Las dificultades médicas que enfrentan los adultos mayores y la urgencia de evitar una emergencia mayor a la ya situación de crisis suscitada por los terremotos, es un reto latente en los refugios de la región. (Jorge Ramírez Portela)

Yauco - Vidalina Pacheco, de 92 años, murió hoy, al amanecer, mientras dormía bajo una carpa que instaló el asilo en el que vivía, a las afueras del edificio, luego que el terremoto del martes sacudiera con fuerza esa zona.

La información fue confirmada por separado por el alcalde de Yauco, Ángel Luis “Luigi” Torres, y la funeraria Báez Memorial, que atendió el caso.

“Hubo una fatalidad de una anciana en las parcelas de Barinas que también estaba durmiendo al aire libre, bajo carpa, de 92 años, que el centro de envejecientes los sacó afuera, y es lo que queremos evitar”, dijo Torres a este medio.

Según la información preliminar, la mujer falleció de un infarto, en medio de la incesante actividad sísmica que experimenta con mayor intensidad la región sur desde el 28 de diciembre.

La situación en el hogar de adultos mayores provocó la intervención del Departamento de la Familia, que anoche informó, en un comunicado, que gestionó la reubicación de seis participantes bajo custodia de la agencia y se comunicó con familiares de los 15 residentes ubicados de manera privada para su traslado.

La secretaria Glorimar Andújar adelantó que referirá el asunto a las autoridades pertinentes e iniciará una investigación administrativa sobre el caso.

“Queremos estar seguros que se han seguido los protocolos y que todas las partes han obrado según establece la ley y sus deberes”, dijo la secretaria.

Las dificultades médicas que enfrentan los adultos mayores y la urgencia para evitar una emergencia aún mayor a la crisis suscitada por los terremotos son retos latentes en los refugios de la región sur.

En Guánica, la matriarca de una familia de seis trataba hoy de mantener la calma, en su cuarto día en el refugio habilitado en el coliseo Mario “Tito” Rodríguez, mientras se sostenía de un tubo de la carpa bajo la cual duerme para evitar tambalearse con el fuerte viento.

Noelia de Jesús Quiñones, de 69 años, prefiere los días a las noches en medio de la incertidumbre que los domina. “Esto es bien malo de noche, temblando la tierra, los catres se mueven pa’ rriba y pa’ bajo y pa’ los laos”, relató. “A ver qué pasa, dicen que viene otro temblor más fuerte”.

En la esquina de la carpa donde estaba, pernoctan ella, su esposo, Francisco Ramos, que permanecía inmóvil en uno de los catres, así como su hijo y nuera y sus nietas de cinco y dos años.

La última vez que Ramos, de 71 años, tomó sus medicamentos fue el Día de Reyes. La madrugada siguiente, en medio del terremoto de magnitud 6.4, la huida por sus vidas no dio más que para salir de la residencia, donde permanecen sus medicinas.

“Él es cardíaco, tiene muchas cosas, problemas respiratorios. Hoy, cayó como en cama, como que ya no quiere levantarse”, explicó De Jesús Quiñones, al añadir que se han visto imposibilitados de entrar a la estructura ante el peligro que representa.

“Perdí todo adentro, la casa está incliná’. Yo creo que con otra réplica se va”, sostuvo.

De Jesús Quiñones hablaba mientras se tocaba su rodilla izquierda, inflamada. Al inicio de este año, cuando los temblores ya afectaban la zona, debía iniciar los procesos médicos para una cirugía en su rodilla, pero ante el aumento de la actividad sísmica, los detuvo. “Yo dije, ‘no’, suspende to’ eso’. Iba para una cirugía. Si no estuviera peor, estuviera en una camilla aquí”.

Robinson Rivera, voluntario de la corporación Redes del Sureste, que atendía ayer las necesidades médicas de los refugiados, destacó que, en los refugios, resalta la presencia de muchos adultos mayores. “Hay mucho envejeciente, mucho envejeciente solo, se sienten mareados por el calor, el polvo que están inhalando, muchos no tienen sus medicamentos al día”, describió Rivera.


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