“No descarto que las posiciones de poder sean importantes, pero el colectivo tiene el poder”, dijo Santos. (horizontal-x3)
“No descarto que las posiciones de poder sean importantes, pero el colectivo tiene el poder”, dijo Santos. (André Kang)

Les llama “regalos” a las lecciones de cada vivencia: la visión de mundo del activismo de sus padres, el ejemplo de católicos revolucionarios, la crudeza de la injusticia social que vio estando de misión en Guatemala, la universalidad de sus encuentros con el papa Juan Pablo II siendo delegada nacional a la Jornada Mundial de la Juventud de 1995...

La consejera psicológica Brenda Santos Hernández dice que sus experiencias en proyectos de servicio comunitario a pacientes de sida, parejas en crisis, niños y jóvenes carentes de oportunidades le regalaron sensibilidad. Mientras, trabajar en la empresa social Grupo Comunitario de Reciclaje (GCR), en Humacao, le dio “la visión administrativa y de planificación que a los psicólogos ni a los trabajadores sociales nos enseñan”. 

Con eso como base y los últimos 15 años en CREARTE, su actual directora ejecutiva se convirtió en una de las voces más sonoras contra los recortes multimillonarios de fondos públicos a organizaciones sin fines de lucro, esas que según Estudios Técnicos componen el 16% de la fuerza laboral del país, aportan más de 6.5% del Producto Nacional Bruto y sirven a casi un millón de ciudadanos. Entre esas, están las más de 140 que componen el movimiento “Una sola voz”, de cuya junta directiva es integrante. Pero lejos de limitarse a reclamar, desde el llamado “tercer sector”, impulsa el empresarismo social. Más de 20 años de labor desde la base de la sociedad, desde los hogares y las comunidades, le han mostrado que en Puerto Rico la diversidad social es la mayor riqueza y “el colectivo es el que tiene el poder”. Recuerda con lujo de detalles muchas historias de dolor y de triunfos, pero no puede pronunciar un solo nombre de líderes de gobierno que hayan dejado una huella trascendental en toda esa trayectoria.

Santos Hernández tiene una risa que contagia, pero igual transmite firmeza, sobre todo cuando revela cómo se siente despreciada por funcionarios y funcionarias que se comportan como si hicieran favores a las más de 100,000 familias para las que ha provisto servicios que las agencias no han podido brindar. Ni hablar de cuando se atreven a regatear por los que ofrece CREARTE como empresa social, entre ellos sus dos Centros de Desarrollo Integral para infantes y niños de dos meses a 5 años, la tienda de arte El Melao, la Academia Creativa (ofrece cursos artísticos y culturales), su sala experimental, el Ballet Folklórico CREARTE y la Clínica Externa de Servicios de Apoyo. 

No hay espacio para la risa cuando recalca que poner en juego estos proyectos amenaza la estabilidad emocional y el sustento de familias que aprenden a valerse por sí mismas, así como familias de profesionales que optaron por servir al país desde ese frente de batalla aun cuando a veces tengan que llegar a casa sin el cheque de quién sabe cuántas quincenas. 

Cotidianamente, Santos Hernández transita entre el hogar que comparte con su esposo e hijas, los centros de CREARTE en San Juan y Yabucoa, y el hogar de sus padres, en el que su progenitor prácticamente agoniza. Sin embargo, para esta mujer la carga más pesada es intentar que quienes administran los bienes colectivos respeten décadas de trabajo colectivo gestando posibilidades.

Llegó a CREARTE un año después de su fundación en 2001. En 2009, nació la Escuela Alternativa donde la promoción de grado está en 91% y unos 300 jóvenes ya completaron la superior. En 2014 crearon un segundo centro escuela en Yabucoa, y a partir de agosto ampliarán ambas escuelas alternativas para atender alumnos de séptimo a duodécimo grado. 

“Todos los proyectos que he trabajado empiezan desde la pobreza. Esto no es un favor, esto es una colaboración desde la responsabilidad ciudadana y la responsabilidad del sector gubernamental. Eso es lo que el sector de gobierno no entiende, que esto no es una estructura más, está cimentado en el amor, hay un componente espiritual y sobre todo, la gente es la prioridad”, plantea.

