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En esta época del año, de paseos familiares, vacaciones y relajación, los flamboyanes le dan la bienvenida al visitante creando con sus flores su mejor alfombra roja.

Cierto es que la Carretera Central, conocida por algunos por su famoso tramo “La Piquiña”, hace décadas quedó sustituída por el Expreso Luis A. Ferré como la principal vía de conexión entre norte y sur de la Isla, pero la PR-1 aún huele a historia: tanto a la oficial como a la cotidiana de cada conductor que por allí pasó o aún pasa.

“Fue el proyecto de ingeniería más ambicioso que se hizo en Puerto Rico y ya en el siglo 19 era el logro más importante de los españoles en términos de transporte”, indicó el historiador Rafael Torrech. “Se creó un sistema de comercio en torno a ella, y en términos antropológicos es interesante como fue languideciendo cuando se fue convirtiendo en una carretera secundaria”.

Según el libro 'La Carretera Central: un viaje escénico a la historia de Puerto Rico', de Luis Pumarada O'Neill y María de los Ángeles Castro, lo que se convirtió en la Carretera Central comenzó a planificarse en el 1859 como una de conexión de San Juan con Ponce con consideraciones militares, económicas y administrativas.

La ruta que inicia en San Juan y cruza los municipios de Caguas, Cayey, Aibonito, Salinas, Coamo, Santa Isabel y Juana Díaz, termina en la Perla del Sur y se terminó en el 1886 con el tramo más difícil -entre Cayey y Aibonito- por lo accidentado de la topografía y la tupida vegetación.

Según el texto, en la construcción se utilizaron cientos de presidiarios isleños, así como de otros cientos presos cubanos, entre los que se destacaba un porcentaje de personas de origen oriental.

Algunos de los puentes de esta vía, que hasta la llegada en la década de los 70 de la autopista era la principal conexión de transporte entre norte y sur, están registrados en el Registro Nacional de Lugares Históricos del Departamento del Interior de Estados Unidos.

Entre los puertorriqueños de mayor edad son muchos los recuerdos e historias de la larga travesía y la planificación que requería un viaje desde San Juan a Ponce por esta ruta, incluyendo paradas para descansar, mareos, obstáculos naturales como la neblina, el ganado en la vía de rodaje, sus interminables curvas, sus riscos y sus cuestas.

Aunque aún sirve como una de las vías de acceso a algunos pueblos de la Cordillera Central, es notable la poca actividad comercial que se genera en comparación con su época de gloria, pese a que siempre puede encontrar a alguien vendiendo plantas o frutas a la orilla de la carretera.

Pero más que nada, “La Piquiña” ha adquirido un matiz recreativo que atrae a centenares de motociclistas, clubes de jeeps y otros grupos adeptos al llamado 'chinchorreo' (visitar los pequeños negocios) dominical, que se recrean y relajan con las vistas panorámicas que pueden incluir tanto a los flamboyanes como a 'Las Tetas de Cayey' como telón de fondo.

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