La foto muestra al entonces teniente coronel Anthony Henderson (izq.) durante una operación en la pronvincia de Helmand en Afganistán. (Suministrada)

Por Helene Cooper

WashingtonEn igualdad de condiciones, el coronel Anthony Henderson tiene todo el historial militar que el Cuerpo de Infantería de Marina dice valorar en un general: varios periodos de servicio en combate, experiencia como líder y el respeto de quienes ha comandado, así como el de la mayoría de quienes lo han tenido bajo su mando.

Sin embargo, lo han descartado tres veces para ser general de brigada, un prominente rango de una estrella que pondría a Henderson en camino hacia el máximo nivel de liderazgo en el Cuerpo de Infantería de Marina. El año pasado, el secretario de Marina, Richard V. Spencer, incluso agregó una recomendación escrita a mano a la candidatura de Henderson. “Es un marine sumamente calificado que necesitamos ahora como general de brigada”, escribió.

No obstante, en la historia del Cuerpo de Infantería de Marina solo ha habido hombres blancos en los puestos de más alto rango. Henderson es una persona negra.

“Tony Henderson ha hecho todo lo que se puede hacer en la Marina salvo recibir un saludo militar del mismísimo Jesucristo”, comentó Milton D. Whitfield sénior, sargento de artillería retirado del Cuerpo de Marines que sirvió durante 21 años.

Los infantes de Marina, orgullosos y feroces en su identidad, tienen un singular problema con la raza, que, según sus críticos, está arraigado en décadas de resistencia al cambio. Este verano, mientras la nación se tambalea a causa de las protestas que cuestionan percepciones centenarias de la raza, la Marina —que desde hace tiempo ha cultivado una reputación como la fuerza de combate más sólida de Estados Unidos— sigue siendo una institución en la que un puñado de hombres blancos dirige a 185,000 mujeres y hombres blancos, afroestadounidenses, hispanos y asiáticos.

El coronel Anthony Henderson es condecorado con la medalla de Legión al Mérito en el 2016.

“Se necesitó que el año pasado el Congreso aprobara una ley para que permitieran una integración de género en el nivel de pelotón”, mencionó el representante Anthony G. Brown, demócrata de Maryland, quien fue piloto de helicóptero en el ejército. “Y se apegan a esa visión del Cuerpo de Marines de los años cincuenta”.

Los oficiales en activo y en retiro del Cuerpo de Infantería de Marina consideran que la personalidad de Henderson explica por qué no se le ha tomado en cuenta, incluida la que llaman su tendencia a ser sincero: rasgos que no descalifican a los coroneles blancos de la Marina.

Desde que el Cuerpo de Marines admitió soldados afroestadounidenses por primera vez en 1942, el último servicio militar en hacerlo, tan solo 25 han obtenido el rango de general en cualquiera de sus formas. Ninguno ha logrado el máximo rango de cuatro estrellas, un honor que los Marines les han otorgado a 72 hombres blancos. Seis afroestadounidenses han logrado ser tenientes generales, o tener tres estrellas. El resto ha recibido una o dos estrellas, la mayoría en áreas como logística, aviación y transporte, de donde el Cuerpo de Infantería de Marina no elige a sus más altos líderes

De los 82 generales de la Marina en la actualidad, hay seis generales de brigada y un general de división de origen afroamericano.

Charles F. Bolden júnior, quien comandó dos misiones en un transbordador espacial antes de convertirse en el primer afroestadounidense en dirigir la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), tan solo recibió dos estrellas en el Cuerpo de Marines.

Para conseguir las cuatro estrellas, un candidato debe tener puestos de combate en su historial (el sustantivo “candidato” es adecuado porque tampoco ha habido ninguna mujer que haya recibido las cuatro estrellas en la Marina). Ese líder debió tener bajo su mando soldados en Irak o Afganistán, y con esto la responsabilidad de las vidas de los infantes de Marina que derraman su sangre en los campos de amapola, en las cordilleras y los desolados poblados del desierto.

Esta regla del Cuerpo de Infantería de Marina de solo otorgar cuatro estrellas a quienes han estado en combate tiene una excepción: cuando son para aviadores, como James F. Amos, en 2008, y Gary L. Thomas, en 2018. Sin embargo, los dos son hombres blancos.

Es difícil que la gente externa a los servicios armados comprenda el prestigio que implica ser general o almirante de cuatro estrellas. Los oficiales con cuatro estrellas son miembros del Estado Mayor Conjunto, supervisan divisiones enteras de los servicios armados o sirven como máximos oficiales de un comando regional en cualquier parte del mundo: por ejemplo, Centcom, el mando que supervisa todas las operaciones militares de Estados Unidos en el Medio Oriente. Los comandantes asesoran de manera directa al Departamento de Defensa y al presidente.

