En la foto superior, los estudiantes Sebastián Rivera Torres y Lesly Cabrias Contreras toman una muestra de orina a un manatí. (horizontal-x3)
En la foto superior, los estudiantes Sebastián Rivera Torres y Lesly Cabrias Contreras toman una muestra de orina a un manatí. (José R. Madera / Especial GFR Media)

Quintana Roo, México - En el laboratorio de Puerto Aventuras se confabula con matrimonios arreglados. Pero nada que ver con la tradición de antaño. Ni siquiera se trata de humanos.

Lo que se analiza son muestras de sangre de delfines, como parte de un proyecto de genética poblacional para fortalecer sus reproducciones y evitar el cruce de individuos emparentados.

En otra esquina del recinto, las muestras bajo el microscopio y en tubos de ensayo son de orina. Hay de delfines, pero también de manatíes. Como en los humanos, la orina de estos animales es un indicador del estado de su salud.

Quienes trabajan en el laboratorio son voluntarios del Centro de Conservación de Manatíes de Puerto Rico, de la Universidad Interamericana en Bayamón, que la semana pasada concluyeron aquí la toma de muestras para tres investigaciones en curso. 

Liderados por el director del Centro, Antonio Mignucci, el grupo de nueve jóvenes, entre 17 y 25 años, visitó en México tres locaciones de la compañía Dolphin Discovery para extraer sangre y orina a ambas especies de mamíferos marinos y analizarla.

Pero la misión no inició en suelo azteca. El grupo partió de Puerto Rico el 7 de julio y su primera parada fue en Jamaica, donde visitaron Montego Bay y Ocho Ríos. El 14 de julio llegaron a Gran Caimán, la mayor de las Islas Caimán. El 17 de julio arribaron a México, yendo a Isla Mujeres, Cozumel y la Riviera Maya. La cantidad de voluntarios varió por destino.

En cada país fueron a los centros de mamíferos marinos bajo cuidado humano de Dolphin Discovery, descrita por Mignucci como “nuestros colegas” desde 2005. 

La compañía, con 21 locaciones en el mundo y conocida por las actividades recreativas y de interacción que ofrece a los visitantes, pone sus delfines y manatíes a disposición de los voluntarios del Centro con el doble propósito de que se adiestren en el manejo de las especies e investiguen.

Primer estudio 

Para Natalia Jiménez Zucchet, de 25 años y estudiante de maestría en Biología en la Interamericana de Bayamón, este fue su segundo viaje a México como voluntaria del Centro. Su primera visita al país fue en enero pasado, junto a Mignucci y otras cinco investigadoras.

Como parte de su proyecto de tesis, Jiménez Zucchet busca estandarizar los valores base del urianálisis del delfín hocico de botella (Tursiops truncatus).

“Igual que cuando un humano va al médico, el urianálisis de los delfines sirve para establecer cómo está su salud, su tracto urinario y su sistema renal. El urianálisis nunca se había hecho para los delfines”, dijo.

Jiménez Zucchet empezó a colectar orina en enero. Ya tiene 220 muestras, de 200 delfines, y las últimas las obtuvo en el parque Chankanaab, en la isla de Cozumel, a la que se llega en ferry desde Playa del Carmen.

“Solo 20 muestras son réplicas. Esta es mi últimalocación de muestreo y es una repetición del primer viaje. Estoy tomando réplicas para ver si los valores cambian en el tiempo”, explicó.

El proceso de colección parece sencillo, pero hay mucho trabajo envuelto. 

Lo primero es que es voluntario, es decir, que si el delfín está inquieto o incómodo, la muestra no se toma. Bajo la supervisión y ayuda de veterinarios y entrenadores, el delfín se coloca “panza arriba”. Como no puede respirar bajo agua, cada 15 o 20 segundos se voltea –dándole una indicación por la aleta caudal o cola– para que tome aire.

Luego, mediante los llamados “comportamientos médicos” –técnicas no invasivas y no dolorosas–, el delfín es estimulado para que orine; se le toca alrededor del vientre y la vejiga.

Se necesitan manos hábiles y rápidas en el proceso. Si la orina se contamina con agua de mar, hay que descartarla.

Para que eso no ocurriera, Jiménez Zucchet fue asistida por Lorna Alvarado Rodríguez, de 20 años y estudiante de bachillerato en Biología Marina en la Interamericana de Bayamón.

“Natalia me ha ido puliendo y tengo mucho interés en su proyecto. Como somos un grupo pequeño, nos dividimos las locaciones y estuve a cargo de la colección de muestras en Isla Mujeres. Estaba nerviosa, pero se me quitó cuando empezamos. Fue una experiencia de mucho aprendizaje”, dijo Alvarado Rodríguez, quien también estaba en su segundo viaje como voluntaria.

Jiménez Zucchet, entretanto, indicó que su investigación servirá para establecer los “rangos (biomédicos) normales” de los delfines. “El urianálisis es fácil, rápido y de bajo costo. Permite monitorear la salud de los animales que están bajo cuidado humano, pero también permite que sepamos cómo está la salud de animales rescatados o varados, cuyos resultados se compararían con los rangos normales”, sostuvo.

