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Brigadas municipales y familias crearon accesos en barrios de varios pueblos. (horizontal-x3)
Brigadas municipales y familias crearon accesos en barrios de varios pueblos. (Juan Luis Martínez Pérez)

El huracán María bloqueó la mayoría de las carreteras en la zona montañosa de Caguas, Cayey, Cidra, Comerío, Aguas Buenas, Aibonito y pueblos limítrofes, donde la voluntad de individuos y familias que salieron ayer a la calle a ayudar a las brigadas municipales hizo posible que el tránsito reiniciara limitadamente en algunas vías como la PR-172, PR-173 y PR-171, entre otras.

La furia de los vientos fue tal que destruyó docenas de casas e imposibilitó todo tipo de comunicación regular, tanto móvil como análoga, por lo que ni las mismas autoridades tenían un panorama completo sobre la magnitud de los daños.

Carlos Trinidad, sargento de la Policía de Puerto Rico a cargo del cuartel del Cidra, explicó el miércoles en la noche que el cuartel había quedado prácticamente incomunicado desde esa madrugada, por lo que él, otro sargento y siete oficiales que terminaban su turno a las 6:00 a.m. no pudieron ser relevados por colegas procedentes de pueblos vecinos como Aibonito y Comerío.

“Hasta el momento la comunicación es nula. No tenemos data cierta de qué está ocurriendo en otros pueblos. Los únicos distritos que copiamos son Aguas Buenas y Cidra. En Aguas Buenas tenemos lo mismo que está ocurriendo aquí”, afirmó sobre el desolador panorama que no le permitía estimar cuándo se normalizará la situación.

“Es un desastre total. Muchos locales perdieron sus techos de zinc, garaje de gasolina, muchas residencias de madera que fueron destruidas en su totalidad, árboles, postes eléctricos… Trabajé para Georges, pero la verdad es que esto que tenemos ahora es totalmente diferente. Tratamos de atender lo más posible a los locales y los comercios. Obviamente por las condiciones del tiempo no se pudo salir por la noche”, indicó Trinidad.

“Todos los pueblos de la zona están incomunicados. Hay mucho árbol caído en la vía derrumbes, postes del tendido eléctrico, planchas de zinc, techos enteros. El movimiento de ese tipo de material es un poquito difícil. En algunas carreteras posiblemente unos 200, 300 metros es lo más que pudimos avanzar”, estimó entonces.

Hoy, brigadas municipales y familias crearon accesos en los barrios. Sin embargo, la PR-172 sufrió el colapso de un carril poco antes de la entrada principal al casco urbano de Cidra y el tramo tuvo que ser cerrado indefinidamente, y en la PR-171 hubo un deslizamiento de terreno que cubrió los dos carriles de la vía.

Javier Carrasquillo, alcalde de Cidra, anticipó que los daños personales y de bienes públicos en ese pueblo alcanzarían los “cientos de millones de dólares”.

La desaparición de bosques facilitó la visibilidad de decenas de residencias destruidas o que simplemente desaparecieron. A juzgar por la cantidad de postes de madera y de concreto derribados, doblados o inclinados, la mayor parte del tendido eléctrico y de telefonía fue destrozado. Lo que quedaba de ellos era cortado por brigadas y ciudadanos para crear accesos nuevos entre los escombros.

“El País no estaba emocionalmente preparado (para este tipo de devastación). Va a haber un período de trauma y luego vamos a comenzar a levantarnos pero hay que coger un día a la vez. Yo tuve la oportunidad de trabajar Georges, Hugo, Hortense, precisamente dirigiendo operaciones (como funcionario o vicealcalde), pero como esto nada”, afirmó Carrasquillo, quien había quedado aislado en su residencia, tuvo que ser llevado en ‘four track’ por un vecino hasta el punto de encuentro más cercano posible con personal municipal para lograr llegar ayer en la mañana al Centro de Operaciones de Emergencia (COE), establecido en el Centro Gubernamental Municipal.

Advirtió que habrá comunidades y residencias a las que quizá demoren días en llegar por lo intransitable que están calles y caminos. El propio municipio sufrió daños de infraestructura y perdió su centro de informática, donde había sido instalado el Centro Único de Respuesta a Emergencias (CURE) hasta las 5:00 de la madrugada del miércoles, cuando el azote de María rompió las ventanas y obligó a desalojar el área.

“A eso de las cinco de la mañana notamos que por los fuertes vientos las ventanas estaban cediendo y decidimos desalojar el área de los ventanales que quedan en el lado derecho de la oficina. En esa oficina están los sistemas de comunicaciones de interoperabilidad y están los servidores de las cámaras de vigilancia del pueblo, más las áreas se monitoreo, estamos hablando de un equipo bastante costoso, relativamente nuevo”, explicó Guillermo Cruz, director de Emergencias Médicas municipal.

A las 7:00 a.m. la emergencia seguía en su pico de intensidad, cuando otro suceso alteró la tensa calma que imperaba en edificio, que se inundaba. Policías municipales llegaban corriendo a guarecerse en el tercer piso del edificio central de un complejo de tres. “Por razones de seguridad se movió el personal de la Guardia Municipal (del área del ‘motor pool’ al interior). El personal de Manejo de Emergencias, Emergencias Médicas, junto con los despachadores nos encontramos aquí junto con el personal de operaciones, esperando que pase el evento para poder así atender las emergencias que puedan surgir”, indicó Cruz.

Los planes se ajustaban constantemente, según cambiaban las condiciones climatológicas. El desespero por salir a revisar los efectos de María era evidente. Establecieron como prioridad abrir paso hacia el refugio en la escuela Elemental Urbana, en el barrio Río Abajo, donde el agua del temporal daño parte de los alimentos disponibles para las más de 70 personas refugiadas y el personal allí.

"Comparado esto con otros eventos que yo he vivido como policía, jamás había visto una cosa como esta. Verdaderamente esto es algo sin precedente, no hay forma de describir lo que se está viviendo allá afuera. Prácticamente el lado norte del edificio se ha destruido, desde cristales rotos, zinc volando, materiales de construcción comenzaron a caer al área de estacionamiento. Yo viví Georges trabajando para la Policía y yo no comparo esto con lo que ocurrió allí. Esto es algo fuera de lo normal, es algo sin precedente. Nunca en mi vida había vivido esto”, aseguró Carlos Bonilla, comisionado de la Policía Municipal de Cidra, quien estuvo junto a unos 20 agentes, incluyendo los que finalizado su turno el martes decidieron quedarse o no pudieron salir.


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