Los centros de cuidado de adultos mayores han tomado medidas para protegerles y al personal que les atiende. (GFR Media)

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Propietarios de centros de cuidado de larga duración expresaron ayer preocupación ante la escasez en equipo de protección y desinfección que existe en el país y el impacto que ello pueda tener en el funcionamiento de los hogares que se enfrentan también a un alza en los costos operacionales y una baja de ingresos.

El reto por mantener las operaciones ha sido monumental, reconoció Juanita Aponte Morales, presidenta de la Asociación de Dueños de Centros de Cuidado de Larga Duración. “Es bien difícil conseguir este material. El abasto disponible en Puerto Rico no da. Nosotros compramos afuera, pero lo estamos pagando cinco veces más del precio regular”, dijo.

Aponte Morales mencionó que antes de la pandemia por el coronavirus (COVID-19), una caja de 400 guantes tenía un costo promedio de $20.00. Ahora, 100 guantes pueden alcanzar los $60.00. “Las mascarillas que salían a 35 centavos ahora salen a $5.00 cada una y aquí yo utilizo un mínimo de 15 mascarillas al día”, señaló Aponte, quien es dueña de un hogar de ancianos en Río Piedras.

“Son materiales que tienes que tener cueste lo que te cueste”, sostuvo.

En el país, hay 1,007 centros de cuidado de larga duración. De estos, 870 son licenciados por el Departamento de la Familia y 137 por la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción (ASSMCA). Se trata de una industria que sirve a más de 30,000 adultos mayores y genera 10,000 empleos directos.

Como medida para abaratar costos y ampliar el alcance del equipo existente han recurrido a comprar paletas de suministros de hand sanitizer y mascarillas. También han limitado el uso diario de las mascarillas N95 que es uno de los modelos más caros en el mercado.

En cuanto a la operación, los centros han cancelado las visitas familiares y los programas de cuidado transitorio y han establecido consultas médicas de mantenimiento a través de telemedicina.

Irma López, dueña del hogar Lucero del Alma en Toa Baja, adquirió mascarillas esta semana junto a otros nueve compañeros de la industria. Se trataba de un cargamento de 500 piezas. “Nos tocó 50 mascarillas a cada uno y eso no es nada porque esto es 24 horas”, señaló López, quien pagó $247.50 por los abastos.

Abogó por la identificación de suplidores que puedan garantizar el acceso a equipos. “Las agencias que nos regulan nos monitorean como dos veces en semana y saben lo que estamos confrontando porque tenemos que proveerle información general respecto a nuestra matrícula y si hay pacientes enfermos. Tengo suplido, pero nos estamos limitando porque no queremos pensar que en algún momento tenga un caso identificado y no me vayan a dar abasto”, expuso.

Actualmente, el hogar Lucero del Alma tiene 35 participantes y 23 empleados.

López reconoció la gestión del municipio de Toa Baja que les proveyó tres pailas de alcohol, el cual envasaron para utilizarlo en la desinfección del hogar y para que los empleados llevaran a sus viviendas.

Unpropietario de dos hogares de ancianos en el área metropolitana que en total albergan 114 ancianos indicó que en las últimas semanas ha pagado a $1.40 la unidad de mascarilla quirúrgica, equipo que oscilaba en los ocho centavos.

Diariamente, añadió, usan un promedio de 2,000 guantes. Las cajas de 100 guantes, en su caso, las está pagando entre los $8 y $15. “Hay hogares que no hay manera de que compren equipo a esos precios. Cuando piensas en todo esto, no hay manera de que esto no explote”, advirtió.

El hombre, quien prefirió no identificarse, denunció, además, la falta de un plan por parte del gobierno para atender a los centros de cuidado de larga duración durante esta emergencia.

“Me preocupan los home que no tienen el capital para conseguir equipo y los efectos que va a tener sobre Puerto Rico. Todo el equipo es para los hospitales y qué para los home. Lo que quiero es que se levante la alarma”, expresó.

¿Dónde está la respuesta?

Aponte Morales indicó que participan de reuniones con las agencias estatales que los regulan y, al momento, no han recibido ningún tipo de ayuda que les facilite la adquisición de equipo de protección, aunque están empezando a ver la solidaridad de organizaciones de base de fe.

Las autoridades sí les han asegurado que existe una reserva de “pruebas rápidas” de COVID-19 para realizarlas entre esta población de ser necesario.

“Hoy me llamaron de un hogar que se están quedando sin material de protección. La situación es bien compleja, especialmente para hogares con más de 100 personas”, agregó.

El secretario interino del Departamento de la Familia, Eddie García, aseguró que han estado trabajando diferentes iniciativas para ayudar a los establecimientos de cuidado de larga duración. Sostuvo que personal de la agencia se ha comunicado con administradores, así como con las asociaciones que los agrupan para conocer de primera mano sus necesidades.

No obstante, enfatizó que la responsabilidad de conseguir y costear estos equipos de protección es de los dueños. “Seguimos viendo de qué forma podemos colaborar con ellos y buscar alternativas. Pero, quiero traerte que, dentro de los manejos de los hogares, ellos son los responsables”, dijo.

“Conozco de hogares que están cosiendo sus mascarillas en la búsqueda de alternativas”, mencionó García.

Añadió que conoce que tanto el Departamento de Salud como la Agencia federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) están en la búsqueda de alternativas para ver de qué manera se pueden conseguir equipo.


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