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Los pescadores Ángel Hernández, Héctor Hernández y Rigoberto Hernández coinciden en que el estancamiento de la industria recae en el gobierno. (horizontal-x3)
Los pescadores Ángel Hernández, Héctor Hernández y Rigoberto Hernández coinciden en que el estancamiento de la industria recae en el gobierno. (Juan Luis Martínez Pérez)

Los pescadores siempre madrugan. Eso dice el pescador Rigoberto Hernández, de padre pescador, de hermanos pescadores, de sobrinos pescadores, asentados todos en Las Croabas, en este municipio. 

“El pescador tiene que trabajar, tiene que arriesgarse en el mar. Tiene que reparar las nasas, traer las nasas a tierra, construirlas. No es un trabajo suave, es un trabajo fuerte. Cuando los winches se rompen, tenemos que halar las nasas a mano, –y al principio, cuando nosotros empezamos, teníamos que estar halando nasas a mano–. Es bien sacrificado, pero saca mollero uno, y fuerza. Es muy bueno y muy poderoso para eso”, dice Hernández.

Así, a prueba de mollero y fuerza es que se nutre la actividad pesquera en Puerto Rico; una actividad en su mayoría artesanal, que se dedica a abastecer a los restaurantes aledaños a las zonas pesqueras a la vez que incentivan la economía comunitaria.

Hernández está sentado en un pequeño bote detenido en el mar que baña el varadero. En el medio de la embarcación, está la nasa que utiliza para capturar langostas, una caja de plástico con tablas de madera en la superficie y dos huecos hechos con pailas de pintura por donde se cuelan las especies marinas.

Con lo que pescan Hernández y sus hermanos –de 40 a 60 libras de langosta en cada tirada, y hasta un quintal de pescados entre los que figura el arrayado, la pluma, el boquicolorao y la colirrubia–, proveen pescado fresco a tres restaurantes de la zona.

Pero, los modestos números no son suficientes para suplir las necesidades de un país que basa, según los datos más actualizados, más del 95% del consumo del pescado en las importaciones, y menos del 5% en lo que resulta de la pesca local.

Según datos del Departamento de Agricultura, en el período del 2014 al 2015, la cifra de importaciones neta alcanzó las 59,762,000 libras de pescados y mariscos, mientras    que, en el mismo ciclo, la pesca local produjo 2,330,000 libras, a un costo promedio cada libra de $3.84.

“Reglas excesivas”

 De acuerdo el pescador Hernández, toda la responsabilidad del estancamiento de la industria de la pesca recae en el gobierno. Por un lado, a su juicio, las regulaciones “excesivas” impuestas por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) desalienta a los pescadores a salir al mar, y por otro, la falta de incentivos gubernamentales impide que se afiancen nuevas iniciativas para fortalecer la industria.

 “Cuando uno le pide ayuda al gobierno, no te la da, lo que viene es Recursos Naturales, vienen los vigilantes, te atracan el bote arrogantemente, finamente, con mucha bota, mucha pistola, y te hacen la vida imposible, te hacen la vida de cuadritos”, criticó.

Sin embargo, para la secretaria de Recursos Naturales y Ambientales, Tania Vázquez Rivera, si la pesca ha venido en declive desde hace años, se debe a la sobrepesca, en primer lugar, y a la contaminación de las aguas y destrucción de los hábitats.

 “Muchas especies están siendo explotadas más allá de su tasa sostenible. Para restaurar las poblaciones de pesca, o al menos alcanzar su sostenibilidad, es importante mantener las protecciones que tiene la pesca en Puerto Rico. Bien manejada, podría representar grandes beneficios económicos para Puerto Rico, más por la pesca recreativa que por la comercial”, sostuvo la licenciada.

 Datos ofrecidos por el DRNA indican que especies como el mero cabrilla, el chillo de ojo amarillo, el juey de tierra y la sama tienen vedas anuales que fluctúan de uno a tres meses. Por otra parte, hay prohibiciones permanentes sobre la palometa y el sábalo, que solo se permiten para pesca recreativa de “catch and release”, la picúa, el jurel negrón y el medregal, cuya venta está prohibida, y el mero batata, la cherna, el tiburón gata, la aguja picuda, entre otros, cuya venta, captura y posesión están prohibidos.

“Es muy probable que, sin el Reglamento de Pesca 7949, las poblaciones de sama, mero, cabrilla y carrucho, hubiesen colapsado. Estas medidas han ayudado sin duda a la continuidad de la pesca comercial y recreativa en Puerto Rico”, sostuvo la funcionaria.