El general Charles Q. Brown Jr. juramenta como el Jefe de Personal de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos el 4 de agosto de 2020.

Durante una semana, a partir del miércoles, la junta de ascensos se reunirá para analizar a los candidatos a su siguiente grupo de generales. Por cuarta ocasión, Henderson es uno de ellos. Si no lo logra —los resultados no se anunciarán sino hasta dentro de varios meses—, sus conocidos aseguran que probablemente dejará la Marina.

Henderson se rehusó a ser entrevistado para este artículo.

Líderes principalmente blancos

En términos oficiales, el Cuerpo de Infantería de Marina afirma que tiene un profundo interés en la diversidad.

Solo como una fuerza unificada, libre de discriminación, desigualdad racial y prejuicios podemos demostrar a cabalidad nuestros valores fundamentales, y servir como la organización élite de combate que Estados Unidos necesita y espera que seamos”, escribió el 4 de junio el general David H. Berger, el comandante del Cuerpo de Infantería de Marina, en un mensaje para los miembros del servicio, tras las protestas que detonó la muerte de George Floyd bajo la custodia de la policía de Minneapolis.

Desde las manifestaciones, los altos funcionarios del Departamento de Defensa han comenzado un análisis para determinar cómo aumentar el porcentaje de minorías en su cuerpo de oficiales, que son predominantemente blancos. Una de las medidas que ha anunciado el secretario de Defensa, Mark Esper, es la eliminación de las fotografías de los candidatos a oficiales en las audiencias de la junta de ascensos.

En general, el ejército se ha promocionado a sí mismo como una de las instituciones más diversas del país. De hecho, alrededor del 43 por ciento de los 1.3 millones de hombres y mujeres en servicio son personas de color. Sin embargo, de los 42 comandantes de más alto rango en las Fuerzas Armadas —los de cuatro estrellas en el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera— tan solo dos son personas negras: el general Charles Q. Brown júnior, el jefe de personal de la Fuerza Aérea, y el general Michael X. Garrett, quien lidera el Comando de las Fuerzas Armadas. El general Paul M. Nakasone, cuyo padre es japonés-estadounidense de segunda generación, encabeza el Cibercomando de Estados Unidos.

Solo hay una mujer en el grupo: la generala Maryanne Miller, la jefa del Comando de Movilidad Aérea de la Fuerza Aérea, quien es blanca.

La Infantería de Marina tiene la peor representación de diversidad en sus rangos más altos. En 2013, la división divulgó una fotografía de sus seis generales de cuatro estrellas, todos juntos vestidos en uniforme de camuflaje desértico posando en la casa del comandante en los Cuarteles de la Infantería de Marina en Washington: John F. Kelly, Jim Mattis, Joseph F. Dunford júnior, James F. Amos, John R. Allen y John M. Paxton. Los hombres sonríen mientras sostienen en la mano una taza para café de color blanco con el emblema del Cuerpo de Infantería de Marina.

Muchos oficiales afroestadounidenses creen que, para tener éxito en la Marina, los oficiales negros deben encontrar la manera de decirles a los oficiales blancos lo que quieren oír. De acuerdo con ellos, quienes lo hacen son vistos con buenos ojos.

Los seis han ganado respeto en todo el espectro político. Sin embargo, para los marines negros, la fotografía evoca un lugar al que no pertenecen.

“Mira, soy un marine comprometido”, comentó Whitfield, el sargento de artillería retirado. “Pero esa fotografía me dice: ‘Ninguno de ustedes es tan bueno como para llegar a los niveles más altos de autoridad o liderazgo’. Y eso me avergüenza”.

Cuando se les ha cuestionado a los altos mandos de la Marina sobre la diversidad en los cuerpos de oficiales, han reconocido que hay un problema.

“Tony tiene un historial increíble: debería ser general”, opinó Paul J. Kennedy, un general de división retirado que encabezó el Comando de Reclutamiento del Cuerpo de Infantería de Marina.

“Nos mantuvo con vida”

El coronel fue nombrado teniente segundo en 1989. Para 1994, ya contaba con un título de abogado del Centro de Derecho de la Universidad del Sur en Baton Rouge, Luisiana, y se perfilaba para ser asesor jurídico del Estado Mayor: un abogado del Cuerpo de Marines.

No obstante, Henderson pronto solicitó un traslado a las unidades de combate, una transición que, según los marines que lo conocen, demostró que quería combatir con sus hombres, así como asumir el riesgo y la responsabilidad que viene con ello.

