Nota de archivo: este contenido fue publicado hace más de 90 días.

Avalon, California - Cuando las puertas a la “isla de romance” de California fueron básicamente cerradas a casi todo el mundo el mes pasado, eso tal vez salvó a los 4,000 residentes de un brote de coronavirus, pero destruyó una economía basada casi exclusivamente en el turismo.

Las órdenes de encierro para California aislaron la diminuta isla de Santa Catalina del virus que se diseminaba rápidamente en el territorio continental. La ciudad de Avalon, cuya belleza ha vendido millones de postales a lo largo de los años, ha sido convertida en un pueblo fantasma.

Los hoteles están vacíos, los bares junto a la orilla están cerrados, casi todos los restaurantes están cerrados y los buceadores, surfistas, caminantes y otros que usualmente llenarían las playas y aguas de la isla han desaparecido.

La isla atrae a más de un millón de turistas al año, de acuerdo con la Cámara de Comercio.

Los cruceros dejan hasta 2,000 personas la semana para breves escalas, mientras que el ferry Santa Catalina Express, ahora limitado a un par de viajes al día para trabajadores esenciales, trasporta usualmente a miles más cada día desde puertos en el continente, incluyendo a muchos que pernoctan en hoteles.

La alcaldesa Ann Marshall estima que la bahía ha perdido casi $2 millones en las semanas en que el puerto de Avalon ha estado cerrado.

“Estemos esperando por parte del dinero de rescate para que nos ayude", dijo.

Avalon es parte del condado de Los Ángeles, que tiene un porcentaje desproporcionalmente alto de los casos y muertes por la pandemia en California. La isla tiene solamente dos personas que han dado positivo y ambas se recuperan en casa.

Pese al devastador efecto económico, Marshall dice que ellos no quieren abrir la isla demasiado pronto y arriesgar un alza en las infecciones.