"Hasta luego, Yeriel. Hasta luego, Yayi...Hasta luego". Así se despidió, durante los actos de sepultura, el abuelo de los niños que fallecieron junto a su madre en un accidente de tránsito, en la avenida Piñero.

Por Ana Giselle Torres

“Hasta luego”. Con estas palabras y ahogado en llanto, Carmelo Arroyo le dio su último adiós a sus dos nietos y a su nuera Iris Joellys Crespo Cabrera, quienes recibieron cristiana sepultura hoy, sábado, en el cementerio de la Capital, en Río Piedras.

Los coches fúnebres llegaron al campo santo pasado el mediodía escoltados por una docena de guardias municipales y estatales que aparcaron frente a los ya preparados espacios de tierra donde descansarán los restos mortales de Iris y su pequeños Abrianys Zahiris y Yeriel Abjuan Arroyo Crespo, quienes perdieron la vida el pasado viernes en un trágico accidente en la avenida Jesús T. Piñero en San Juan.

A su llegada, la madre de la fallecida, Zuleyka Cabrera, se cobijó bajo la sombra de una palma para darle consuelo a Christian Arroyo, el pequeño de 8 años que sobrevivió al fatídico accidente. Seguido llegó el viudo, Abraham Arroyo, quien se desplomó en llanto sobre la tierra junto a Cabrera y su hijo. Familiares y amigos intentaban aplacar el dolor de perder a dos de sus vástagos y a quien fuera su pareja por 14 años.

Don Carmelo, en tanto, tomó la palabra y en su duelo resaltó el don de gente de Iris y las travesuras que disfrutaba de sus nietos con los que habría de ir a la playa el día del accidente para celebrar el bautizo de uno de sus compañeros de la iglesia.

“Yo tengo que ser agradecido por el milagro que Dios hizo en cada uno de nosotros en mi vida. Dios honra a quien lo honra y esa nena tenía el temor de Dios en su corazón. Mira a cada uno del que está a su lado. La que la conocían sabía que sí, que a ella le decían loquita, pero en un momento yo le dije: ‘ahora que te digan loquita porque te graduaste, que te digan loquita como tú sirves al pueblo, que te digan loquita de la manera que tú le dabas amor a la gente’, porque así de especial era ella”, dijo.

“Me conmovía en mi vida solamente verla a ella cómo luchaba. (Con) sus hermanos, sus familiares, siempre ella estaba presente. Tenía esa semilla en su corazón, de ese mandamiento -para los que creen y no creen-, de honrar a tu madre y tu padre. ¡Ay padre!”, prosiguió entre lágrimas.

“Por eso yo puse mi vida en las manos del creador, del maestro para que cuando vengan estos momentos tan difícil. Yo no le voy a decir adiós, yo le voy a decir hasta luego, hasta luego Joellys, hasta luego Yeriel, hasta luego Yayi, hasta luego, porque esa es mi fe y esas es su palabra”, dijo el quebrantado abuelo.

Rememoró que con la pequeña Abrianys no solía cuidarla porque le encantaba pelear con él y a su juicio “le comía los dulces”.

“Lo único era que no me quedaba con la nena. Ella no me entendía, siempre estábamos peleando. Esa nena me cogía y me comía los dulces y siempre estaba peleando conmigo. Con mi hija yo la tenía que mandar. Me decía: ‘abuelo en serio’. Cuando me decía que se lo iba a decir al pai, yo le decía ‘no te preocupes que él va a llevar el doble que tú”, comentó logrando sacarle una sonrisa a los presentes.

Acto seguido, la administración de la funeraria Puerto Rico Memorial y el cementerio prosiguieron a descender lo ataúdes a la tierra fértil, mientras la familiares y amigos cercanos de la familia soltaban al firmamento globos y palomas blancas. Acompañaron a la familia en el difícil momento, amigas enfermeras de Iris, así como compañeros de trabajo de Cabrera y Arroyo, quienes son empleados de la administración de San Juan y personas que simplemente querían desmostar su empatía.

Cabrera, por su parte, agradeció a los presentes las muestras de afecto y solidaridad recibidas. “Gracias a cada uno que ha estado presente. De parte de todos se lo agradecemos en el alma. No tengo palabras para agradecerles. Y esta fortaleza que tengo, esto lo hace Dios realmente”, dijo.


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