Una mujer se lleva una caja con comida mientras cientos de personas hacen fila en un centro de asistencia a los necesitados en Chelsea, Massachusetts. (AP)

Chelsea, Massachusetts — En una de las comunidades de Massachusetts más golpeadas por el coronavirus, muchos inmigrantes apenas ganan lo suficiente para sobrevivir incluso en épocas de bonanza económica. Hoy, los residentes de Chelsea, un suburbio de Boston densamente poblado, mayormente por hispanos, tienen problemas para alimentar a sus familias mientras el virus se propaga a su alrededor y muchos de ellos no pueden recibir ayuda del gobierno porque están en el país ilegalmente.

“Son gente a la que no le llegará un cheque del gobierno”, dijo el administrador de Chelsea Thomas Ambrosino. “No tienen un número del Seguro Social, no han pagado impuestos, sobreviven en los márgenes de la sociedad y están siendo ignorados por los programas del gobierno”.

Chelsea, con más de 40,000 personas concentradas en 5 kilómetros cuadrados (2 millas cuadradas), es el epicentro del brote de COVID-19 en Massachusetts, con una tasa de infecciones seis veces el promedio del estado hasta el miércoles.

La municipalidad reportó 1,500 casos y más de 80 muertes. En todo el estado, se sabe de 43,000 casos y de 2,200 muertes.

Mucha gente está empezando a recibir cheques de $1,200, parte de un programa de ayuda del gobierno que también contempla el pago de otros $600 semanales a quienes se queden sin trabajo. Pero las personas que están en el país sin permiso no recibirán esa ayuda.

California asignó $75 millones a un Fondo de Alivio durante Desastres para gente que está en el país ilegalmente.

Chelsea se encuentra del otro lado del río Mystic, frente a Boston, y el 60% de sus residentes son hispanos. Más de un tercio llegaron de América Central, sobre todo de El Salvador, Honduras y Guatemala.

Abundan los que están en el país sin permiso, viviendo muchos en una misma casa, por lo que les resulta imposible aislarse, según Ambrosino. Los que todavía pueden trabajar en ramos considerados indispensables siguen dependiendo del transporte público. El resto se quedó sin trabajo.

“La gente pasa hambre. No tienen vivienda”, dijo Gladys Vega, directora ejecutiva de Chelsea Collaborative, una agrupación comunitaria que vela por los más necesitados.

El martes cientos de personas hicieron una cola que daba vuelta la esquina para recibir comida distribuida por el grupo de Vega. Chelsea Collaborative está ayudando a procesar 125 solicitudes de seguro de desempleo diarias y haciendo llegar comida y otros insumos a personas con COVID-19 queno pueden salir de sus casas, indicó Vega. Agregó que los miembros de su organización saben que arriesgan sus vidas al ofrecerse a ayudar a los necesitados.

“Esto de mantener distancias se nos complica porque somos una comunidad muy cálida. Le aseguro que hemos derramado muchas lágrimas”, comentó.

En la mayoría de la gente, el nuevo coronavirus causa síntomas leves o moderados, como fiebre y tos, que desaparecen en dos o tres semanas. Pero también puede causar trastornos serios, sobre todo en los ancianos y las personas con otros problemas de salud, y puede resultar fatal.

Ambrosino dijo que la municipalidad recibió mucho apoyo del estado, pero teme que sea imposible reparar el daño causado a muchas familias.

“Vamos a hacer lo posible para satisfacer las necesidades, pero son abrumadoras”, expresó Ambrosino. “A menos que el gobernador se aparezca con camiones llenos de billetes de $100 todas las mañanas, no sé si podremos satisfacer las necesidades”.


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