¿De qué agencias CREARTE asume responsabilidades?

—(De los departamentos de) Educación, Vivienda, Instituto de Cultura (Puertorriqueña). Fomentamos la cultura, trabajamos con la deserción a través de modelos alternativos, y Vivienda Pública (al igual que los otros dos) nos da fondos.

¿Y el Departamento de la Familia?

—Hacemos trabajo con las familias sin el Departamento de la Familia. Trabajamos desde los modelos de prevención y fortalecimiento familiar, pero (el Departamento) no nos da fondos. Atendemos diariamente alrededor de 400 muchachos entre los dos centros y por semestre, y más del 60% continúa algo, y puede continuar estudios o formar su familia y seguir trabajando, pero en hogares seguros y protectores que es lo que nos interesa porque lo que queremos garantizar es una educación para la vida.

Niños y niñas que participan de uno de los programas que ofrece CREARTE a la comunidad. (André Kang)

¿Qué retos enfrenta CREARTE en medio de esta crisis nacional?

—Con la derogación de fondos y asignaciones especiales, en estos últimos años alcanzan un 40% las organizaciones perdiendo dinero. En CREARTE, recibíamos $400,000. Hoy, la única asignación que tenemos son $100,000. Tenemos que decidir cuáles son los servicios de prioridad para la comunidad y cuáles eliminar. No solo se pone en riesgo la gente que uno impacta todos los días, sino hombres y mujeres profesionales que están ejecutando un servicio en estas comunidades y están en riesgo de perder sus trabajos. CREARTE tiene 92 empleados (incluyendo de servicios profesionales). Esto es una consecuencia en cadena. El sector gubernamental está diciendo que no puede continuar ofreciendo unos servicios y que también van a reducir personal. Esa gente (que ya no podrán atender) va a ir a las organizaciones sin fines de lucro. Si el gobierno reduce las organizaciones, aquí se va a generar una crisis social, emocional, psicológica grande. El gran reto que tenemos las organizaciones es cómo diversificar los servicios para no tener desprovista a nuestra comunidad cautiva y crear proyectos de empresarismo social costoefectivos y agradables para el público privado que los quiera pagar, y que redunden en beneficios a comunidades que no puedan pagar. Los servicios que ofrece una organización como CREARTE son de calidad, con modelos probados y con profesionales certificados que los ejecutan.

¿Están siendo exitosos los proyectos de empresarismo?

—Sí, con grandes retos también. Por ejemplo, tenemos un gran reto con el sistema de gobierno, especialmente donde está nuestro preescolar en San Juan (en la sede principal del Departamento de la Familia), para que pueda entender que no estamos para regalar servicios que una persona que viene del sector privado compraría. Así que el gran reto en las alianzas con el sector gubernamental es que entiendan que estamos en la misma línea de negociación. Lo otro es que los proyectos que creamos como las obras de arte, los talleres de capacitación, la academia de teatro, de arte y baile, sean atractivos para el público. Acabamos de finalizar nuestro primer año en desarrollo de proyectos formales de autogestión. Hemos tenido una muy buena respuesta. Aún nos falta crecimiento, inversión en estos proyectos. Hay que cambiar la mentalidad de que los proyectos de las “non-profit” sean solo subvencionados por fuentes de fondos, tenemos que diversificarnos y vender lo que podemos hacer.

¿Cómo llega a CREARTE?

—Era gerente de mercadeo en un proyecto comunitario que proponía el reciclaje como una estrategia para la protección ambiental (GCR), fue mi último trabajo antes de llegar a CREARTE. Entonces se estaba formando, se estaba pensando. Cuando cumple un año, que ya estaba más o menos en funciones (me reclutan y) recibo una carpeta con todas las ideas que tenían. Así que con todos los maletines de experiencias que tenía, que eran muy pocas para ese momento, empiezo a provocar ideas, siempre creyendo en el colectivo. En ese proceso me certifico en inteligencia emocional, como “coach de vida”, sigo trabajando con parejas (en renovación conyugal), mi otra pasión. Tengo una personalidad alegre, puedo dar talleres muy bien porque no soy tímida y me encanta bailar, pero no me pongas a dibujar porque no sirvo (ríe). No tengo nada de artista. Ahora, cuando conozco a CREARTE y empiezo a estudiar a Reggio Emilia (filosofía pedagógica italiana), cuando uno empieza a leer y a entender nuestras generaciones, que tienen un vacío emocional, pero también hay una castración emocional, una prohibición de manifestación emocional sana, uno dice “¿cómo hago para que estos nenes y los adultos no tengan temor de manifestar estas emociones con libertad o entender qué rayos les pasa?”. Cuando uno lee de arteterapia, músicoterapia, danzaterapia, movimiento corporal, uno dice: “¡Aquí está la plena manifestación para que haya una expresión emocional!”

