Miguel Martínez Ortiz tenía 56 años. (Suministrada)

“Te puedo jurar que mi padre daba su vida por nosotros y la dio por el país”.

Esa es la certeza con la que Maricely Martínez Prado recordará a su padre, Miguel Martínez Ortiz, quien falleció esta madrugada en el hospital Auxilio Mutuo, en San Juan, por complicaciones de salud a causa del COVID-19.

“Tato”, como cariñosamente le decían a Martínez Ortiz, es el primer oficial de la Policía que falleció a consecuencia de la enfermedad en Puerto Rico.

Su hija, quien labora en un hospital de Nueva York, resaltó en entrevista telefónica con El Nuevo Día que el mayor dolor que siente tras el fallecimiento de su progenitor, quien tenía 56 años, no es solo por la pérdida física que enfrenta la familia, sino por el “héroe que perdió Puerto Rico”.

“Papi siempre vivía preocupado por las cosas que pasaban en la calle. Esas preocupaciones las traía a la familia y nos orientaba cómo debíamos ser. Papi protegía al país y a su familia”, expresó Martínez Prado entre lágrimas.

Sus expresiones quedan validadas por los 28 años en los que Martínez Ortiz le sirvió a la Policía de Puerto Rico.

Comenzó en el 1993 como un agente encubierto. En aquel momento, era conocido como “NAC-1001”, que correspondía a su identificación de encubierto y con la que logró ser reconocido en varias misiones que acabaron con el arresto de narcotraficantes en la zona de San Juan.

“Papi fue un guerrero. Así como fue en su vida, fue en su lecho de muerte, un guerrero”, aseveró Martínez Prado.

La prueba molecular fue la que determinó su positivo

Martínez Ortiz llegó el pasado 5 de abril al hospital Auxilio Mutuo luego que Maricely se comunicara con su hermano Miguel, quien también es doctor, para decirle que lo llevara al hospital, porque en una videollamada con su papá notó que tenía una apariencia distinta.

“Papi no me dejaba de llamar todos los días. Él ingresa al hospital porque tuve una videollamada con él y no tenía color, estaba gris. Cuando llamo a Miguel para decirle, me dijo que lo iba a ver. Entonces, él (su hermano) llega a donde papi y luego me llama y me dice que lo llevó al hospital, porque yaestaba fibrilando”, narró Maricely.

“Ese día fue al hospital y se hizo las pruebas, pero salió negativo. Aun así, tenía los síntomas y su neumólogo le dijo que se tenía que hacer la prueba con mucusa porque era más certera y esa fue la que luego dio el resultado positivo”, abordó.

“Tato” fue intubado tan pronto como el próximo día en que llegó al hospital debido a una arritmia cardiaca que sufrió y que lo llevó a la unidad de intensivo.

Durante el tratamiento médico, recibió una transfusión de plasma de un paciente recuperado de la COVID-19 en tres ocasiones.

“Nos habían dado indicaciones de que había mejorado. Pero parece que no generó anticuerpos del tratamiento de plasma, y anoche mi hermano me llamó y me dijo que no pudo”, contó su hija.

Todos lo conocían en Toa Alta

El oficial era padre de tres hijos de matrimonios distintos, pero “de una sola familia, porque somos muy unidos”.

Su hija destacó que no había quién le negara un saludo al oficial, tampoco quién no hubiera querido darse una cerveza con él.

Incluso, añadió que en cada esquina en la que el policía se colocaba en el pueblo de Toa Alta, donde residía, había algún amigo que no dudaba en gritarle “Tato”.

“Es fuerte porque hay todo un pueblo que hoy llora su partida. Agradezco todos los mensajes que he recibido por parte de políticos, amigos, vecinos y compañeros de trabajo de él que me han expresado su pésame. De verdad, es increíble ver cuánta gente lo quería”, puntualizó.

La familia aún no tiene detalles sobre cómo se desarrollarían los actos fúnebres de Martínez Ortiz.


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