La costa podría estar pasando por un episodio de erosión nunca antes visto.

Vecinos, comerciantes y visitantes del área de Ocean Park no dejan de asombrarse ante la pérdida significativa de arena en lo que antes era el comienzo de una extensa zona costera.

“Desde hace un año, la arena se retiró de esta zona y, en los meses recientes, hemos perdido tres de cuatro dunas que habían aquí”, expresó ayer Aida Balzac Betancourt, residente en el sector Punta Las Marías.

Aunque considera que se trata de un problema cíclico, Balzac Betancourt dijo que antes la arena regresaba a su lugar. “Desde agosto de 2018, no ha pasado lo mismo y es muy serio”, enfatizó.

“Esto da miedo. He vivido más de 30 años aquí y nunca había visto cosa igual”, expresó la mujer, mientras señalaba lo que antes era un espacio terrestre amplio que conectaba Ocean Park con la playa del Último Trolley.

Para el propietario del restaurante Beach House, Damián Pablo Maldonado, sus clientes se sienten incómodos con el panorama de destrucción que enmarca su establecimiento.

“Es devastador. Desde que me establecí en el 2018, está cada vez peor. No hay reparación a todo el daño que se ha hecho en la playa. Las personas se quejan de toda la arena que el mar deposita en las calles y aceras”, expresó.

Otro vecino, identificado como Eduardo Álvarez Gutiérrez, destacó que luego de las resacas hace tres meses, la erosión costera es extensa y amenaza no solo la seguridad de los residentes del área, sino el comercio y la actividad deportiva que allí se genera.

Álvarez Gutiérrez, propietario de Wind Addiction, indicó que en esa área tenía su negocio de skate surfing, mientras apuntaba al ahora horizonte marítimo, y mostraba fotos aéreas de otros tiempos, en el que el lugar lucía abarrotado de público y había playa.

“Es bien dramático ver esto que está pasando. Llevo 20 años viviendo, conservando y haciendo comercio en este lugar. Sucede que las marejadas de invierno, y la más conocida en la isla como La Marejada de Los Muertos (cuando comienza el alto oleaje), no ocurrió este año. Esa marejada retornaba toda la arena que se movía de este a oeste y reponía la playa”, indicó.

Álvarez Gutiérrez mostró preocupación de que se afecte ese espacio, que se presta para la distracción familiar, el deporte y más aún las especies en peligro de extinción”. Álvarez Gutiérrez es el presidente de 7 Quillas, grupo que brinda protección y procura la conservación del tinglar, tortuga marina en peligro de extinción que anualmente llega a las costas de Puerto Rico para dejar sus huevos.

Hilda Benítez residente y portavoz de esa entidad ambientalista lamentó la cuantiosa pérdida de áreas en las que las tortugas marinas hacían sus nidos.

“Aquí, nosotros nos criamos y crecimos. Desde la década de los sesenta hasta el presente, los cambios han sido muy notables y en específico desde un año para acá. Estamos perdiendo ese espacio vital para la conservación de la especie”, dijo.

Benítez urgió la atención de este problema que, dijo, puede atentar contra la vida de miles de personas y afectar los recursos naturales.

“Nos llama la atención que en meses recientes, las marejadas aunque no tan severas como cuando hay mal tiempo, son constantes, agresivas y fuertes”, destacó Benítez.

Un recorrido por las calles Santa Ana, Santa Cecilia, San Miguel y la Tapia de la antigua urbanización, construida en la década de 1930, evidencia que todos los caminos que antes conducían hacia la playa, ahora los delimita el vasto océano Atlántico.

En la calle San Miguel, por ejemplo, se observó a una pareja de adultos que se disponía a llegar hasta la playa. Con su parafernalia veraniega para gozar del candente sol que a esa hora se manifestaba pleno, vieron sus deseos truncados cuando una voz de alerta les hizo cambiar de dirección. “No entren por ahí. No hay playa”, les informó Álvarez Gutiérrez.

“¿Ves cómo se afecta todo por este problema? La playa se nos hace cada vez más estrecha e igual las formas para distraernos y disfrutar. Las tortugas perdieron sus áreas de anidaje, la zona vegetal se está desapareciendo, el agua llega hasta el borde de las casas y entonces qué vamos a hacer”, cuestionó.

“Después del huracán María, hasta aquí llegaron los del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales y las agencias federales de emergencia para estudiar la erosión costera y nos dijeron que los resultados podrían tardar hasta tres años en producirse. Esto no aguanta ni un año en estas circunstancias”, denunció.

Estado de emergencia

Para la geóloga y oceanógrafa de la Universidad de Puerto Rico, Maritza Barreto Orta, el asunto de la erosión en Ocean Park es un problema de seguridad pública.

“La playa es la mejor protección que tenemos del mar. La pérdida de arena en esa zona es significativa y un indicativo de que tenemos un problema grave que hay que atender”, destacó.

“Si tomamos en cuenta que el huracán María produjo una marejada ciclónica que afectó muy grandemente a los residentes y comerciantes de allí, cuando para ese momento no tenían un grave problema de erosión, imagínese como sería el efecto ahora que no tienen esa barrera natural. Un desastre mayor”, advirtió.

Indicó que las autoridades municipales y estatales tienen que tomar este asunto en serio.

“Los residentes y personas cercanas a Ocean Park deben establecer un plan concreto para proteger sus vidas y propiedad y examinar las leyes vigentes sobre ese particular, porque se les va la vida en cualquier momento, ya sea por un huracán, maremoto o por cualquier fenómeno atmosférico que, por leve que sea, se va a sentir muy fuerte allí”, enfatizó Barreto Orta.


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