Dice que llegó a CREARTE con una maleta insuficiente. ¿Qué quiso decir?

—Llego como directora de programa para lograr que los servicios que tenían propuestos en ese momento se desarrollaran. Empiezo a trabajar con estrategias formativas. Cuando veo la teoría digo: “Ellos quieren que los muchachos tomen talleres artísticos y creativos, y que también tengan tutorías, pero ¿eso nada más?” Me empecé a cuestionar porque yo no iba a estar en un lugar en el que la gente se entretuviera, tenía que haber una riqueza formativa emocional, una experiencia de transformación de vida. Así que empecé a estudiar, a leer y a escribir los modelos de intervención, a buscar estrategias para que los valores y modelos de formación se pudieran manifestar de forma dirigida a través del arte. Estaba Pedro Adorno, y eso fue una riqueza porque viene de experiencias de teatro comunitario, de la propuesta del teatro del oprimido, en el que el arte transforma. Así que la propuesta que traía era lograr que a través de la experiencia artística los muchachos hablaran.

¿Cómo lo lograron? 

—Hicimos una fusión de modelos que incluye tres elementos: la destreza del arte (que no es prioritaria, la prioridad es la formación), la reflexión y un tema que inspire esa reflexión. Si vamos a trabajar la autoestima se ejecutan reflexiones sobre la autoestima y la conclusión de esas reflexiones a través del recorrido del grupo se convierte en una pieza de algo: de teatro, de arte. Por ejemplo, tenemos talleres de “Bomba sin estrés”. En la bomba primero tienes que tener una conexión con el tocador, así que tienes una conexión emocional. El otro te mira, así que tienes que trabajar con tu autoestima y tu seguridad, te tienes que olvidar de que los demás te están mirando. No tienes que estar una hora hablando de autoestima.

¿Qué ha aprendido sobre Puerto Rico en estos 15 años?

—(Piensa por algunos segundos) Puerto Rico tiene gran diversidad cultural y social. Eso que dicen de que la gente de barriada se cría de una forma, que la gente de residencial de otra, que la gente en los campos… eso es cierto. La forma en que la gente se relaciona es bien diferente. Así que una gran lección es, primero, validar que los valores no son buenos ni malos sino que existen, y respetar que yo obtengo mi escala valorativa desde la realidad a la que pertenezco. Para los muchachos que viven en San José, lo importante es obtener el cuarto año pa’ trabajar, porque hay que tener dinero para poder comprar las cosas que ellos necesitan. Desde la realidad que ellos parten, no hay que esperar a tener un bachillerato para eso, así que el trabajo dentro de su escala de valor es uno de los principales en la pirámide. En ese aspecto, no podemos imponer un juicio valorativo. Es atenderlos sin juzgarlos. A nivel de Puerto Rico, involucrándome en tantos espacios (aprendí que) todos tenemos una herida emocional que no hemos trabajado, no importa el nivel social. (Aprendí) que la violencia es la manifestación de cualquier generación y clase social, no le pertenece a los pobres ni le pertenece a los ricos, existe. La falta de equidad y de solidaridad no le pertenece a los pobres ni a los ricos, sino que existe. Todos en nuestro país necesitamos tener mayor conexión emocional, aprender a comunicarnos. El 90% de los problemas organizacionales laborales, con la empleomanía, es por tener falta de conexión emocional. Todo el mundo tiene que trabajar con sus emociones, con la autorregulación, la motivación, la empatía, con la habilidad social, y tenemos que aprender a escucharnos y a comunicarnos porque el problema en los procesos de comunicación es la agresividad.

¿Qué ha aprendido de los líderes de Puerto Rico?