Segundo estudio 

Lesly Cabrias Contreras, de 22 años y estudiante de veterinaria en la Universidad de Córdoba en Colombia, también está haciendo urianálisis, pero del manatí antillano (Trichechus manatus). Para esta especie en peligro de extinción tampoco había rangos biomédicos normales de referencia.

“Los que se usaban eran parámetros de animales herbívoros, por lo que no se sabía el estado real del funcionamiento renal del manatí. Pruebas de orina como las que estoy haciendo me ayudan a determinar, por ejemplo, la presencia de piedras en el riñón, que pueden desencadenar en infecciones y dolor para el animal, que puede perder peso y hasta morir”, expuso.

El proceso de colección es igual al que Jiménez Zucchet lleva a cabo con los delfines.

Hasta el momento, Cabrias Contreras tiene 25 muestras de orina de manatí. Aprovechó el viaje a México para confirmar y comparar los resultados de otras muestras que ya tenía.

“De lo que he podido hallar, la orina del manatí es muy diferente a la de otros herbívoros,como los equinos. Pensaba que por tener un sistema digestivo similar los resultados se parecerían, pero no”, dijo Cabrias Contreras, quien supo del Centro a través de una fundación en Colombia y ha estado en Puerto Rico para adiestrarse en el manejo de la especie.

Añadió que su investigación “va en la línea” de aportar a la “muy poca información” que existe sobre el estado de salud de los manatíes. Sus resultados ayudarán a sacar un promedio general de los componentes físicos y químicos de la orina, como pH, glucosa y densidad, entre otros. 

Tercer estudio 

Mignucci, por su parte, explicó que el “estudio de sangre” o paternidad y relación filial tiene como propósito dejarle saber a Dolphin Discovery “quién es quién” en sus locaciones y cómo están relacionados. Las muestras de sangre se colectaron en delfines.

Dolphin Discovery tiene 225 delfines en sus 21 locaciones.

“Todo zoológico o acuario que tenga una colección de animales tiene que ser responsable de su reproducción. De forma responsable, tiene que intentar aumentar la diversidad y evitar la endogamia (inbreeding). Para eso, se necesita saber la relación filial de cada uno de los animales”, comentó.

Sobre el proceso de colección de muestras, Sebastián Rivera Torres, de 22 años y estudiante de Veterinaria en la Universidad de Carolina del Norte, dijo que también es voluntario y requiere colocar al delfín “panza arriba” para sacarle sangre de la cola. La extracción la hace un veterinario.

“Al menos aquí, en México, esa es la política. Los veterinarios toman las muestras, porque son los encargados de los animales”, dijo, tras precisar que a cada delfín se le sacan cuatro tubos de sangre.

Los voluntarios del Centro analizaron las muestras de sangre en el laboratorio de Puerto Aventuras, un complejo turístico, entre Playa del Carmen y Tulum, que alberga una de las locaciones de Dolphin Discovery.

Rivera Torres explicó que las muestras se centrifugan por 15 minutos, para que los componentes de la sangre se dividan: plasma, glóbulos rojos y glóbulos blancos. Estos últimos son los más útiles para la investigación, pues contienen el ácido desoxirribonucleico (ADN) del padre y madre de cada delfín. 

“Al tener el ADN del padre y madre, podemos construir un árbol genealógico de cada delfín en esta población. Se sabrá cómo cruzar los delfines sin que haya ningún error genético”, expuso Rivera Torres, quien es egresado de la Interamericana en San Germán.

Lo próximo 

Mignucci relató que, en los pasados siete meses, 28 voluntarios del Centro han viajado a distintas locaciones de Dolphin Discovery en el Caribe para adelantar sus investigaciones. Fueron a México en enero, a República Dominicana en marzo, a Anguila, St. Kitts y Tortola en abril, y regresaron a México este mes.

“¿Qué ganamos nosotros? Proveemos el servicio de investigación a cambio del entrenamiento de nuestros estudiantes, que practican no solo la toma de las muestras, sino también su procesamiento en laboratorio. A través de estos estudios colaborativos, estamos exponiendo a los estudiantes a investigaciones en el campo”, manifestó el catedrático en Ciencias Marinas en la Interamericana de Bayamón.

Cuestionado sobre las próximas fases de las investigaciones, dijo que tanto Jiménez Zucchet como Cabrias Contreras están prestas a defender sus tesis. Jiménez Zucchet, incluso, expondrá sus hallazgos en la Conferencia Bienal sobre la Biología de Mamíferos Marinos, a celebrarse en octubre en Halifax, Canadá.

Las muestras de sangre irán a estudios genéticos, en colaboración con la doctora Susana Caballero, de la Universidad de los Andes en Colombia. La investigación debe acabar entre diciembre de este año y marzo de 2018.

“Es a través del trabajo directo que los estudiantes se inspiran para poder tomar esto como una carrera en el futuro”, subrayó.


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