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Desde la izquierda: el cofundador de Holberton, Sylvain Kalache; la directora de la academia en Puerto Rico, Verónica Colón; y uno de sus principales inversionistas, Adam Beguelin.
Desde la izquierda: el cofundador de Holberton, Sylvain Kalache; la directora de la academia en Puerto Rico, Verónica Colón; y uno de sus principales inversionistas, Adam Beguelin. (Vanessa Serra Díaz)

Apostando a un nuevo modelo de educación que libera a los estudiantes del pago inmediato de su matrícula, la academia de desarrollo de software de Silicon Valley, Holberton School, planta bandera en Puerto Rico y busca 150 estudiantes para su primera generación de tecnólogos boricuas.

Enfocada en desarrollar estudiantes en el área de algoritmos de baja abstracción, realidad aumentada, aprendizaje de máquinas (machine learning) o desarrollo full-stack, la nueva academia busca cerrar la brecha entre el talento que buscan las empresas de tecnología y el que ofrecen las universidades tradicionales en la isla.

“Solía hacer muchas entrevistas cuando trabajaba en Silicon Valley y me daba cuenta de que los candidatos pasaban gran parte de su vida estudiando, acumulando miles de dólares en deudas y realmente no tenían las destrezas requeridas para hacer el trabajo”, aseguró el experto en desarrollo y operación de software, Sylvain Kalache.

Luego de trabajar casi una década para empresas como LinkedIn y SlideShare, fundó el primer campus de Holberton en San Francisco, California, en el 2016.

Para el 2019, Holberton ya tenía recintos en New Haven, Connecticut y Tulsa, Oklahoma; además de Cali, Medellín, Bogotá y Baranquilla en Colombia; Túnez, capital del país africano del mismo nombre; y Beirut, en Líbano.

Esta rápida expansión a nivel global, Kalache indicó, se debe principalmente a que la combinación de destrezas de alta demanda, los dos cortos años del programa y su innovador modelo de negocio atraen tanto a estudiantes recién graduados de escuela superior, como a adultos que quieren cambiar de carrera o aprender más sobre alguna de estas tecnologías.

De hecho, los estudiantes en Holberton no tendrían que pagar un centavo para entrar a la academia.

En cambio, a través de un acuerdo de repartición de ingresos (Income Share Agreement), los prospectos se comprometen a pagar el 17% de su salario mensual, solo si este sobrepasa los $2,500, por 42 meses una vez que consigan trabajo.

En otras palabras, cuando se gradúe de Holberton, el estudiante que consiga un trabajo en el que ingrese al menos $30,000 al año, terminaría pagando poco menos de $18,000 por su educación al cabo de los tres años y medio requeridos. Ese número incrementa según su salario, hasta alcanzar un tope de $85,000.

A preguntas de Negocios sobre la sostenibilidad económica de este modelo, el inversionista Adam Beguelin dijo que “nosotros asumimos este riesgo porque sabemos que hay muchas empresas en la isla que necesitan profesionales con estas destrezas”.

“Rock Solid necesita entre 20 y 40 desarrolladores de software. Charles (Fischer) de SAIFE (una compañía con sede en Tempe, Arizona) necesita contratar siete desarrolladores de inteligencia artificial en Puerto Rico”, enfatizó Beguelin, quien enseñó ciencias de cómputos en la reconocida Universidad de Carnegie Mellon en Pensilvania antes de fundar varias empresas de tecnología en Estados Unidos y mudarse a Puerto Rico en el 2016.

A eso hizo eco Ángel Pérez, presidente de Rock Solid Technologies, una de las pioneras en el desarrollo de software en la isla, cuando expresó por escrito que “cada día es más difícil conseguir recursos. La llegada de Holberton cubrirá una necesidad crucial para nuestra empresa”.

Sin salones, sin problemas

En su primer año y comenzando en junio, luego en septiembre y enero, la directora de Holberton Puerto Rico, Verónica Colón, espera recibir hasta 150 estudiantes en sus nuevas facilidades en Santurce.

Sin embargo, el espacio de 10,000 pies cuadrados en plena remodelación carece de salones y pupitres. De hecho, cuando esté lista en verano, la academia parecerá más una aceleradora de negocios como Parallel18, según experimentó Negocios a través de un tour de realidad virtual.

Una enorme sala con cómodos asientos y pizarras que van de pared a pared será exclusivamente para trabajo colaborativo. La cafetería será el punto de encuentro para estudiantes de diferentes clases, mientras que el “Cubo” será un cuarto para descansar del currículo académico intensivo.

En este modelo colaborativo, los pupilos se ayudan entre sí para cumplir con las expectativas del programa, sin la necesidad de profesores. Sin embargo, los estudiantes pueden conectar con más de 130 mentores que forman parte de la red de Holberton y laboran para gigantes de la tecnología como Google, Uber y Apple.

“Este programa es para cualquier persona que quiera desarrollar sus destrezas en tecnología rápidamente. No importa qué edad tengan o cuál sea su trasfondo académico o profesional”, dijo Colón, quien manejó programas de emprendimiento para Grupo Guayacán antes de tomar las riendas de la academia de software.

En total, Beguelin y su socio Ciryl Meduña, presidente de la firma Advent-Morro, han invertido cerca de $3 millones para equiparar el recinto sanjuanero a sus homólogos alrededor del mundo y que sirva como semillero de talentos que podrían trabajar en las startups que ahora crecen en Parallel18.

“Esta es una de las pocas industrias donde podemos usar el gran talento puertorriqueño para crear compañías de impacto y alcance mundial. Es por eso que ahora nos asociamos con Holberton School para establecer una escuela que va a proveer un currículo de programación competitivo a nivel mundial”, expresó Meduña en expresiones escritas.