La mayoría de las OSFL modificaron su oferta para ayudar en las necesidades inmediatas. (horizontal-x3)
La mayoría de las OSFL modificaron su oferta para ayudar en las necesidades inmediatas. (Ramón Tonito Zayas)

Días después del huracán María, salieron a la calle. Algunos limpiaron escombros, otros repartieron comida caliente o cajas de agua embotellada. Hicieron censos de las necesidades de los viejos que vivían solos, de las familias con niños, consiguieron combustible para que corrieran los generadores eléctricos de las égidas y, meses después, repartieron regalos navideños a los niños y niñas que correteaban por los pasillos de los refugios.

Cientos de organizaciones sin fines de lucro fueron las primeras –y a veces, las únicas– en dar la mano a la gente para responder al desastre que dejaron los huracanes Irma y María a su paso. Pero ahora se enfrentan a un futuro incierto, en el que los fondos que necesitan para operar tardan en llegar y las necesidades de las comunidades a las que sirven aumentan, señaló la directora ejecutiva de la Red de Fundaciones de Puerto Rico, Janice Petrovich.

“Ellos dieron el resto, tenían a su gente trabajando 10, 12 horas al día, todos los días. Están cansados y hay asuntos de PTSD (síndrome de estrés postraumático) de los que no se ha hablado”, dijo Petrovich.

Tan pronto cedieron los vientos de los huracanes, la mayoría de las organizaciones sin fines de lucro que dan servicios directos a las comunidades modificaron su oferta para ayudar en las necesidades inmediatas, lo que implicó darles nuevos usos a los fondos que tenían. El dinero que en otro momento se usaría para financiar talleres educativos o para el pago de servicios eléctricos, se utilizó para comprar comida enlatada o agua embotellada para repartir, sostuvo Petrovich.

Para medir el impacto del tercer sector en medio de la emergencia, la Red de Fundaciones comisionó a la firma Estudios Técnicos la confección de un estudio sobre la respuesta de las organizaciones comunitarias tras el paso de los huracanes. A través del Movimiento Una Sola Voz, 124 organizaciones de impacto comunitario respondieron una encuesta sobre cómo fue su respuesta al desastre entre septiembre del año pasado y enero de este año, explicó la directora de Análisis y Política Social de Estudios Técnicos, Anitza Cox.

De estas, 95% modificó su oferta de servicios tras los ciclones. Más de la mitad informaron que distribuyeron artículos de primera necesidad, agua o alimentos, reveló la investigación. Otras también se dedicaron al recogido de escombros (20.5%), a la distribución de mosquiteros (12.3%), operar comedores vecinales (9.8%) o a asistir en el control de plagas (8.2%). Una misma entidad pudo haber realizado más de una tarea luego del desastre.

Si se extrapolan los resultados del estudio a las 4,500 organizaciones sin fines de lucro de impacto comunitario que aproximadamente hay en la isla, se estima que, en los primeros cuatro meses de la emergencia, unas 200,000 personasse unieron como voluntarios a estas entidades, cada uno dedicando un promedio de 23 horas de trabajo con ellas e impactaron a 1,100,000 personas, señaló Cox. Esta cifra implicaque los voluntarios dedicaron unas 4.6 millones de horas al servicio de las comunidades, lo que sería equivalente a unos 2,000 empleos a tiempo completo, indicó el presidente de Estudios Técnicos, Joaquín Villamil.

El estudio permite no tan solo evidenciar el impacto de los grupos comunitarios en los meses inmediatamente después del desastre natural, sino que puede servir como una primera etapa para planificar su futuro, expresó el presidente de la Red de Fundaciones, Rafael Cortés Dapena.

“Debemos pensar cuál será el rol de las organizaciones sin fines de lucro. A Puerto Rico hay que reconfigurarlo y esperamos que este tercer sector juegue un papel muy importante en esa recuperación. Este estudio nos da la base para pensar qué pasó y poder tomar decisiones estratégicas”, sostuvo Cortés Dapena.

“Las necesidades del país son vastas y las instituciones sin fines de lucro y las fundaciones tienen que reenfocarse en las áreas donde ellos puedan aportar el máximo”, añadió.

También necesitan ayuda

Los huracanes Irma y María impactaron a Puerto Rico cuando ya llevaba más de una década en contracción económica, bajo la cual 45.1% de las personas viven bajo el nivel de pobreza federal y que ha provocado que 60,000 personas se fueran de la isla cada año entre 2014 y 2016, precisó Villamil. Puerto Rico, además, tiene el nivel de desigualdad más alto en Estados Unidos, indicador que se mide a través de lo que se conoce como el coeficiente de GINI, añadió el economista.

“Como resultado de la contracción tan prolongada, el gobierno local no tenía los recursos para responder (al desastre natural)”, apuntó Villamil.

Las organizaciones sin fines de lucro no se han librado de los golpes de los problemas económicos. Cox destacó que el 67% de las entidades reconocen que han enfrentado dificultades por la situación económica del país, mientras que el 52% señaló que ha tenido problemas con el flujo de efectivo.

Asimismo, tras el huracán María, tres de cada 10 organizaciones han experimentado atrasos en los pagos por los servicios que ofrecieron al gobierno, reveló Cox.

Aun así, el Museo de Arte Contemporáneo distribuyó artículos de primera necesidad, la Fundación Ángel Ramos distribuyó diésel, los Boys and Girls Club prepararon comidas calientes, las escuelas públicas Montessori se transformaron en centros de acopio y centros comunitarios, los recintos de Nuestra Escuela reclutaron a sus estudiantes para ayudas a sus comunidades...

“Con la situación fiscal y la demanda por servicios, tiene que haber un mensaje para el gobierno y la empresa privada que este sector es importante para el país. Necesitamos, de una forma moderada, que estos recursos lleguen del gobierno. Digo de forma moderada porque estamos de acuerdo que hay crisis en el país, pero estos donativos son una inversión social. Este deterioro económico ha tenido un impacto grande en el tercer sector, y es importante que este sector dé la ayuda, que den la mano es fundamental, se trata del safety net del país”, expresó Cortés Dapena.

Más allá del 100 x 35

A partir de septiembre se crearon más de 50 fondos para recaudar fondos para suplir las necesidades del país tras el paso del huracán, los cuales van desde los fondos grandes organizados por fundaciones hasta las cuentas de recaudación de donativos organizadas creadas en páginas de internet, señaló Petrovich.

Al momento, es difícil cuantificar cuánto dinero llegó a la isla mediante donativos, particularmente los que se recibieron directamente a entidades comunitarias, sostuvo la directora ejecutiva de la Red de Fundaciones. Tan solo el fondo Adelante Puerto Rico, manejado por la Red de Fundaciones, ha recibido unos $6 millones en donaciones, de los cuales ha repartido $1 millón, detalló Petrovich.

“El sector filantrópico organizado en Puerto Rico es relativamente pequeño y tiene un capital pequeño. Así que tenemos que abrirnos, demostrar la calidad de lo que se hace aquí y llegar a otros lugares para lograr que inviertan en nuestras organizaciones”, sostuvo Petrovich, quien destacó que buscan desarrollar talleres para enseñarles a las organizaciones sin fines de lucro a crear bases de datos y estados financieros detallados para rendir cuentas exactas de toda la labor que han realizado para ayudar en la recuperación.


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