Como parte del proyecto, los estudiantes aprendieron sobre el uso correcto de picos y azadas, entre otros equipos. (Suministrada) (semisquare-x3)
Como parte del proyecto, los estudiantes aprendieron sobre el uso correcto de picos y azadas, entre otros equipos. (Suministrada)

Pensaban que sería un fracaso, lo admiten. Agarrar una pala, un pico o una azada, en vez de un celular –como muchos jóvenes de su edad–, no era lo que vislumbraban para su día a día. El tiempo, sin embargo, se encargó de darles lo que describen como la mayor enseñanza de sus vidas.

Los alumnos de la escuela Salvador Brau, en Carolina, dicen ser pioneros de la finca.

Con el apoyo de su directora, maestros y padres, limpiaron y prepararon dos de las ocho cuerdas de terreno del plantel, en las que ahora siembran pimiento morrón y “cubanelle”, cilantrillo, ají dulce, recao, habichuelas negras, calabaza y plátano, entre otras hortalizas y farináceos.

Además, hacen horticultura ornamental, recién iniciaron un proyecto de apicultura o producción de miel y están construyendo un vivero para un cultivo hidropónico de lechuga.

Cuando comencé en el proyecto, el año pasado, decía que era algo imposible y me desanimé. Pensaba que mis compañeros no iban a querer trabajar la tierra porque ahora todo es moderno. Pero no fue así. Tenemos una gran finca y la meta es vender los productos con nuestra propia etiqueta. Aprendimos a amar la tierra y respetarla. Cuando estoy en la finca, me siento libre, confiada y tengo mejor comunicación con mis compañeros”, contó emocionada Keisha Nicole Calo, de 17 años y quien cursa el grado 11.

“Yo llevo tres años en el proyecto, y siento una satisfacción bien grande al ver cómo los jóvenes se involucran en la agricultura. Prefieren estar en la finca que en cualquier otra parte. El paso del huracán María fue una gran lección, y aprendimos que tenemos que trabajar la tierra para ser autosustentables”, añadió, por su parte, Jarytza N. Rivera, de 17 años y estudiante de grado 12.

La escuela Salvador Brau, que va de sexto a duodécimo, estrenó hace cuatro años un curso electivo en agricultura. Al año siguiente, la directora Karen López convirtió el plantel en uno con ofrecimiento ocupacional agrícola, es decir, que los alumnos pueden especializarse en esa área.

La actual clase graduanda será la primera en recibir su diploma de escuela superior junto otro de agroempresarismo.

Proveen materiales 

Estas acciones han alzado vuelo debido, en parte, a que la escuela fue adoptada en verano pasado por Supermercados Econo y su iniciativa Sembrando Futuro, que promueve el concepto “farm to table” (de la finca a la mesa) a través del agroempresarismo y la creación de alianzas entre agricultores y estudiantes.

Sembrando Futuro se realiza junto con el Departamento de Educación (DE) e incluye, además de la creación de huertos, una serie de charlas educativas sobre sana alimentación, el proceso de siembra, cosecha, cuidado y preparación de los productos cultivados para la venta, y seguridad alimentaria.

Lo que queremos es fomentar la producción agrícola y tener más producción en nuestra cadena”, dijo Salvador Ramírez, agrónomo de Econo, tras explicar que los estudiantes venden lo que cosechan en los supermercados.

“Proveemos mentoría de negocios, autogestión y empresarismo. Los estudiantes han mostrado interés en la agricultura, pero a veces se les hace difícil conseguir los materiales por toda la burocracia que hay en el gobierno”, agregó.

En esa línea, Julia Garay, del Departamento de Mercadeo de Econo, indicó que, a través de Sembrando Futuro, los alumnos reciben desde semillas y abono hasta picos, palas y demás equipos para sus huertos o viveros.

“Lo más importante es que son productos de calidad, que en nuestras góndolas se identifican como que son de la escuela. El esfuerzo de los estudiantes se reconoce”, sostuvo Garay.

La agrónoma Yarmila Ayuso, directora del Programa de Educación Agrícola del DE, detalló que seis escuelas ya son parte de Sembrando Futuro, y los cultivos difieren en cada una. Se ajustan a las condiciones de humedad y temperatura, por ejemplo.

Las otras cinco escuelas participantes son la José Emilio Lugo, en Adjuntas; Padre Aníbal Reyes, en Hatillo; William Betancourt, en Canóvanas; Dr. Heriberto Domenech, en Isabela; y Efraín Sánchez Hidalgo, en Moca.

A mediados de enero, los alumnos de Moca entregaron –y vendieron– su primera producción de tomate, ají dulce y berenjena en el Econo de Aguadilla.

“Muchos maestros se han acercado y quieren que sus escuelas se incluyan en el programa, y esa es nuestra intención. Pero vamos a ver cómo culminamos con estas primeras seis. Ha sido una experiencia muy motivadora para los estudiantes, y eso es lo más importante”, dijo Ayuso.

"Nos hemos expandido"

Por otro lado, el agrónomo y maestro Juan R. Colón recordó que el proyecto de agricultura en la escuela Salvador Brau inició con un “pequeño huerto” detrás del comedor.

“Empezamos con recao, ají y los demás productos para hacer sofrito, pero ahora nos hemos expandido. Limpiamos la finca con un tractor, se nos unió el agrónomo Carlos Padró, quien estableció la siembra de plátanos y el proyecto de apicultura. Nuestro enfoque es que, cuando los estudiantes salgan de aquí, puedan desarrollar microempresas relacionadas con la agricultura”, resaltó.

Colón precisó que 85 estudiantes de la Salvador Brau participan de Sembrando Futuro. Al sumar las seis escuelas que integran la iniciativa, la cifra asciende a 400, dijo Ramírez.

José Carlos Vega, de 16 años y quien cursa el grado 11, está convencido de que se dedicará a la agricultura. Aspira a tener su propia finca de plátanos.

“Quiero estudiar agronomía o agroempresarismo. Cuando empezó el proyecto, lo que había detrás de la escuela era un monte, pero ahora ha cogido vida y se puso mejor, lo que nos motiva a trabajar cada día más”, declaró Vega, quien recientemente ganó una competencia de la organización Futuros Agricultores de América (FFA, en inglés).

Otros estudiantes, como Shaliz Ramírez, de 16 años y grado 11,y Edmarie Encarnación, de 18 años y grado 12, no vislumbran una carrera universitaria en agricultura, pero aseguran que las destrezas adquiridas en el proyecto podrán aplicarlas en cualquier disciplina. Entre esas destrezas mencionaron responsabilidad, dedicación y trabajo en equipo.

Nunca pensé que fuéramos a llegar tan lejos con el proyecto. Esta solía ser la típica escuela de barrio, de la que nadie hablaba bien y era poco reconocida, pero ahora nos miran porque tenemos un gran proyecto y somos ejemplo”, afirmó Ramírez.

De todos, la más orgullosa es la directora López, quien también temió que su propuesta no funcionara. “Pero todo eso quedó atrás. Ahora los estudiantes hasta manejan maquinaria pesada. Mi plan es que sigamos creciendo hasta que seamos una escuela autosustentable”, subrayó.


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