y 22 de incentivos contributivos. “Después de los locales vienen los extranjeros que vienen con miedo y mayormente buscan protegerse de que los encañonen y le roben el carro” a ellos o a sus parejas, porque tiene clientes que repiten, añadió.

De hecho, en los pasados siete años, Ramos ha blindado sobre 40 vehículos en la isla y casi la mitad de ellos han sido al nivel más alto desde el paso del huracán María. “Este año, he entregado ocho carros a nivel alto (denominado BR6) y ahora trabajo estos cuatro que tengo aquí”, enumeró Ramos mientras apuntaba a las diferentes esquinas de su taller en Hato Rey.

Negocios identificó una Toyota Land Cruiser a la que uno de los soldadores montaba una segunda puerta trasera de acero reforzado; una Jeep Gladiator del año cuyo equipo había desmontado casi por completo para montarle una segunda capota de acero; una Ford F-350 que espera el mismo tratamiento; y la más reciente Lincoln Navigator que es la cuarta en la lista.

A modo de ejemplo, el dueño de la Land Cruiser, que debió costar cerca de $80,000, deberá pagar otros $70,000 adicionales para que Carros Blindados la refuerze con casi 1,200 libras de acero balístico y cristales de casi 1.3 pulgadas de espesor. A este tratamiento, Ramos le llamó “paz mental”.

“Para esta gente, es mejor dar el tarjetazo y estar listos que necesitarlo y no tenerlo”, afirmó el empresario. “En el tiempo que llevo en este negocio, solo uno de nuestros clientes ha regresado con un cristal roto y fue por una pedrada”.

Por otro lado, hay clientes que llegan con las mismas expectativas, pero con bolsillos menos profundos. “Me dicen, ‘yo quiero que me proteja contra rifles (de asalto)’, pero se dan cuenta del costo (sobre $70,000) y escogen el BR5 que aguanta hasta AK-47 y cuesta unos $65,000 o el de armas cortas que puede ser como hasta $38,000, que no está completamente seguro con lo que estamos viendo en la isla, pero si te da cierto nivel de tranquilidad”, explicó el gerente de Operaciones, quien se entrenó en la materia en Caracas, Venezuela.

Un mercado complicado

En el 2012, Ramos fue a la capital venezolana, donde estimó que se blindan más de 250 vehículos mensualmente. “En el taller donde yo trabajé, nada más, se blindaban sobre 20 carros al mes. En los tres meses que estuve allí, blindamos casi 75 carros para aprender rápido y salir lo más temprano de ese país”.

De vuelta en la isla, el hojalatero blindó su primer vehículo a mediados del 2013. Le siguieron dos en el 2014 y cuatro en el 2015. Entre el 2016 y el 2017, Ramos blindó 19 vehículos y cerró el 2018 con 12 adicionales (diez de ellos al nivel de protección más alto). En lo que va de este año, el taller ya ha blindado diez y espera terminar cuatro más en los próximos tres meses.

A preguntas de El Nuevo Día sobre cómo compara Puerto Rico con otros mercados con alta presencia del crimen organizado en Latinoamérica (como México, Brasil y Venezuela), Ramos dijo “que en Puerto Rico siempre hemos visto mucha violencia, pero la gente está bien preocupada con lo que pasó en la Martínez Nadal, por ejemplo. Una cosa es escuchar el ruidito de una nueve milímetros automática y otra cosa es el sonido hueco de una AR-15 como vimos en Ramos Antonini. En Caracas eso es normal, pero aquí no”, donde cree que la merma de vigilancia policíaca ha alentado a los criminales a resolver sus disputas en plena luz del día en algunas de las principales vías del país.

Por otro lado, Ramos contradijo el estereotipo que suele tener la ciudadanía sobre su clientela cuando dijo que “mucha gente piensa que mis clientes son narcotraficantes, pero la verdad es que no lo son, hasta donde yo sé”.

Sin embargo, el empresario, quien depende tanto del acero como de la discreción para mantener su negocio a flote, admitió que “yo siempre trato de aprender de mis clientes y la mayoría de las veces reconozco los nombres de sus negocios, pero si la persona tiene con qué pagar y es muy privada con sus cosas, pues yo no voy a negarle esa mayor protección. Solamente estamos salvaguardando la vida de la persona y su familia”.

Asimismo, dijo que de vez en cuando llega un cliente que quiere más luces, sirenas o hasta un sistema de humo “como en las películas y nosotros tenemos que hacer todo lo posible por complacerlos porque el mercado aquí no es tan grande”.

También mencionó que la relación entre su equipo de trabajo, compuesto por hojalateros, electricistas y fabricantes de piezas, con sus clientes es diferente a la que tienen los empleados de cualquier otro taller.

“Aquí la gente viene con miedo de que le roben el carro o de que los maten. Ellos nos están confiando su vida y la de su familia y están pagando miles y miles de dólares” por el servicio, sentenció el empresario.