La iniciativa sin fines de lucro agrupa psicólogos, trabajadores sociales, médicos generalistas y educadores en salud, entre otros, para atender las necesidades de los ciudadanos en los campamentos.

Yauco – Los terremotos que mayormente afectan la zona el sur del país desde el 28 de diciembre ya tiene a Luis Rodríguez al bordo del colapso mental.

“Yo me acuesto con un temor de que venga algo más fuerte y eso me crea ansiedad”, dijo el hombre, vecino del barrio Barinas, de Yauco.

A Rodríguez, quien también sufre de asma, le preocupa la seguridad de “los nenes que veo pasando por ahí” y de sus sobrinos. Para colmo, su condición de ansiedad se le recrudeció al pasar un mal rato durante uno de los recientes temblores.

“Estaba en mi casa cuando pasó un temblor fuerte y nos cogió de una manera que ella cayó histérica”, contó a El Nuevo Día sobre su esposa, Marisol Torres. “Me había preparado, por si pasaba algo, para salir corriendo de la casa, pero cuando pasó, ella me pinchó sobre el sofá y cogimos todo el temblor en la casa”.

Quebrantado emocional y físicamente, Rodríguez fue atendido esta mañana por médicos que forman parte de la Jornada Salubrista, un grupo de profesionales de la salud de diferentes especialidades como dentistas, generalistas, cardiólgos, sicólogos, siquiatras y trabajadores sociales, muchos de estos del Recinto de Ciencias Médicas, que se dieron a la tarea de brindar servicios tanto en el refugio del parque Mario Ramírez como en comunidades de Yauco como Villa Colibrí, donde vive Rodríguez.

Un esfuerzo similiar, bautizado como Ciencias Médicas Llega a Ti, también visitó Yauco hoy. Este grupo también brindó servicios en Guánica y, en las próximas semanas, hará lo propio en San Germán, Lajas, Utuado, Guayanilla, Peñuelas y Jayuya.

Rodríguez y Torres se mudaron a casa de una hermana de este y actualmente duerme en un vehículo. Fue atendido por el siquiatra Dimas Tirado Morales, quien es un puertorriqueño que vive en la ciudad de Filadelfia, Pennsilvania, y esta mañana se estrenaba como voluntario.

“Mucha gente está ansiosa y pues claro que van a estar ansiosos con todas estas réplicas”, dijo el galeno. “Lo que queremos es evaluar los casos en que la ansiedad los tiene paralizados. Como siquiatra, es importante tratar de detallar y observar a las personas que tienen pánico, que están frizados y ver cómo están manejando la situación y si no pueden, hacer los referidos y buscarles los medicamento, si necesitan”, dijo.

Los médicos de Jornada Salubrista, encabezado por el doctor Pablo Méndez Lázaro, llegaron hoy al Refugio Solidaridad, ubicado en Villa Colibrí. Allí, indicó el líder comunitario William Ortiz Negrón, duermen cada noche unas 40 personas, aunque llegaron a ser 60, algunos de estos también de la comunidad Estancias de María. El grupo ya perdió a dos familias que se fueron a Estados Unidos.

“Duermen en los automóviles, debajo de las carpas, en catres y en casas de campaña”, dijo Ortiz Negrón. “Están aquí porque se encuentran cerca de su comunidad. Algunos de aquí salen a trabajar a hacer su vida, en la tarde regresan, los que pueden entran a su residencia, se bañan y pernoctan aquí en la noche, que es cuando más peligro hay”.

El campamento ha sido visitado anteriormente por médicos, incluyendo sicólogos y siquiatras gestionados por la Liga de Cooperativas y la Cooperativa de Seguros Múltiples. “Sí hacen falta quiroprácticos para la gente que trabaja o un fisiatra. Las mujeres están en tensión y trabajan duro, son las más que trabajan aquí”, dijo Ortiz Negrón.

Wilfredo Sanabria duerme en el Campamento Solidaridad hace cinco días y su principal preocupación es una de sus hijas, que perdió su residencia. Sin embargo, él tiene sus propios problemas.

“A veces me da mucho dolor de cabeza pensando en estas cosas. Son 30 días que estamos en el movimiento este… en el meneo este. Cuando vienen fuerte, me tienen que aguantar porque me puedo caer”, dijo el hombre sentado en una silla cobijada por una carpa.

La Jornada Salubrista se divide en siete brigadas regadas por los diferentes barrios de Yauco. Mientras, unos sesenta profesionales de la salud permanecieron en el refugio del parque Mario Ramírez, también dando servicios.

El sicólogo Gabriel Pagán, de Migrant Health Center, es uno de estos profesionales destacados en el refugio.

“Lo que más he visto es la incertidumbre de qué va a pasar cuando se calme la emergencia, cuando se estabilice. Que, si vivo en el residencial y está en malas condiciones, lo que harán con ellos y cuánto va a tardar”, dijo Pagán al relatar algunas de las inquietudes que recibe.

¿Cuán importante es que las personas ventilen sus preocupaciones a un profesional de la salud?, se le preguntó.

Pagán respondió que un sicólogo, de entrada, puede detectar si la angustia que sufre un paciente es real o imaginaria. Partiendo de ese diagnóstico, el sicólogo puede identificar las herramientas que tiene la propia persona para lidiar con la situación.

“El profesional te va a ayudar a evaluar tus recursos para ver qué herramientas tienes que te pueden ayudar”, contó Pagán.

Ablai Albino, vecino del barrio Barinas, se sacaba la presión cuando conversó primero con El Nuevo Día. El hombre vive en una caseta “porque la segunda planta donde vivo se quiere caer”.

“Esto es horrible. Es algo que, de verdad, toca muy profundo porque es muy fuerte y no esperaba que temblara tanto. Ha pasado tanto tiempo temblando y temblando. Nos hemos acostumbrado al temblequeo, pero a veces uno flaquea”, contó el hombre, que vive solo.

Cuando se le indicó que había sicólogos disponibles, el hombre contestó “hoy no”.

Su vecino, Elmer Román, primo del Secretario de Estado con quien comparte el mismo nombre, se proyecta más animado, pero a medida que conversó con El Nuevo Día reconoció que no está bien y que quiere reencontrarse con su esposa en Estados Unidos.

“La mandé a Estados Unidos con mi nieta. Ella cayó en un estado de nervios con un revolú ahí con los temblores. Cayó en un estado… y le dije que yo solo me puedo defender”, comentó el hombre, quien duerme todas las noches en su vehículo, aunque su residencia no ha sufrido daños.

“Pero no duermo en ella porque tengo temor”, dijo.


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