En muchas escuelas israelíes, donde hasta 38 niños se amontonan en aulas de aproximadamente 495 pies cuadrados, el distanciamiento físico resultó imposible. (The New York Times)

Por Isabel Kershner y Pam Belluck

Jerusalén — Conforme Estados Unidos y otros países consideran de manera ansiosa cómo reabrir las escuelas, Israel, uno de los primeros países en hacerlo, ilustra los peligros de avanzar de manera precipitada.

Seguro de que había vencido el coronavirus y desesperado por reiniciar una economía devastada, el gobierno israelí invitó a todo el cuerpo estudiantil a regresar a finales de mayo.

En cuestión de días, se reportaron infecciones en un bachillerato de Jerusalén, las que rápidamente se acumularon hasta formar el brote más grande en una sola escuela en Israel, y posiblemente en el mundo.

El virus se propagó a las casas de los estudiantes y después a otras escuelas y vecindarios, y terminó infectando a cientos de estudiantes, profesores y familiares.

Otros brotes obligaron a cientos de escuelas a cerrar. En todo el país, decenas de miles de estudiantes y profesores fueron confinados.

¿El consejo de Israel para otros países?

“Definitivamente no deben hacer lo que nosotros”, dijo Eli Waxman, profesor del Instituto Weizmann de Ciencia y presidente del equipo que asesora al Consejo de Seguridad Nacional de Israel en materia de la pandemia. “Fue un gran fracaso”.

La lección, dicen los expertos, es que incluso las comunidades que han controlado la propagación del virus deben tomar precauciones estrictas cuando reabren las escuelas. Grupos de clase más pequeños, usar cubrebocas, mantener los escritorios a una distancia de 2 metros y proporcionar ventilación adecuada, señalan, probablemente serán medidas cruciales hasta que esté disponible una vacuna.

“Si hay un número bajo de casos, existe la ilusión de que se acabó la enfermedad”, dijo Hagai Levine, profesor de Epidemiología y presidente de la Asociación Israelí de Médicos de Salud Pública. “Pero es una ilusión y nada más”.

“El error en Israel es que puedes abrir el sistema educativo, pero debes hacerlo gradualmente, con ciertos límites, y debes hacerlo de manera cuidadosa”, comentó.

Estados Unidos está enfrentando presiones similares para reabrir totalmente las escuelas, y el presidente Donald Trump ha amenazado con retener el financiamiento de los distritos que no reabran.

Sin embargo, Estados Unidos está en una posición mucho peor que la israelí en mayo: Israel tenía menos de cien infecciones nuevas al día en ese momento. Estados Unidos ahora tiene un promedio de más de 60,000 casos nuevos al día, y algunos estados siguen rompiendo récords alarmantes.

El manejo de la pandemia por parte de Israel se consideró exitoso en un principio. El país de nueve millones de habitantes cerró rápidamente sus fronteras, cerró las escuelas a mediados de marzo e introdujo el aprendizaje remoto para sus dos millones de estudiantes. En abril, la Pésaj y el Ramadán se celebraron bajo confinamiento.

Para principios de mayo, las tasas de infección habían caído de más de 750 casos confirmados al día a cifras de dobles dígitos. Los estudiantes más jóvenes, de tercer grado o menores, y los estudiantes mayores que presentan exámenes finales regresaron en grupos pequeños, y dividieron la semana para que ocuparan los salones de clase en turnos.

Envalentonado por los índices de infecciones en descenso, el gobierno reabrió completamente las escuelas el 17 de mayo, el día de la entrada del nuevo gobierno.

En su discurso inaugural, el primer ministro Benjamin Netanyahu prometió un nuevo presupuesto que ofrecería tres cosas: “Empleos, empleos y empleos”. Su nuevo ministro de Educación, Yoav Gallant, dijo que la “misión inmediata” de los sistemas escolares era permitir que los padres regresaran a trabajar tranquilos.

Inna Zaltsman, funcionaria del Ministerio de Educación, dijo que los administradores también querían “que los niños volvieran a su rutina en la medida de lo posible, por su bienestar emocional y pedagógico”.

Ya habían reabierto los centros comerciales, los mercados al aire libre y los gimnasios, y pronto lo hicieron también los templos de culto, los restaurantes, los bares, los hoteles y los salones de bodas. Netanyahu les dijo a los israelíes que tomaran una cerveza y que, con precauciones, salieran y se la pasaran bien. En retrospectiva, ese consejo fue muy prematuro.

Ese mismo día, una madre llamó por teléfono a un profesor del instituto Gymnasia Ha’ivrit de Jerusalén. Su hijo, un estudiante de séptimo grado, había dado positivo por el virus.

Al día siguiente, la escuela confirmó otro caso en el noveno grado. Al final, las autoridades israelíes dijeron que 154 estudiantes y 26 miembros del personal estaban infectados.

“Había una euforia general entre el público, la sensación de que habíamos superado bien la primera ola y que había quedado atrás”, dijo Danniel Leibovitch, el director de Gymnasia. “Por supuesto, eso no era cierto”.

El Ministerio de Educación ha dado instrucciones de seguridad: los cubrebocas deben ser usados por los estudiantes a partir de cuarto grado, las ventanas deben estar abiertas, deben lavarse las manos con frecuencia y los estudiantes deben mantener una distancia de 2 metros siempre que sea posible.

