"El que construye en la costa construye a su riesgo", advierte Ricardo Laureano, el Grupo V.I.D.A.S. (Vegabajeños Impulsando Desarrollo Ambiental Sustentable).

Vega Baja - Los letreros de “se vende” y “se alquila” saltan a la vista en las propiedades más cercanas al litoral de este pueblo. En su mayoría, son viviendas y locales comerciales desocupados y con cimientos socavados por el vaivén de las olas. Como en otras partes de la isla, la erosión costera ha hecho estragos aquí.

En el malecón, uno de los pocos residentes que quedan es José “Pepe” Reyes, quien puso su casa en venta el año pasado. Reyes, de 60 años, dijo estar “cansado de tener que mudarme” cada vez que anuncian un huracán o evento de marejadas fuertes.

“Estoy cansado de pensar que voy a perder la casa, que es lo único que tengo. Hace como 10 años, me ofrecieron $400,000 por ella, no los cogí y me arrepiento. En ese entonces, aquí había orilla, pero si llego a saber que se iba a poner como está ahora, la vendía”, expuso, al narrar que ayer recibió a un potencial comprador desde Miami, Florida.

A poca distancia, Gilberto Hernández, de 56 años, ayudaba a reparar la residencia de un sobrino suyo, que es utilizada para alquileres a corto plazo. Los huracanes Irma y María, así como las marejadas de marzo de 2018, afectaron columnas y otras partes de la estructura. “Mañana (hoy), vamos a montar dos gaviones (mallas de piedra) para contener el impacto de las olas”, indicó.

Las expresiones de ambos fueron escuchadas por el investigador de arrecifes independiente y portavoz del grupo Vegabajeños Impulsando Desarrollo Ambiental Sustentable (Vidas), Ricardo Laureano, quien guio a El Nuevo Día en un recorrido por la zona. Laureano recordó que, a finales de la década de 1960, cuando era niño, jugaba fútbol en la playa del malecón, un área en la que hoy hay un pedraplén.

“Aquí, en el malecón, había unas 20 o 30 casas, que fueron expropiadas porque estaban siendo abatidas (por las olas). La pérdida de orilla se nota, pero el pedraplén –un proyecto estatal– no me parece la mejor solución, porque crea más erosión, sedimentación y hasta pérdida de corales”, advirtió.

De acuerdo con Laureano, el balneario de Vega Baja también ha experimentado una “pérdida radical” de arena, hasta el punto de que, hace 10 años, se hizo un proyecto de realimentación de playa. “Cuando yo me criaba, el arenal era inmenso y se podía caminar entre el malecón y el balneario, pero ya no”, contó.

En el área este del balneario, grandes cantidades de escombros de construcción yacen sobre el agua. Tal como ocurre en Rincón, pedazos de cemento, losetas y varillas, entre otros materiales, permanecen a la intemperie, poniendo en riesgo la salud y seguridad de quienes se aventuran a pasar por allí. Los restos son de casas y comercios derribados por el océano Atlántico.

La escena se repite en el sector El Lido, donde los huracanes y las marejadas “tumbaron muros y se les fueron los patios a las casas”, dijo Laureano. “Antes, aquí había una franja de arena como de siete a 10 metros y ahora no hay nada. La gente ha construido cimientos sobre cimientos, en un intento de controlar el problema, pero no ha funcionado. Este es un barrio al que le pueden quedar como 30 años”, aseveró.

Por otro lado, en la playa Los Tubos, el fuerte oleaje rompió los gaviones instalados –hace 20 años– para contener la erosión. Varias palmas amenazan con caerse. “Aquí el agua da bien duro. La erosión más fuerte la vemos en la playa Pata Pata, porque no hay piedras, pero el cambio se nota en toda la zona”, dijo el vegabajeño Pedro Brull, de 56 años y quien hace cuatro décadas practica el “surfing” en la zona.

Vega Baja no es parte del estudio de manejo de riesgos costeros que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos inició, a finales del año pasado, con el fin de proponer soluciones a largo plazo al problema de erosión en Puerto Rico. El estudio comprende zonas de San Juan, Rincón, Mayagüez y Humacao.

Aun así, Laureano está claro en cuáles deben ser las acciones a tomar. “Primero, hay que reforzar la barrera costera en agua mediante la siembra de corales. Segundo, hay que reforzar la barrera costera de la orilla con restauración de dunas y siembra de vegetación adecuada”, precisó.

Añadió que “tiene que establecerse” una prohibición a toda construcción en la zona marítimo terrestre y, por último, educar a las personas “para que entiendan que no pueden estar en el medio (del litoral)”.

Laureano y los demás entrevistados dijeron desconocer sobre iniciativas municipales en curso, si alguna, para mitigar y prevenir la erosión

Al cierre de esta edición, el alcalde de Vega Baja, Marcos Cruz Molina, no estuvo disponible para entrevista.


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