Imagen de la represa El Salto en Comerío. (GFR Media)

Aunque resultaría en uno de los mecanismos con capacidad de respuesta rápida para proveer electricidad luego de un desastre, el Plan Integrado de Recursos de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) reduce a prácticamente “una nota al calce”, el uso de la energía hidroeléctrica en Puerto Rico, denunció el ingeniero José O. Alemán.

Según Alemán, a excepción de una referencia a una propuesta no solicitada para invertir unos $100 millones en restaurar los activos hidroeléctricos de la AEE y una nota explicativa al pie de página en el PIR, es claro que la AEE descartó nuevamente los beneficios de generar electricidad mediante el movimiento del agua.

“La AEE debió haber hecho esos estudios”, indicó Alemán cuando el comisionado asociado de Negociado de Energía de Puerto Rico (NEPR), Ángel Rivera de La Cruz, preguntó qué áreas geográficas en Puerto Rico podrían ser aptas para viabilizar un proyecto de reserva de energía hidroeléctrica.

Alemán es uno de alrededor de dos docenas de abogados y expertos en energía que esta semana buscan entender el plan que la AEE presentó al NEPR.

Luego de la aprobación de la Reforma Energética, la AEE está obligada a justificar sus decisiones operacionales y el precio que cobra a los abonados por el servicio que les presta, pero también está obligada a mejorar el consumo de electricidad en Puerto Rico con alternativas más eficientes y renovables. El NEPR es la entidad creada en ley para asegurar tal cumplimiento.

El PIR y las propuestas no solicitadas

Para Alemán, resulta incomprensible que la AEE haya dejado fuera de su plan de generación, el uso de los sistemas de embalse que posee. Esto, porque según el ingeniero -quien representa a la organización Unidos por Utuado, luego de un desastre, esas unidades hidroeléctricas cuentan con una fuente renovable que a diferencia del combustible no tiene que comprarse o transportarse, por lo que podrían arrancar rápidamente.

Sin embargo, el consultor de la AEE y ejecutivo de Siemens Energy, Nelson Bacalao, aseguró que la generación hidroeléctrica fue considerada en el PIR y que esta se concibe en el contexto de las microrredes que la AEE desarrollará y de las capacidades existentes. Bacalao aseguró que esa solución se vislumbró antes de que la AEE recibiera una propuesta no solicitada acerca de energía hidroeléctrica y que el interés de la corporación pública sería aumentar la capacidad de esta, si es factible.

Luego del huracán María, la AEE recibió una propuesta de la firma Cube Hydro -que reseñó El Nuevo Día hace alrededor de un año- para invertir unos $100 millones en los activos hidroeléctricos de la corporación pública.

La propuesta, según el director de Planificación de la AEE, Efran Sepúlveda Maisonet, está bajo la consideración de la Autoridad de Alianzas Público Privadas.

La generación en los techos de la gente

“La AEE no es muy dada a compartir su sistema eléctrico”, dijo por su parte el ingeniero Agustín Irizarry al insistir en que el NEPR debe considerar la generación distribuida como la primera alternativa para asegurar un suministro de electricidad confiable y más barato en Puerto Rico.

Según Irizarry, si la AEE utilizara los $5,800 millones que pretende invertir en sus sistemas para generar energía con gas natural en sistemas fotovoltaicos, ello podría servir para instalar sobre 300,000 sistemas fotovoltaicos en Puerto Rico.

Esa infraestructura, de acuerdo con el profesor de Potencia Eléctrica en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, daría al ciudadano una certeza sobre el servicio eléctrico y a su vez, dotaría a la AEE de una capacidad de almacenamiento de electricidad al sistema eléctrico sin necesidad de recurrir a el uso de combustibles.

Irizarry sostuvo que la propuesta preparada por Siemens a pedidos de la AEE incluso trae a la discusión conceptos que no existen en el mundo de la electricidad. Ello, porque el PIR habla de “mini” redes, cuando en la práctica, los sistemas eléctricos están integrados por microrredes o están diseñados en sistemas que funcionan como “islas”. Es decir, que pueden desactivarse o activarse dentro de la red para atender las necesidades que puedan surgir.

No obstante, la propuesta de generación distribuida también parece tener escollos. Ello, cuando la comisionada asociada Lillian Mateo Santos se mostró preocupada en cómo viabilizar un modelo de generación distribuida cuando en Puerto Rico no todos los hogares tienen dinero para ello.

“Qué podríamos hacer con las personas de bajos ingresos, que no puede tomar una hipoteca, qué los envejecientes, con los padres o madres solteros o con personas pobres que no pueden tener acceso a crédito”, preguntó Mateo Santos.

Irizarry sostuvo que una alternativa en esa dirección podría articularse si la AEE utilizaba parte del dinero que tendrá para garantizar los financiamientos que tomarían las personas.

Por su parte, Ronny Sandoval, -quien al que igual que Irizarry se expresaba en nombre de organizaciones ambientales locales- respondió que toca a la AEE proveer electricidad a toda la ciudadanía y que a esos efectos, lo recomendable es que la corporación pública incluya en sus trabajos un proceso de planificación para que, en lugar de continuar invirtiendo en largas líneas de transmisión y distribución, identifique ciertas zonas donde puedan redes comunitarias.

Intereses en y fuera de la AEE

Al cabo de tres días de vistas y una cuarta jornada en curso, el interrogatorio que encabezan los asesores de la AEE, dejó a la luz quela utilidad parece enfocarse en mantener un modelo centralizado de generación eléctrica que contaría con diversas “mini” redes y microrredes para que la electricidad esté más cerca de las personas y empresas que la consumen.

El escenario que recomienda la AEE contempla que, en la primera parte del recorrido -es decir desde ahora hasta el 2025- se retiren las unidades que incumplen con los estándares de aire limpio o MATS, en inglés. En ese mismo período, la AEE haría énfasis a la energía con gas natural, lo que incluiría establecer cuatro terminales de gas natural alrededor de Puerto Rico, mientras se harían inversiones capitales para que la energía renovable y de almacenamiento puedan incorporarse.

Pero a su vez, el proceso de análisis del NEPR dejó entrever que el mercado eléctrico comienza a definirse en Puerto Rico y que intereses empresariales y ciudadanos interactúan entre sí, tanto para ofrecer servicios a la AEE o expandir conseguir clientes en el sector privado como para abogar por soluciones energéticas compatibles con la protección del medioambiente.

En ese último aspecto, Eric Ackerman, del Grupo de Regulación Alternativa Edison Electrical Institute, sostuvo que el PIR propuesto por la AEE no cumple con la Ley 17.

“La AEE no entiende, o no acepta, que su rol debe cambiar. Para realizar la visión indicada en la Ley 17, la AEE y su sucesor deben cambiar de ser un proveedor tipo monopolio integrado de manera vertical a un operador de un sistema que integra volúmenes crecientes de energía distribuida de una variedad de posibles fuentes; y hacerlo de manera eficiente y confiable”, indicó.


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