Pero, en muchas escuelas israelíes, donde hasta 38 niños se amontonan en aulas de aproximadamente 495 pies cuadrados, el distanciamiento físico resultó imposible.

Como no podían cumplir las normas, algunas autoridades locales las ignoraron o simplemente decidieron no reabrir con el 100 por ciento de capacidad.

Entonces llegó una ola de calor. Los padres se quejaron de que era inhumano hacer que los niños usaran cubrebocas en aulas hirvientes donde de nada sirve el aire acondicionado porque las ventanas están abiertas.

En respuesta, el gobierno eximió a todos de usar cubrebocas durante cuatro días, y las escuelas cerraron las ventanas.

Esa decisión resultó ser desastrosa, según los expertos.

“En lugar de cancelar la escuela en esos días, simplemente les dijeron a los niños: ‘Tienen que quedarse en clase con el aire acondicionado encendido y quitarse los cubrebocas’, por lo que en realidad no había ventilación”, dijo Ronit Calderon-Margalit, profesora de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública Hadassah Braun de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Esas son las circunstancias ideales para un brote”.

Gymnasia se convirtió en una placa de Petri de COVID-19.

Cuando se descubrió el primer caso, los compañeros de clase, profesores y otros contactos de los estudiantes fueron puestos en cuarentena. Después del segundo caso, que no estaba directamente relacionado con el primero, la escuela se cerró y a todos les pidieron que hicieran cuarentena durante dos semanas. Todos los estudiantes y el personal fueron sometidos a pruebas; a menudo esperaron en una fila durante horas.

Alrededor del 60 por ciento de los estudiantes infectados eran asintomáticos. Los profesores eran los que más sufrían y unos cuantos fueron hospitalizados, dijo el director.

Los padres estaban furiosos. Oz Arbel dijo a la Radio del Ejército de Israel que, para un proyecto escolar, los compañeros de su hija se sentaron en una mesa y se pasaron de mano en mano un celular junto con un profesor que tenía síntomas. Su hija y su esposa se infectaron.

Tratando de contener el contagio, el Ministerio de Educación prometió cerrar cualquier escuela con un solo caso de COVID-19. Finalmente cerró más de 240 escuelas y puso en cuarentena a más de 22,520 profesores y estudiantes.

Cuando el año escolar terminó a finales de junio, el ministerio dijo que 977 alumnos y profesores habían contraído el COVID-19.

Sin embargo, debido a la falta de infraestructura y recursos, el Ministerio de Salud no dio prioridad al rastreo de contactos. En el caso de Gymnasia, dijo Waxman, nadie identificó en qué autobuses se habían subido los alumnos para ir a la escuela.

Afuera de las escuelas, el coronavirus regresó con fuerza. Los pabellones de COVID que habían cerrado con ceremonias festivas a finales de abril comenzaron a llenarse de nuevo, con infecciones confirmadas que aumentaron vertiginosamente hasta llegar a casi 800 al día a finales de junio y a más de 2,000 al día a finales de julio.

Algunos dijeron que la precipitada reapertura de las escuelas fue un factor importante en la segunda ola. Siegal Sadetzki, que renunció con frustración el mes pasado como directora de los servicios de salud pública de Israel, escribió que las insuficientes precauciones de seguridad en las escuelas, así como las grandes reuniones como las bodas, favorecieron un “importante porcentaje” de infecciones de la segunda ola.

Pero otros dijeron que señalar exclusivamente a las escuelas era injusto cuando el verdadero problema era que todo volvía a abrirse demasiado rápido.

“Dio la casualidad de que el único suceso de superpropagación en Gymnasia ocurrió en una escuela”, dijo Ran Balicer, funcionario de salud israelí y asesor del primer ministro en materia de la pandemia. “Pudo haber sucedido en cualquier otro contexto”.

Ahora Israel se enfrenta a las mismas preguntas que otros países, tratando de aprender de sus errores en la planificación del año escolar que comienza el 1 de septiembre.

Los expertos en salud pública de todo el mundo se han unido en torno a una serie de lineamientos para la reapertura de las escuelas.

Una recomendación importante es crear grupos de diez a quince estudiantes que permanezcan juntos en las aulas, en el recreo y en el almuerzo, con profesores asignados a un solo grupo. Cada grupo tiene contacto mínimo con los demás grupos, lo cual limita cualquier propagación de la infección. Además, si surge un caso de COVID-19, un grupo puede ser puesto en cuarentena en casa mientras que los demás pueden continuar en la escuela.

Otras recomendaciones clave incluyen escalonar los horarios o impartir clases en línea a los estudiantes mayores, mantener los pupitres a varios metros de distancia, desinfectar las aulas con mayor frecuencia, proporcionar ventilación y abrir las ventanas si es posible, además de exigir el uso de cubrebocas al personal y los estudiantes que tengan la edad suficiente para usarlos correctamente.

Israel ya se ha movido en esa dirección.

El gobierno nombró recientemente a un zar del coronavirus: Ronni Gamzu, quien transfirió la responsabilidad de las pruebas e investigación del virus del Ministerio de Salud al Ejército. “Esta es una operación, no medicina”, declaró.

Israel está avanzando a pasos agigantados. Solo se ha descartado una opción: cerrar las escuelas.

“Esta es una pandemia a largo plazo”, dijo Nadav Davidovitch, asesor de políticas de pandemia del gobierno. “No podemos cerrar las escuelas durante un año”.