—(Piensa y ríe) No sé si te puedo decir que aprendo de ellos o si con lo que veo en ellos valido lo que soy, porque hoy día no puedo mencionar a ninguno que haya sido significativo, que desde que estoy en CREARTE haya trascendido. A veces es mejor trabajar desde la base que desde el poder porque desde la base se conocen las grandes necesidades. ¡Es que el colectivo tiene tanto poder! Mira, cuando se da el año pasado la lucha de “Una sola voz” (para evitar el corte de fondos) la movió la gente que las organizaciones representaban. ¡El colectivo es el que tiene el poder!

¿Cómo se dio ese movimiento?

—Cuando en CREARTE le dejamos saber a la comunidad servida que posiblemente teníamos que cerrar, que estaban amenazados los servicios para sus niños, los servicios psicológicos que no podían pagar, los servicios educativos para los papás que son analfabetas, que es el 20% de nuestra población, cuando supieron que a lo mejor no podíamos tener a sus niños para ayudarle con sus trabajos escolares, o muchachos para los que el arte estaba siendo una herramienta para nuevas oportunidades, la gente se vio desnuda y empezaron a llamar. ¿Sabes lo que me decían? “¡Dime lo que tengo que hacer!”. Empezaron en las redes sociales. Fue una cosa tan y tan grande... La comunidad gritó y dijo al sector de gobierno ellos son los que nos están sirviendo. La gente empezó a llamar, a escribir, a hacer pancartas. Fueron a los medios de comunicación, empezaron a llamar a los representantes, hasta a los que no tenían que ver con el asunto.

¿Anticipa que pueda volver a pasar?

—Con la Junta de Control Fiscal es otra cosa. Ha determinado y ha impuesto cuáles son los servicios esenciales a los que se les va a apoyar y los no esenciales. Las organizaciones culturales y de arte están siendo amenazadas porque no las reconocen como entidades que aportan a la educación y a la prevención. 

¿Qué diálogos ha habido?

—La junta (directiva de “Una sola voz”) ha seleccionado unos delegados y han presentado ponencias a diferentes sectores: a la Junta de Control Fiscal, al presidente del Senado, al presidente de la Cámara, y ahora están delimitando otras estrategias. El logro mayor ha sido proteger los donativos, y hay organizaciones culturales que se protegieron.

¿Hay diálogo con la Junta de Supervisión Fiscal?

—Sí. Inclusive se sometió a la Junta de Control Fiscal una definición de los que entendemos por servicios esenciales ante la definición que ellos proponen, para proteger a todos los sectores.

¿Ha pensado en irse de CREARTE?

—¡Sí! Muchas veces. El otro día, cuando el lío del presupuesto, porque me canso de tener que presentarle a los políticos lo importante que somos y a veces siento que es mendigar. Toman decisiones sin conocer las profundidades de las organizaciones, decisiones no basadas en la justicia. Uno pierde el sueño, uno llora mucho, especialmente cuando se reúne con estas figuras de poder que tienen ideas de prepotencia mientras están en ese espacio y tratan a uno como… desprecian a las organizaciones. 

¿Y qué le hace quedarse?

—El compromiso con la gente. Hay mamás que me aman y me agradecen (llora) y yo siento que no he hecho nada, no sé porqué me agradecen y les digo ‘no fui yo, fueron las maestras’. Hace tres años estuve mucho tiempo sin cobrar. El negocio de mi esposo también cayó, pero había que seguir. Está esta familia donde la mamá y la hija, que tiene dos hijas, tienen condiciones mentales, viven en grandes condiciones de pobreza, pero no sabíamos el extremo de la situación y se dio el caso que tuvimos que visitarlas. Las adultas dormían en un ‘box spring’ sobre bloques y tenían una hornilla para cocinar. Cuando uno regresa a CREARTE y mira a las nenas, que llegaban desprovistas de algunas cosas o hambrientas. El dolor está escondido, y ahí es que uno vuelve a descubrir el propósito. Hay historias muy tristes, ahí es cuando uno entiende que hay algo mucho más importante, y vuelve a recordar por lo que llegó. Yo sé que esto está protegido y que lo que parte del bien, termina bien. Estoy convencida.


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