Henderson escaló los rangos como de rayo. Fue comandante de pelotón de fusileros y ascendió a capitán seis años después de unirse al Cuerpo de Marines. Cinco años más tarde, en 2000, se convirtió en mayor. Tres años después, comandaba a marines en Irak como el “XO” —oficial ejecutivo— del Tercer Batallón del Séptimo Regimiento de Marines. Después de Irak, Henderson fue enviado a Afganistán.

“Era difícil que (Henderson) no te cayera bien”, comentó el cabo Josh Sams, quien tuvo al coronel como comandante de batallón en su primera comisión a Afganistán en 2008. Para el marine, quien en aquel entonces tenía 22 años, Henderson destacó como una figura de acción. No desperdiciaba el tiempo gritándoles a sus marines sobre los estándares de cuidado personal o vestimenta, sino que les enseñaba a gritos cómo permanecer con vida.

En cierto punto, Henderson desafió a todo el batallón a una pelea después de que una novatada en la barraca hizo olas entre los soldados. Algunos de los marines que estaban bajo su mando lo llamaban “lomo plateado”, una referencia tanto halagadora como racista.

En una entrevista que publicó Herocare, una organización que otorga beneficios, Henderson habló de cuando dirigió a sus marines al sur de Afganistán en el combate más violento del que hubiera sido testigo.

Como el comandante del Primer Batallón del Sexto Regimiento de Marines, a Henderson se le ocurrió un plan para invadir un fuerte talibán en el distrito de Garmsir conocido como el Fuerte Jugroom. Lo defendían entre 200 y 400 talibanes que habían peleado contra los británicos en la provincia de Helmand, un nuevo foco de tensión en la guerra.

Henderson lideró a sus marines durante tres días de combate intenso bajo un calor sofocante. Al final, los combatientes talibanes se retiraron hacia Pakistán. Fue una victoria breve para las tropas de la OTAN que encabezaba Estados Unidos, así como para los marines de Henderson. El grupo insurgente regresó con toda su fuerza los meses siguientes, ensangrentando la afluencia de soldados estadounidenses desplegados durante la escalada de tensión que ordenó el presidente Barack Obama a finales de 2009.

“A final de cuentas, 1,200 marines fueron y 1,198 regresaron. Tan solo uno fue asesinado por el enemigo”, comentó el cabo Nathan Leggs, un fusilero ametrallador bajo el mando de Henderson en Garmsir. “BBC News informó que ahuyentamos a 170 combatientes en los primeros 35 días. El plan de ataque (de Henderson) nos mantuvo con vida durante todas esas batallas”.

Mientras tanto, la carrera de Henderson en el Cuerpo de Infantería de Marina proseguía a un paso veloz, mientras llevaba a cabo una misión de alto perfil tras otra. En 2014, cuando recibió el mando de la Decimotercera Unidad Expedicionaria de Marines, la creencia generalizada en el cuerpo —en especial entre los afroestadounidenses— era que, por fin, un marine negro iba a llegar a lo más alto.

Sin embargo, eso no sucedió. En cuanto tuvo en la mira su primera estrella, algunos oficiales del Cuerpo de Marines comenzaron a decir que era difícil trabajar con Henderson. No hay nada en el historial de Henderson que sugiera esto, de acuerdo con entrevistas con oficiales blancos, negros y asiáticos de la Marina. No obstante, en los pasillos afuera de las salas de conferencias de la junta de ascensos, eso se aceptó como una creencia popular.

“El consenso fue que Tony debía pulir ciertos aspectos de conducta”, comentó el coronel retirado Thomas Hobbs, quien estuvo en la Escuela de Guerra Anfibia con Henderson y habló con gente que participó en la última junta de ascenso de Henderson. “Estas son palabras clave para decir: ‘Es demasiado negro, en mi opinión’”.

Muchos oficiales afroestadounidenses creen que, para tener éxito en la Marina, los oficiales negros deben encontrar la manera de decirles a los oficiales blancos lo que quieren oír. De acuerdo con ellos, quienes lo hacen son vistos con buenos ojos.

Según se dice, Henderson no hace eso.

“Tony es una persona directa que dice lo que piensa”, opinó Whitfield, el sargento de artillería retirado que este año autopublicó un libro llamado “African American Senior Marine Corps Leadership: Standing on the Shoulders of Giants” (el liderazgo en los altos mandos afroamericanos del Cuerpo de Infantería de Marina: sobre los hombros de gigantes). “Y le temen a eso”.

Para avanzar en el Cuerpo de Marines, muchos altos oficiales negros “deben adoptar una actitud que no amenace a los blancos”, comentó Hobbs, el coronel retirado de la Marina.

“Tony no hace eso”, señaló Hobbs. “Es un hombre negro con orgullo”.