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La creación de planes para manejar el presupuesto y ajustar gastos también ayuda a mitigar la ansiedad que producen los problemas económicos. (horizontal-x3)
La creación de planes para manejar el presupuesto y ajustar gastos también ayuda a mitigar la ansiedad que producen los problemas financieros. (Archivo)

La situación fiscal que atraviesa el País ha escalado a tal nivel  que está trastocando la salud mental de familias puertorriqueñas, incitando a estados de  temor e incertidumbre, lo que se ha traducido  en un aumento en la  ideación de suicidios y de trastornos de salud mental en la población en general.

Este no es un diagnóstico exclusivo de la población puertorriqueña, pues familias de países como Argentina, España, Grecia y hasta la ciudad de Detroit, que también han afrontado debacles económicas, han pasado por situaciones similares en términos de salud mental. 

Los efectos de una deuda creciente han golpeado con más fuerza a  sectores más vulnerables, lo que podría abarcar gran parte de la población considerando que un 46% de las personas en Puerto Rico viven bajo el nivel de pobreza, según  la Encuesta sobre la Comunidad,  Censo del 2015.

Depresión y ansiedad son trastornos que han llevado a muchos a buscar ayuda de un profesional de salud mental, particularmente en el último año, de acuerdo con expertos en este tema consultados por este diario que vinculan la situación económica del País como disparadores de estos eventos.

“Se han multiplicado estresores sociales y económicos que inciden en la salud mental individual y colectiva. Sí, han aumentado las visitas a profesionales de la salud mental por personas cargadas de mucho estrés, tanto que ya no lo pueden manejar”, comentó el sociólogo Manuel Torres Márquez.

Los pininos de esta situación se remontan a mayo de 2006, cuando bajo la administración del entonces gobernador Aníbal Acevedo Vilá, el gobierno cerró operaciones por varios días ante los efectos de unas deficiencias presupuestarias arrastradas de años anteriores. La Ley 7 de 2009 declaró un estado de emergencia fiscal, provocando el despido de miles de empleados públicos y bajo la Ley 66 de Sostenibilidad Fiscal y Operacional del 2014 se congelaron  convenios colectivos de empleados de gobierno y corporaciones públicas. El miércoles, el gobernador Ricardo Rosselló solicitó la protección del Título III de la ley federal PROMESA, convirtiendo a Puerto Rico en la primera jurisdicción de Estados Unidos en acogerse a un mecanismo similar a la bancarrota.

“Como el gobierno no tiene la liquidez para enfrentar las deudas, esto genera  incertidumbre en los trabajadores, con la posibilidad de reducción de horarios y recortes de beneficios, lo que podría resultar en  menos ingresos”, dijo  el sicólogo Carlos Rivera Lluveras.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud anticipó en el 2011 que la crisis económica que cobró dimensiones internacionales en el 2007 no  solo representaba una baja en la actividad económica, sino un aumento en el desempleo, depresión en el mercado de viviendas e incremento en personas que viven en pobreza.

El documento  también reveló que dilemas financieros y carencias sociales pueden  conducir a problemas de salud mental y trastornos. La OMS advirtió en ese momento que el suicidio es más común en áreas de privaciones socioeconómicas, fragmentaciones sociales y de desempleo.

Más ideas suicidas

A marzo de 2017, la tasa de desempleo en Puerto Rico era de 11.5%, con 1,640,000 personas fuera del grupo trabajador. Del 2006 al 2 de mayo de este año, en Puerto Rico se registraron 3,380 muertes por suicidio. A pesar de que desde el 2014 se había notado una baja en estas  muertes violentas, hasta el pasado 2 de mayo se han reportado 67 suicidios este año, tres más que a la misma fecha del año pasado, de acuerdo con estadísticas de la Policía.

Además,  la Línea Pas (Primera Ayuda Sicosocial)  aumentó de enero a marzo de este año un 35% las llamadas recibidas en comparación con el mismo período del 2016, según  Suzanne Roig, jefa de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca).

Aunque Roig aseguró que el alza en la línea 1-800-981-0023,  de la Assmca, no es directamente por situaciones económicas, admitió que el grueso de las llamadas han sido por situaciones familiares de condiciones agudas de salud mental e ideas suicidas de personas desesperadas por múltiples factores, entre los que admitió pudiera incidir el factor económico.

Un artículo de la Revista de la Asociación Mundial de Psiquiatría publicado en el 2012 (“Actions to alleviate the mental health impact of the economic crisis”)  advirtió que la crisis económica se asomaba a través de  un impacto negativo en la salud mental de varios países. Entre estos, mencionó  un aumento de intentos suicidas observado en Grecia y un incremento en las tasas de suicidio de Irlanda e Inglaterra. Otro artículo publicado por el Instituto Nacional de la Salud en el 2015 (“The true cost of the economic crisis on psychological well being: a review”) recalcó que las razones principales reportadas en una  línea de ayuda nacional contra el suicidio de personas con pensamientos suicidas era por dificultades económicas y la incapacidad de pagar por altos niveles de deudas personales.  

Estresores adicionales

“Si estás desempleado, (rápido piensas que) no vas a tener dinero para comprar alimentos ni  mejorar las condiciones de vida familiares”, dijo Torres Márquez, quien deploró cómo, a su juicio,  los gobiernos  han carecido de la capacidad de una comunicación efectiva, lo que, aseguró, propaga  estresores adicionales entre la ciudadanía.

Su preocupación mayor gira en torno a los efectos en  adolescentes ante eventos de violencia intrafamiliar provocados por discusiones debido a problemas económicos, además del uso de mecanismos evasivos, como el consumo de alcohol y drogas.

Además, llamó la atención a cómo, mientras la población disminuye por la migración, aumentan los impuestos para los que permanecen en la Isla,abonando a la  carga económica del pueblo.

Al sicólogo Rivera Lluveras, mientras tanto,  le preocupa el efecto que todo esto  produce en familias monoparentales, es decir las compuestas por un progenitor (mamá o papá) y uno o varios hijos.

“Piensan que si pierden el trabajo no van a tener con qué pagar la casa, el carro, los alimentos… Se desencadena un efecto dominó, con sentimientos de angustia, preocupación, ansiedad, ataques de pánico y miedo generalizado que vemos en un aumento a visitas a servicios médicos, tanto siquiatras como sicólogos”, dijo.

En su experiencia clínica, advirtió que ha notado un aumento de pacientes envejecientes consternados, además de  cómo la situación fiscal puede afectar los servicios médicos que necesitan, por la incertidumbre económica que viven sus hijos y que les afecta directamente, especialmente cuando hay nietos que ayudar a mantener.

“Hay familias que no quisieran abusar del cheque de Seguro Social de sus viejos, pero lo tienen que hacer. Ahora tienen que hacer el milagro de los panes (con un solo cheque para mantener a varias personas). Estamos en un callejón sin salida”, coincidió Torres Márquez.

No solo la salud mental

La doctora Blanca Ortiz, catedrática del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, advirtió que no solo la salud mental se puede afectar a raíz de la situación económica, sino que también podría  trastocarse la salud física del individuo.

“Hay estresores del entorno que afectan la salud mental y física. Se sabe que pueden provocar estrés, ansiedad, insomnio, hostilidad, dificultades en las relaciones interpersonales  porque la gente está irritable e insegura”, dijo. Agregó que el efecto de la migración también incide en este escenario, pues muchos padres ven a sus hijos saliendo del País en busca de un mejor porvenir. “Familias y parejas se están desarticulando”, sostuvo.


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