Sobre las regulaciones a la pesca, Vázquez Rivera explicó que, aun con el reglamento vigente, “la cantidad de peces reglamentados es muy poca”, sobre todo, comparado con la de otras jurisdicciones.

“La prueba de que no estamos sobrerreglamentando la pesca es el hecho innegable de que la pesca en general sigue en descenso. Todos los estudios científicos coinciden en eso, desde hace décadas. No hemos logrado detener el descenso y se siguen perdiendo especies que antes eran importante y abundantes. La sobrepesca sigue”, comentó.

Por otro lado, entre los requisitos que tienen que cumplir los pescadores para obtener la licencia de pescador comercial, incluye radicar sus estadísticas pesqueras mensualmente, cumplir con los requisitos de seguridad náutica y estar exentos de un 90% de las contribuciones sobre sus ingresos por concepto de pesca.

Falta de incentivos

Para el pescador Héctor Padró, presidente de la Cooperativa de Pescadores Comunitarios La Lucía en Yabucoa, los pescadores terminan siendo una “mina” para agencias como el Departamento de Agricultura y el DRNA.

Con la frustración y la rabia impresas en su tono de voz, Padró aseguró que, durante años, ambas agencias se han pasado “pidiendo dinero a costilla de los pescadores, pero para los pescadores, nada”. “Piden dinero a nivel federal para los pescadores y los utilizan para otras cosas”, aseveró.

Sin embargo, el secretario de Agricultura, Carlos Flores Otero, aseguró que su agencia ayuda a los pescadores del patio, a través de la Oficina de Fomento de la Industria Pesquera y Acuícola, cuyo propósito es “mantener y mejorar la infraestructura de las villas pesqueras que conllevan inversión”.

“Ayudamos para mejoras en las puertas, las verjas, las rampas para tirar los botes, y ayudamos con embarcaciones, motores y equipo de pesca, (pero) lo que tenemos en Puerto Rico es una industria de pesca casi artesanal, no tenemos una flota marina pesquera de alta mar”, puntualizó. 

Límites de la artesanía

De acuerdo con el secretario de Agricultura, lo que ha desalentado el desarrollo pleno de la industria pesquera en Puerto Rico para que pueda ser verdaderamente competitiva desde el punto de vista comercial, no son los reglamentos ni la falta de incentivos, sino la misma cultura del pescador.

“No creo que la industria no haya crecido porque tenga dificultades en permisología. La industria no ha crecido porque realmente la forma de operar de los pescadores se mantiene a pequeña escala y no hay la intención de subir a pesca comercial a gran escala. No he visto una sola propuesta de un grupo de pescadores que diga ‘queremos invertir en una flota marina pesquera’, y eso implica embarcaciones que salgan a aguas profundas, estén varios días pescando, y traigan grandes cantidades para suplir las necesidades de la población”, comentó.

Históricamente, la pesca en Puerto Rico no ha cambiado mucho sus estadísticas, manteniendo su cifra de capturas en los tres millones. Solo el año 1979 desentona, época en que se capturaron más de siete millones.

En su libro “Una mirada al mundo de los pescadores: una perspectiva global”, el catedrático del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico Manuel Valdés Pizzini establece que esos fueron los años de mayor producción debido a que la flota de Cabo Rojo incursionó en los bancos pesqueros del Canal de la Mona, de Cabo Engaño y La Navidad en República Dominicana. Sin embargo, luego volvió a los 3 millones anuales, promedio que persiste desde 1932. 

Además, en 1979, también se creó la Corporación para el Desarrollo de los Recursos Marinos, Lacustres y Fluviales (CODREMAR), agencia que centralizó todos los esfuerzos de investigación, educación, conservación y desarrollo de la pesca, y que impulsó la construcción de un buque pesquero para masificar la industria. Este dato lo recuerda el secretario de Agricultura como el único intento sólido de mover la pesca a una escala mayor.

Sin embargo, pese a que tuvo a su haber convocar a los pescadores para que se organizaran en asociaciones, por decreto, CODREMAR desapareció en 1990, y la mayoría de las funciones de esa agencia pasaron al DRNA en 1991, incluyendo el Laboratorio de Investigaciones Pesqueras. Para los pescadores, la desaparición de la corporación se debió a la mala administración de fondos.

Aunque en 60 años parece no haber cambiado mucho la historia, contrario a la percepción del secretario de Agricultura de que a los pescadores les falta el ánimo de transformar la pesca, en el área de Las Croabas se planta una semilla.

En Fajardo, la Cooperativa de Pescadores, de la que Hernández es presidente, ha hecho movidas con el fin de que los terrenos del varadero pasen a los pescadores, y que recaiga en ellos la responsabilidad de habilitarlo de forma que cumpla con su propósito original: varar los botes de los pescadores y darles mantenimiento para soltarlos y seguir la pesca.

