Angelle Guzmán Torres e Isaira Noriega Claudio colaboraron con el Instituto de Cultura Puertorriqueña como parte del proyecto Cultura Rodante de la agencia

Peñuelas - Repartían besos y abrazos. Las carcajadas eran sonoras. Incluso, alardeaban de su larga lista de pretendientes, dejando claro que buscaban candidatos para actualizarla.

Eran “doña Esmeralda” y “doña Eucalipta”, dos amigas que llegaron hoy al refugio habilitado para los ciudadanos afectados por los recientes temblores, en este municipio.

“Vinimos a traer amor y alegría”, soltó “Esmeralda”, ataviada con un llamativo vestido verde.

“Somos las embajadoras del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP)”, añadió “Eucalipta”, quien lucía flores rojas en su cabeza.

En realidad, “Esmeralda” y “Eucalipta” son dos personajes interpretados por las actrices Angelle Guzmán Torres e Isaira Noriega Claudio, respectivamente, de la compañía Circo Teatro Bandada. Ambas llegaron al refugio junto a una delegación del ICP, como parte del proyecto Cultura Rodante de la agencia.

El actor Marcos Carlos Cintrón, director del Programa Artes Escénico Musicales del ICP, explicó que el proyecto Cultura Rodante se ha trasladado a los diversos refugios que albergan a los ciudadanos afectados por los sismos, “y hoy nos tocó en Peñuelas”.

“Vinimos, también, con (la actriz, escritora y narradora) Tere Marichal para lectura de cuentos y otras actividades infantiles. Tenemos intérpretes de señas para cuando se hacen las lecturas de cuentos”, dijo Cintrón a El Nuevo Día, al tiempo que parte de la delegación del ICP buscaba a niños y jóvenes entre las carpas para que participaran de las diversas actividades.

Entre los que sucumbieron al humor de “Esmeralda” y “Eucalipta” estuvo el doctor Rafael Hernández, quien es psicólogo y pernocta en el refugio voluntariamente para asistir a los presentes.

De acuerdo con el galeno, actividades como las del programa Cultura Rodante del ICP ayudan a los afectados por los temblores a sobrellevar la emergencia.

“Estas actividades son importantes porque sacan a las personas de su marasmo y permiten una risa espontánea. Es relajante. Las personas se olvidan de lo que les está pasando y se ríen. Es salud mental”, dijo Hernández, quien prevé quedarse en el refugio, en su carácter personal, hasta el domingo.

José García, de 54 años y residente en el barrio Tallaboa-Encarnación, agradeció la presencia de “Esmeralda” y “Eucalipta”, y expresó su interés en que actividades como esta continúen.

“Están muy bien. Hace falta. La música también nos hace mucho bien; nos levanta el ánimo”, dijo García, quien tiene temor de regresar a su vivienda ante la eventualidad de más sismos.

“Siempre es bueno que nos traigan alegría, además de ayuda psicológica y espiritual. Estamos muy agradecidos”, expresó, por su parte, Nancy Arroyo, de 53 años y vecina del residencial Los Flamboyanes.


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