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En la casa de Maximino Resto Ortiz y su esposa Francisca Ruiz Vega, se instaló la finca solar que puso a funcionar el acueducto comunitario de Brisas del Torito en la montaña, en Cayey. (Suministrada) (horizontal-x3)
En la casa de Maximino Resto Ortiz y su esposa Francisca Ruiz Vega, se instaló la finca solar que puso a funcionar el acueducto comunitario de Brisas del Torito en la montaña, en Cayey. (Suministrada)

Cayey - Maximino Resto Ortiz, de 80 años, y su esposa Francisca Ruiz Vega, de 77, pasaron la noche antes del huracán Irma a oscuras en el Barrio Matón Arriba de Cayey. Este matrimonio, al igual que las otras 66 familias en Brisas del Torito, perdió el servicio de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) con los vientos avizores del primer ciclón de septiembre 2017.

Sin embargo, Mino y Panchita, como se les conoce en el barrio donde viven hace 39 años, no lamentaron la falta de electricidad tanto como la del agua. Y es por que los 167 vecinos de Brisas, ancianos en su gran mayoría, tuvieron que sobrevivir sin acceso a su acueducto comunitario por más de cinco meses y medio, proceso en el que cuatro de sus vecinos más ancianos, que permanecían postrados en cama antes de la temporada ciclónica murieron.

Después de vivir tres meses en condiciones inhumanas, como las describió el líder comunitario Johnny Bonilla, los vecinos de Brisas se enfocaron en alcanzar la autogestión energética. Para el mes de junio comenzaron a ver el fruto cuando inauguraron su propia finca solar que les devolverá acceso al agua, sin importar qué depare la próxima temporada ciclónica para el tendido eléctrico de la AEE en su comunidad en la montaña.

“Desde Irma, acudimos a FEMA, (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias), Guardia Nacional y el municipio para que nos proveyeran una planta eléctrica para nuestra bomba, pero todos nuestros intentos fueron denegados”, relató Bonilla, un técnico de acondicionares de aire que se vio forzado a tomar las riendas de su vecindad tras la repentina salida del país del portavoz comunitario a pocos días del primer huracán.

El Nuevo Día obtuvo copia del comunicado que emitió FEMA denegando la planta a esta comunidad.

“Desafortunadamente, aún estamos tratando de asegurar el sistema de salud, llevar agua a los ciudadanos y asegurar que las aguas sucias sean tratadas debidamente. En estos momentos, no tenemos recursos suficientes para proveer un generador comunitario”, reza la misiva enviada por Steve Ward de la división de Generator Support Operations.

Pese a que a sus vecinos han bebido del mismo pozo por más de 50 años, Bonilla entendió que esta respuesta ponía a las 67 familias de Brisas al fondo de la lista de prioridades del ente federal.

“Pero ven acá… mi cuñado murió con casi 92 años y bebió de esa agua toda su vida. Yo he vivido aquí más de 40 años y mi familia y yo estamos saludables”, sentenció Bonilla, quien no tuvo más remedio que aconsejar a su hija Keishla a que se llevara su nieto de pocos meses de edad fuera de la isla.

Por su parte, la directora de programas federales de Cayey, Natasha Vázquez Pérez, expresó su descontento con el tratamiento que FEMA dio a esta y otras tres comunidades desu municipio.

“Les llené el formulario de ayudas en cinco ocasiones, pero el generador siempre se les fue denegando porque no cloraban su agua y por lo tanto no tenían un sistema de agua segura. Yo creo que, hasta cierto punto, estas comunidades fueron marginadas”, lamentó Vázquez Pérez.

En total, son casi 250 los acueductos comunitarios, aislados de la AAA, que requieren del servicio de la AEE para llevar agua a casi el 3% de los puertorriqueños, según reporta la Agencia de Protección Ambiental (EPA, en inglés). Los cuatro en Cayey sirven a 220 familias y ninguno cumple con las exigencias del ente federal.

Pese a los escollos burocráticos, la ayuda llegó a esta comunidad gracias a la autogestión.

“Dios nos puso a Water Mission en el camino porque sabía que buscamos soluciones de autogestión para salir de las condiciones inhumanas en las que estábamos viviendo”, exclamó el vicepresidente de Brisas del Torito, Renato López, quien contactó a la organización por recomendación de Vázquez Pérez.

Water Mission es una organización voluntaria activa en desastres, con base cristiana y sede en Carolina del Sur, que llegó a Brisas del Torito luego de haber completado unos 11 proyectos alrededor de la isla desde octubre pasado.

Después de visitar la comunidad, sus ingenieros se comprometieron con Bonilla y comenzaron la reenergización en enero.

Durante los próximos dos meses, Brisas se organizó para construir las estructuras necesarias para anclar 100 paneles solares al suelo y proteger el cuadro eléctrico en caso de huracanes.

“Yo me fui por la comunidad a buscar voluntarios. Les decía: ‘Te necesito a ti porque sabes empañetar y a ti porque sabes poner bloques. Todos entendieron la necesidad porque aquí se trabajó hasta los domingos”, puntualizó Bonilla, quien a su vez dejó de laborar en su taller de refrigeración para liderar la autogestión comunitaria.

Mientras tanto, el director de la división de Respuesta a Desastres de Water Mission, Mark Baker procuró los fondos necesarios y coordinó la logística de envío de los paneles solares.

“Además de recibir donaciones externas, también le pedimos a las comunidades que aporten gran parte de la mano de obra porque esa es la forma número uno de averiguar cuán exitoso será el proyecto”, expresó Baker contento con el trabajo realizado por los vecinos de Brisas.

Su equipo planea completar hasta 40 proyectos de desarrollo comunitario adicionales en la isla durante el próximo año si logra conseguir fondos suficientes para ellos.

“Intentaremos quedarnos en la isla durante esta temporada de huracanes y si no, volveremos tan pronto podamos y seguiremos la marcha”, expresó con la voz entrecortada el exbombero rescatista de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, quien lidera esfuerzos similares en Latinoamérica desde hace año y medio.

Por su parte, el propietario de la empresa puertorriqueña JUAPI Project Services, Orlando López de Victoria Vélez, instaló los paneles solares.

“Son 100 paneles solares. Cada uno genera 290 vatios para un total de 29 kilovatios por hora. Con este interruptor pueden cambiar entre operar con los paneles solares o con la AEE”, explicó el ingeniero electricista a los que visitaban la finca solar por primera vez.

Gracias al nuevo sistema fotovoltaico, la comunidad ya ha ahorrado $900 en su factura de la AEE, casi el 75% de su pago mensual. Con estos ahorros, costearán el mantenimiento del sistema y comprarán baterías para independizar su servicio de agua de la AEE por completo.

“Antes de María, aquí se iba la luz cinco y seis veces al mes, incluso, a veces estábamos hasta tres días sin luz. Ahora, aunque se vaya la luz, tendremos agua. Si tenemos agua, tenemos vida y eso es lo más que importa”, expresó Bonilla con ojos llorosos durante la inauguración de la finca solar en casa de Mino y Panchita.


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