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José Manuel Fuentes, a sus 73 años, describe el discrimen racial en Puerto Rico como solapado. (Gerald López Cepero)

Loíza - Don José Manuel Fuentes bajó un poco la voz, como si hablara de algo desagradable, y comenzó a narrar anécdotas de personas que, a su entender, fueron discriminadas por el color de su piel.

Mencionó conocidos suyos que recibieron algún insulto por su raza, allegados a los que les negaron algún trabajo y menciona, con curiosidad, su impresión de que en las sucursales bancarias trabajan muy pocos negros. Incluso, llega hasta el tema político. Estima que los funcionarios electos negros no tienen la misma aceptación que sus pares con la piel blanca.

No menciona casos personales. Dice que es mal visto quejarse de discrimen o desigualdad. Admite, sin embargo, que a sus 73 años ha vivido desencuentros por asuntos raciales.

“Aquí (el discrimen) es algo más oculto... es más solapado”, dijo el hombre mientras se tomaba un corto receso en sus labores como jardinero en el casco urbano de Loíza.

La percepción de desigualdad, sin embargo, es cuantificable y los datos socioeconómicos de la Encuesta de la Comunidad del Censo muestran el caso de Puerto Rico.

Desigualdad concreta

Para el 2016, según estimados del Censo, en Puerto Rico unas 320,087 personas se identificaron como negras. Esta cifra es similar a todos los habitantes que tiene San Juan y supone el 9% de la población que tenía la isla ese año.

Los datos del Censo establecen que las personas que se identifican racialmente como negras tiene menos ingresos familiares, caen con más frecuencia bajo los niveles de pobreza, tienen más problemas para conseguir empleo, cuentan con menos acceso a seguros médicos y con menos frecuencia son dueños de las casas donde viven en comparación con aquellos que se identifican como blancos. Esto sucede a pesar de que ambas razas muestran patrones similares en lo que respecta a la educación formal. Por ejemplo, el 61% de los que se identifican como negros terminaron la escuela superior. Esta cifra, para la población que se autodenomina como blanca es de 60%

“Sin duda, estos datos reiteran que la desigualdad racial en Puerto Rico la vive la población de personas negras. Las personas blancas siguen siendo mayoría -parecería que es un país blanco no mezclado- en posiciones de poder y con accesos a servicios y derechos que la población negra no recibe”, sostuvo Bárbara I. Abadía Rexach, profesora del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

“Especialmente, en el área de ingresos, hay diferencias marcadas tanto en hombres como mujeres negras contra sus contrapartes blancas, a pesar de que a nivel educativo no hay tanta diferencia”, dijo, por su parte, el economista y director del Centro de Información Censal de la UPR en Cayey, José Caraballo Cueto.

La brecha más amplia

De hecho, las diferencias son más amplias si a la ecuación se añade el género de la persona. Por ejemplo, los hombres que se autodenominan como blancos en la encuesta del Censo, en promedio, tienen ingresos familiares de $26,336 anuales. En cambio, las mujeres que se identifican como negras, en promedio, tiene ingresos familiares de unos $15,044 anuales. Visto de otro modo, los datos sugieren que en Puerto Rico los hombres blancos tienen ingresos familiares que, en promedio, son 75% más altos que las mujeres negras. De ordinario, los que se identifican como blancos tienen ingresos familiares que son 42% más altos ($16,961 vs. $24,076).

Todo esto incide en los niveles de pobreza que se registran para ambos sectores de la población. Por ejemplo, el 46% de las personas que se identifican como negras están bajo los niveles de pobreza que establece cada año el gobierno federal. Este porcentaje es 2% más bajo para las personas que se estiman como blancas.

Diferencias similares se observan en asuntos laborales y de salud. Por ejemplo, el 8% de los negros que participaron en la Encuesta de la Comunidad estaban buscando trabajo al momento de la consulta. Esto contrasta con el 6% de los blancos. Porcentajes similares surgen al comparar la población sin seguro médico (6% vs. 9%).

Trabajan más por menos

A pesar de las diferencias en ingresos familiares, los datos del Censo muestran que hay más personas negras con trabajo (35% vs. 32%). También este sector dedica más tiempo a sus labores. El 28% de los que se autodenominan como negros trabaja más de 47 semanas al año. Este indicador para los que se estiman blancos es de 26%.

Las disparidades no necesariamente se explican al comparar el nivel educativo de ambos grupos. Por un lado, las personas que se identifican como negras tienden a completar más seguido la escuela superior (24% vs. 21%) y optan con más frecuencia por iniciar carreras universitarias (22% vs. 20%).

Sin embargo, este sector presenta porcentajes más bajos que sus pares blancos cuando se evalúan los que completan un bachillerato (11% vs. 14%) y los que tienen estudios graduados (4% vs. 5%).

“Esto nos debe llevar a reflexionar sobre si hay otros factores que no son atribuibles a asuntos laborales o si hay otros asuntos detrás de estas diferencias”, dijo Caraballo Cueto.

Por su parte, Abadía-Rexach sostuvo que “esta encuesta certifica la desigualdad racial en Puerto Rico desde las categorías de pobreza, ingreso, empleo, educación, salud y vivienda. A su vez, ratifica la negación de la existencia del racismo hacia las personas negras en el país. Los resultados de la encuesta ponen en tela de juicioel discurso nacional de que la puertorriqueñidad está basada en la mezcla esencialista de ‘tres razas’, de la democracia racial y de la gran familia puertorriqueña”.

Afirmación de identidad

Todos estos datos están acompañados de un fenómeno reciente: un aumento sustancial en la cantidad de personas que se identifican como negras.

Entre el 2010 y el 2016, la cantidad de personas que se identifica racialmente como negras, aumento en 45,244 individuos. Esto equivale a un alza de 16% durante un período en que Puerto Rico perdió uno de cada 10 habitantes, en gran medida por la emigración a los Estados Unidos.

“Es un reconocimiento de la identidad racial”, dijo Caraballo Cueto.

Y hay varios fenómenos sociales que podrían contribuir a esta afirmación de identidad racial. Abadía-Rexach entiende que el movimiento de personas entre Puerto Rico y EE.UU., producto del flujo migratorio, podría llevar a muchas personas a ser identificadas en el exterior como “personas de color”, a pesar de que en Puerto Rico no tenían tan clara esa percepción racial.

“(Eso) cambia la manera en que la gente se ve a sí misma en contraposición con personas blancas estadounidenses... La experiencia diaspórica podría ser una hipótesis para explicar el sorpresivo aumento”, expresó la académica.

La influencia política

Otro factor que pudo influenciar la percepción racial de las personas fue la presidencia de Barack Obama en los Estados Unidos, sostuvo Abadía-Rexach.

“Su hazaña histórica trastocó la visión sobre la negritud de muchas personas que jamás imaginaron ver a una familia negra en la Casa Blanca”, resaltó.

Estas afirmaciones de identidad racial podrían estar conjugándose con una emigración en la que predominan las personas que se identifican como blancas.

Abadía-Rexach contrastó que mientras la población que se identifica como negra aumenta, la de personas que se autodenominan como blanca disminuye en 11%.

“¿Quiénes se han quedado en el país? Si vemos los renglones de pobreza, ingreso, trabajo, educación, salud y vivienda, se podría pensar que las personas negras no tienen los recursos para irse del país. Cuando se miran estos datos y que la población negra tiene 45,244 personas más y que la población de personas blancas tiene 313,423 personas menos, no cabe duda de que algo pasó con esas personas blancas que ya no están”, reflexionó Abadía-Rexach.


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