“Vieja llegamos”. Con esta frase muchos saludaron a sus seres queridos al llegar a los panteones y agradecieron que los dejaran visitar a sus familiares fallecidos.

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Sentada en un lado de la tumba de su mamá, Gloria M. Rodríguez contemplaba pensativa. Las flores artificiales que acaba de colocar, alusivas a unas rosas rojas, eran especiales porque las había comprado su progenitora, previo a su fallecimiento en marzo.

“A ella le encantaban las flores. Todas las flores”, relató la mujer sobre su madre, que falleció a los 84 años. “Casi cuando comenzó la pandemia, tuvimos, gracias a Dios la oportunidad de enterrarla”.

Rodríguez, de 60 años, es una de las decenas de personas que llegó este domingo hasta el Cementerio Municipal San José, en Villa Palmeras, Santurce.

La gobernadora Wanda Vázquez Garced anunció el miércoles que los cementerios podrían abrir en el Día de las Madres, siempre que cumplieran con un protocolo establecido por el Departamento de Salud (DS) y en horarios de apertura en conformidad con el toque de queda establecido por el gobierno para atajar la propagación del coronavirus. La noticia de esa apertura fue bien recibida por Rodríguez, que ya lamentaba el hecho de no poder acudir al cementerio debido a los cierres impuestos como medida preventiva ante la propagación de la nueva cepa del coronavirus.

“Esa era una preocupación, pero gracias a Dios, estamos un poquito aislados, limitados, pero estamos aquí”, manifestó.

“Me sentí bien porque por lo menos pude compartir un ratito aquí con ella (con su mamá), y yo me imagino que hay muchas personas que también están pensando como yo, que querían compartir con sus seres queridos un ratito”.

La mayoría con flores en mano, decenas de personas se dispersaban hoy entre un laberinto de tumbas. No hacía falta, sin embargo, ningún mapa ni instrucción para que cada cual llegara hasta el limitado perímetro en el que dieron el último adiós a sus respectivas madres. La tumba es hoy su encuentro físico más cercano, aunque en realidad es mucho más que eso.

“Lo que hay son huesos, pero para uno, el sentimiento, porque uno tiene su familiar ahí y más los padres, y la madre sobre todo”, manifestó Ángeles Torres Correa, de 73 años.

Previo al inicio del cierre por la pandemia del COVID-19, Torres Correa, quien reside en Santurce, solía visitar todos los domingos la tumba en la que además de su mamá, descansan los restos de su papá y de su abuela.

A Carmen Nereida Olmo, de 69 años, la apertura la tomó por sorpresa, aunque lo deseaba. “Me impresionó porque yo creía que no iban a estar abiertos por la cuestión del coronavirus, pero gracias al Señor, con la ayuda de Dios y pidiéndole a Dios que lo abrieran, porque estos son nuestros seres queridos”, relató.

“Mi mamá ya lleva diez años de muerta y mi papá lleva 28, pero pa’ mi es como si todavía estuvieran vivos, me ha dolido mucho la muerte de ellos, por eso es por lo que vengo aquí todos los meses, y en estos días así especiales”, contó.

En el cementerio, los visitantes parecían cumplir las reglas de distanciamiento entre las personas y sobre el uso de equipos de protección. “Se ha mantenido el respeto, todas las personas están utilizando su mascarilla”, expresó Víctor Oquendo Rivera.

El hombre de 58 años visitaba la tumba en la que están enterrados su mamá, su abuela, un tío y un cuñado. También aprovechaba la apertura para visitar la tumba de su sobrina, Karla Michelle Negrón Vélez, la joven de 15 años que falleció por una bala pérdida en el 2012.

“Hay que darle amor y recordar a los familiares, no abandonarlos. Ellos sirvieron de ejemplo para nosotros, para que nosotros echáramos hacia delante y diéramos el ejemplo”, manifestó.

Como requisito, toda persona que visitara un cementerio debía usar mascarillas y los administradores de los cementerios debían garantizar que se mantuviera una distancia de seis pies entre cada persona, excepto entre familiares que residen bajo el mismo techo.

Los administradores también debían garantizar que no se propiciara la aglomeración de personas y que el flujo de visitantes fuera continuo. El tiempo de visita era entre 15 y 30 minutos máximo, por familia.

Sonia Santiago Vázquez, una residente de Santurce, hacía lo posible por dividir ese tiempo para visitar la tumba de su mamá y su hermana, una tía y una amiga.

“Es un alivio bien grande que uno siente”, dijo Santiago Vázquez, al apalabrar el sentimiento tras haber podido llegar hasta el cementerio y cambiar las flores que posaban en las tumbas de sus seres amados. Mientras hablaba, intentaba acortar las lágrimas. En medio de la pandemia y las medidas preventivas, explicó que la ansiedad ha sido mucha. “No la hemos pasado muy bien”.

La oportunidad de visitar el cementerio la sobrecogió, sobre todo por su amiga, que murió debido a un cáncer y a quien considera otra hermana. De esa muerte hará dos años, el 25 de este mayo.

“Me levanté soñando que ella estaba en una esquina y me miró riéndose, siempre bien alegre, y me abrazó. Esta mañanita, casi cuando me iba a levantar”.

A otro extremo del cementerio, Janet López Gerena caminaba entre las tumbas con la prisa de al fin alcanzar la de su mamá, que falleció hace menos de un año. “Con la situación que estamos viviendo, mundial, no pensé que podíamos venir a ponerle las flores a mi mamá”, relató la mujer de 58 años.

La visita al cementerio es dolorosa, pero cumple con una voluntad de su madre. “A mí que me pongan flores”, recordó López Gerena, sobre lo que decía su mamá, que falleció a los 76 años. En la visita la acompañaba su tía, Luz Nereida Gerena, de 72 años, hermana de la fallecida. “Nosotros éramos siete (hermanos), cuatro hembras y tres varones, y ella y yo éramos las que siempre estábamos bien apegá'”, relató Luz Nereida.

La hija y la hermana colocaron un cubo con agua y flores nuevas, mientras arrancaron con sus manos la hierba que se colaba en la tumba. Es el primer Día de las Madres sin Ana Delia. “Siempre todas las actividades como hoy, un día como hoy, las reuniones eran en la casa de ella, ella era la que cocinaba”, recordó López Gerena.

En el caso de Daniel Montalvo, un residente de San Juan, han sido 21 años desde que su madre falleció. “Este es un día sumamente especial. Por lo menos para mí, venir a visitar a la madre mía que está aquí en su tumbita, es algo bonito para mí”, expresó.

“Al que la tiene (viva) que se la disfrute de verdad, porque cuando están ahí”, dijo Montalvo en referencia a la tumba, “es que uno piensa muchas cosas. El que la tiene que se la disfrute”.


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