Inspirados en ser eventualmente médicos investigadores, estos universitarios participan de un programa especial del Centro Comprensivo de Cáncer.

Son jóvenes determinados a aportar al país desde la medicina. Dan sus primeros pasos dentro de un campo retador, pero lo hacen con la esperanza de que en un futuro, lo que empezó como una hipótesis, pueda convertirse en un arma contra una de las principales causas de muerte en Puerto Rico: el cáncer.

Un grupo de 20 estudiantes participó, durante el pasado año, en dos programas de investigación dirigidos en la Universidad de Puerto Rico (UPR) por la doctora Ilka Ríos, catedrática del Recinto de Ciencias Médicas.

Se trata del Anderson Partnership Education Program, orientado a estudiantes de tercer y cuarto año de bachillerato en ciencias y de medicina; y del Biomedical Research Internship for Undergraduate and High School Trainees (Bright), dirigido a alumnos que cursan escuela superior y los primeros años universitarios.

“La meta más importante de los programas es preparar un grupo de profesionales en ciencias de la salud e investigadores para cerrar la brecha de disparidades en la prevención y tratamiento de cáncer”, señaló Ríos.

Los tratamientos de cáncer son, sin duda, uno de los más costosos. Según un estudio de la Fundación AARP, la cifra promedio ronda los $150,000. “La idea de crear el Centro Comprensivo de Cáncer era hacer más accesible los servicios y tener en Puerto Rico la misma calidad de tratamiento que se tiene en un centro como MD Anderson”, agregó Ríos.

En los 12 años del proyecto, siete médicos han completado grados combinados MD/PhD en cáncer.

“Hoy son estudiantes, pero en un futuro van a ser los profesionales de la salud, los doctores que van a poder dar a nuestros pacientes el mismo tratamiento que se puede ofrecer fuera de Puerto Rico”, destacó la catedrática.

Las investigaciones

José Ríos y Nicole Cruz, ambos estudiantes de la UPR de Cayey, participaron en una investigación sobre el cáncer colorrectal -la primera causa de muerte por cáncer en hombres y mujeres en la isla- a través del programa Bright.

“Este cáncer tarda entre 10 y 15 años en desarrollarse. Es fácil evitarlo con la prueba de cernimiento”, estableció Ríos, interesado en completar una carrera dental.

Los jóvenes investigaron si, a más presencia de interleukinas, específicamente aquellas proinflamatorias, mayor las probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal. El análisis se realizó en pacientes de 49 años o menos y en aquellos de 65 años o más.

“Se vio que en casos -de estas personas con cáncer-, las interleukinas proinflamatorias eran más altas”, señaló Cruz, quien culmina estudios a nivel de bachillerato en mayo.

Cristina Pérez Caro y Karina Miranda estudiaron posibles factores de riesgo en el desarrollo de cáncer entre la población LGBTT, en Houston.

Las universitarias estudiaron el nivel de actividad física de los participantes, así como su Índice de Masa Corporal (BMI) y cómo estos factores incidían -si de algunaforma- en el desarrollo de cáncer.

“La población que estudiamos, el 60% mostró sobrepeso en comparación con el grupo total. También, se vio que las lesbianas y los bisexuales mostraron altos niveles de obesidad y sobrepeso. Los homosexuales tienden a tener pesos más normales...”, expresó Pérez Caro.

“No hay muchos estudios que investigan esta población y estas variables, por lo tanto, fue bien difícil (para) nosotros encontrar una comparación; es algo que necesita seguir estudiándose”, enfatizó Miranda.

Stephanie Torres estudió, junto a su doctor mentor Abel Baerga, la presencia de unos genes que se encuentran en bacterias que viven en los intestinos. Los genes analizados codifican un mecanismo necesario que produce un compuesto tóxico.

“Este compuesto tóxico es dañino para nuestras células y está asociado con el desarrollo del cáncer colorrectal. Se sabe que es un compuesto tóxico, pero no se conoce su estructura ni cómo llega de la bacteria a nuestras células”, explicó la joven.

La hipótesis que sostienen, dijo, es que es la vesícula la que transporta el compuesto a las células.

Paula Vigo Morales estudió los mecanismos de resistencia que desarrollan pacientes de cáncer de mama a ciertos tratamientos.

La investigación se enfocó en estudiar la desregulación que hay en pequeñas moléculas de material genético (microRNA). “Hay que seguirlo estudiando, porque todos los pacientes son diferentes y hay diferentes tipos cáncer de seno”, expresó Vigo Morales.


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