A su vez, tienen ya en planes la construcción de una plataforma que pueda quedarse en el mar durante días pescando y así generar más volúmenes de pesca.

“Va a traer mucha pesca y eso es lo que nosotros queremos llegar, a la mucha pesca. Entonces podemos desarrollar una industria pesquera porque podemos generar cinco mil libras diarias de pescado. Si se desarrolla una pesca como esa, se puede empacar al vacío y se puede vender a los supermercados al detal a todo Puerto Rico. Se puede demostrar que se puede hacer, lo que pasa es que no tenemos la ayuda”, dijo.

La iniciativa, sostuvo el grupo de pescadores, pese a que cuenta con el respaldo de distintas organizaciones del gremio en Puerto Rico, ha chocado con la espalda de la alcaldía, que no ha hecho avances en proveer el permiso para operar ambos proyectos.

Flores Otero reconoció que las propuestas de Las Croabas no han llegado a sus manos, pero, de la misma forma, respaldó que el área del varadero debe ser utilizada por los pescadores y no por grupos externos para fines turísticos.

Sin embargo, el varadero ha sido una lucha que han librado los pescadores –y que todavía libran–. De acuerdo con Hernández, el alcalde de Fajardo, Aníbal Meléndez Rivera, le cedió los terrenos, para propósitos turísticos, a un grupo de kayakeros que, en la actualidad, no están haciendo uso del área.

Pese a los botes de distintos tamaños y formas depositados en el agua, el área del varadero luce abandonada, con grandes estructuras para guardar kayaks deshabitadas que entorpecen el paso.

Hernández se imagina el panorama transformado: que esas estructuras en desuso sirvan para guardar pescado que abastezca a los negocios de la comunidad y al resto del país, que se termine de construir la máquina que el ingeniero James Gerard –también miembro de la cooperativa–, ha comenzado a reparar con el fin de brindar mantenimiento a los botes, que en el terreno baldío al costado se cree una escuela para enseñarle a los niños de las comunidades aledañas el arte de la pesca, y que el varadero sea un punto estratégico para facilitarle el camino marítimo a los pescadores de todo Puerto Rico. 

“Si yo quiero varar mi bote, tengo que ir a Palmas o a Puerto Rey, y me cobran ciento y pico por día. Ese varadero (el de Fajardo) es para los pescadores, para darle mantenimiento a nuestros botes”, comentó Padró, solidario con la causa desde Yabucoa.

Sin embargo, la Cooperativa de Pescadores de Las Croabas no ha obtenido el permiso de uso para desarrollar los proyectos en el área porque el alcalde de Fajardo no ha querido cederles los terrenos. Así lo repitió en varias ocasiones el pescador Hernández, para quien el Municipio se ha convertido en una piedra en el camino, en un gigante de promesas sin cumplir que ha intentado arrebatarle el varadero de las manos pese a la insistencia de los botes y la pesca.

“Necesitamos construir esa plataforma de pesca que nosotros mismos la íbamos a realizar sin dinero del gobierno. No queremos tener el varadero con dinero del gobierno”, insistió.

Este medio intentó comunicarse con el alcalde de Fajardo, pero no obtuvo respuesta.

En miras al futuro

Por su parte, Padró tiene su propio proyecto en ciernes en Yabucoa. El pescador de 52 años, –quien pronto se jubilará para dedicarse de lleno a la pesca y quien se dedica a capturar sierra, chillo y arrayado para la venta en restaurantes de su pueblo, Maunabo y Patillas–, logró que el Departamento de Agricultura federal le aprobara una partida para crear arrecifes artificiales que mitiguen el daño hecho por la descarga al mar de bencina, lo que, en su momento, destruyó poblaciones de peces y corales.

En efecto, la contaminación es uno de los factores que también atentan contra la pesca, en la medida que debilita hábitats marinos. Entre las recomendaciones que ofrece el catedrático Valdés Pizzini, incluye atajar el problema de la destrucción de hábitats, establecer medidas estrictas para disminuir la contaminación y desarrollar un programa agresivo de estudios para el uso sustentable de los recursos.

 A su vez, sugiere incorporar a los pescadores en el manejo de los recursos pesqueros de manera abierta y democrática, resolver el problema de injusticia en la aplicación de las leyes y reglamentos de la pesca, incluir a los pescadores recreativos en los sistemas de estadísticas pesqueras para conocer su impacto verdadero, proteger la integridad de las comunidades pesqueras y explorar las posibilidades de la maricultura.


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