El crucero atracó en San Juan con una turista italiana que presentaba síntomas sospechosos de coronavirus. (Teresa Canino Rivera)

Aunque recibieron con brazos abiertos a los casi 1,370 pasajeros del crucero Costa Luminosa en el Viejo San Juan el pasado domingo antes de saber que uno de ellos fue el primer caso sospechoso de coronavirus (COVID-19) en la isla, algunos comerciantes de la ciudad histórica han reforzado sus protocolos de higiene para seguir operando y generando ingresos.

Tal es el caso del dueño del restaurante Mi Tierra, Ángel Arocho, cuyo local fue uno de los más concurridos por cruceristas del Costa Luminosa debido a su posición idónea frente al Muelle 4.

“Preocupa un poco porque los tenemos aquí de frente. Somos una de sus primeras paradas, pero tratamos de hablar con los empleados para que se laven las manos a cada rato, evitar el contacto con las demás personas, pero eso ya es un poco complicado porque ellos vienen a comer aquí”, dijo Arocho, quien se enteró del posible caso de coronavirus cuando el Costa Luminosa ya había zarpado hacia Antigua.

En cuanto al riesgo al que se expone, Arocho dijo que “tenemos que seguir abriendo porque todos tenemos deudas y familias a las que llevarle sustento, pero, a la misma vez, preocupa porque sales de aquí y los va a regar, si lo tuvieras”.

Sin embargo, ya instruyó a sus empleados a lavarse las manos más a menudo y contempla el uso de cubiertos desechables para eliminar cualquier riesgo de contagio en el uso de cubiertos.

Yesenia Martínez, a cargo de una de las tiendas de regalos más concurridas en la ciudad histórica, Mega Souvenirs, lamentó que la gobernadora Wanda Vázquez hubiera esperado hasta que se acabara la jornada laboral para alertar a las personas en riesgo de contagio, como ella.

“Aunque sea un solo paciente, uno no sabe con quién tuvo contacto antes de reportarse. Yo puedo estar arriesgándome a contraer la enfermedad sin viajar del país”, abonó Martínez, quien se lava las manos con agua y jabón periódicamente hace ya varios días, pero el domingo estuvo en contacto con cientos de cruceristas del Costa Luminosa.

Sin embargo, hay decenas de comerciantes ambulantes que son los primeros en recibir a los cruceristas en la Bahía de San Juan y no necesariamente tienen rápido o fácil acceso a servicios sanitarios donde lavarse y desinfectarse.

Tal es el caso de Ian Rosado, quien vende piraguas y dulces típicos en la Plaza Dársenas, justo a la salida del Muelle 1, donde alega que anteriormente ha sido contagiado con otras enfermedades por los turistas.

“Me preocupa porque anteriormente me han pegado cosas aquí: catarro, pulmonía, influenza”, detalló el piragüero, quien disfrutaba de su día libre cuando llegó el Costa Luminosa, pero ahora comprará guantes y mantendrá la distancia al servirle a sus clientes en el Viejo San Juan.

En contraste, el taxista Juan Santiago, quien recibió a los cientos de pasajeors de cruceros que desembarcaron del Costa Luminosa en el Muelle 3, a eso de las 9:00 a.m. del domingo, se mostró tranquilo.

Ese día, informó, muy pocos cruceristas se montaron en los taxis. De hecho, en su turno de 4:00 a.m. a las 2:00 p.m., no transportó a ninguno.

A preguntas de El Nuevo Día sobre la posibilidad de que algún turista enfermo se monte en su taxi, Santiago dijo que “siempre se preocupa un poco uno, pero, lógicamente, uno detecta cuando la persona empieza a toser mucho o tiene un catarro. Siempre estoy desinfectando las agarraderas, echo mi spray (desinfectante) y si noto que la persona está tosiendo mucho, bajo los cristales”, dijo el transportista, quien desconoce que el gobierno designó una línea alterna a la del 9-1-1 para lidiar con el coronavirus.

Inmediatamente que desembarcan en la Bahía de San Juan, los pasajeros tienen acceso a decenas de vendedores ambulantes, quienes son los primeros en atender la estampida de turistas.

Sin embargo, la mayoría de ellos parecía operar sin preocupación alguna, a pesar de que su modelo de negocio requiere que los consumidores toquen y se prueben su mercancía antes de pagar en efectivo.

Este medio intentó hablar con uno de ellos, que se identificó como Soul, pero este se limitó a decir no le preocupa la situación del COVID-19.

La mujer italiana de 68 años y su esposo, que llegaron a la isla a bordo del crucero Costa Luminosa y se sospecha son portadores del coronavirus, permanecen aislados de la población general en el Ashford Presbyterian Hospital a la espera de la determinación de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés).


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