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El documental “After Maria”,de 37 minutos, ha recibido múltiples críticas de puertorriqueños que piden a Netflix que la saquen de su lista de filmes disponibles para sus suscriptores. (Suministrada)

Para poder comprender a fondo lo vivido por estas tres féminas protagonistas del filme, Glenda Martes, Kenia Ciuro y Sheila Molina, este medio intentó -sin resultado- realizarles una entrevista en persona. Pese a su disposición de contar sus experiencias, la gerencia de Netflix no autorizó a que fueran entrevistadas.

Nueva York - La indignación y rabia de miles de puertorriqueños tras el estreno del documental parece no tener fin en las redes sociales. La narrativa que se esparce en su contra es específica: el filme no representa el sufrimiento que atravesaron los habitantes de Puerto Rico, luego de ser abatido por dos ciclones mortales que marcaron su vida para siempre.

Por tratarse de un proyecto de formato corto sobre la experiencia de tres mujeres que perdieron su hogar y recibieron asistencia federal para vivienda temporera en la ciudad de Nueva York, el trabajo de la cineasta Nadia Hallgren ha sido tildado de manera despectiva y, al cierre de esta edición, corría una petición con más de 27,060 firmas para que Netflix lo elimine.

La cinta -que retrata de forma escueta las adversidades que enfrentaron Glenda Martes, Kenia Ciuro y Sheila Molina, junto a sus familias- se rodó durante su estadía en un hotel del Bronx subvencionado por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) a partir de diciembre del 2017.

Al trío de mujeres, se le ve viviendo el día a día con la incertidumbre que conlleva un desplazamiento forzado y la ausencia de bienes en un lugar foráneo con idioma desconocido.

En una que otra escena, salen tomas de sus gestiones para conseguir casa estable y empleo, pero también se resaltan sus comodidades durante el proceso. Tanto así que hay una escena de más de dos minutos donde Ciuro cocina tostones en estufa eléctrica, mientras su hija permanece estupefacta en el celular y sale a buscar hielo al pasillo de la hospedería.

Predomina el rechazo

Es debido a estos marcados contrastes entre lo que padecieron los que permanecieron en la isla y los que se marcharon a los pocos meses, que usuarios de la red social Facebook han desatado su enojo en esa plataforma digital.

Cristal Garamendi, residente en San Juan, develó en una publicación con sobre 3,000 “shares” que “María nos azotó y nos destruyó... eso esta más que claro... TODOS lo sufrimos y lo vivimos... En mi opinión el documental After María en Netflix, es INFAME!”.

A su vez, la maestra de escuela secundaria Katty Báez cuestionó por qué estas familias no se ocuparon rápido de establecerse y cortar la dependencia de las ayudas gubernamentales. “Creo que para muchos la situación de María fue difícil, pero por qué se van esperando que todo se lo den? Cómo no buscaron apartamento rápido? Eso era una ayuda temporera y por lo tanto, tenían que buscar trabajo y casa”, publicó

Miles de comentarios similares a este inundan los muros cibernéticos de puertorriqueños. Empero, el asunto no ha de tomarse con simplicidad, ni contexto, asegura el documentalista y cineasta nuyorican Andrew Padilla.

A su entender, lo que se vivió tras el huracán María son experiencias “totalmente multifacéticas, y no se puede pretender que una historia aplaste a otra”.

Incluso, comentó Padilla, más allá de desplegar enojo virtual, hay que concentrar toda esa energía en contar “lo que falta”.

“Han pasado muchas cosas después de María. Ningún documental podría cubrir todo el trauma. Todas las formas en que nuestra gente fue abandonada, y ahora, se aprovechan al intentar reconstruir mientras luchamos por permanecer. Pero hay que entender que son demasiadas las maneras en las que nuestra gente fue dañada por María, sobre todo, por el colonialismo. Una pieza cinematográfica no puede ser todo”, explicó.

Manuel Avilés, profesor de Medios y Cultura en la Universidad del Estado de Arizona, destacó que la crítica negativa debe ser analizada desde “varias vertientes”. Y es que, al puertorriqueño y puertorriqueña continuar desangrando por la misma herida, la sensibilidad aflora a plenitud y nunca hay satisfacción, consideró.

“Nosotros, y me incluyo como diáspora, estamos muy sensibles a la forma en que se trabajan estos temas. No estamos satisfechos por la manera en que se trabajó el huracán desde el gobierno estatal y federal y los medios”, subrayó.

Avilés enfatizó que 37 minutos “no son suficientes para presentar el universo tan complejo de sufrimiento, problemas, pérdidas de vida, emigración forzada” que provocó el desastre natural.

Además, mencionó que no se puede perder de perspectiva el incipiente discurso sobre los que se van y los que se quedan que ha desatado la constante mudanza de boricuas a los Estados Unidos.

Esta realidad, abundó, “está provocando un binarismo preocupante que hace veamos al que se fue como un traidor, cuando realmente no sabemos las particularidades de cada historia y persona”.

El detonante

Marisol Lebrón, profesora de estudios latinos y autora del texto Policing Life and Death: Race, Violence, and Resistance in Puerto Rico, da un paso al frente considerando que el asunto trasciende el #Yonomequito y enmarca graves situaciones de clasismo, racismo y misoginia. El presentar a tres féminas con asistencia federal, el pueblo ha sido un detonante de nuestras luchas como pueblo.

“Este es un tema más profundo que tiene que ver con rechazar y ridiculizar a las personas pobres y de clase trabajadora, como los llamados ‘mantenidos’ que son perezosos y que solo necesitan recuperarse. Sin embargo, la pregunta más profunda es: ¿por qué se espera que los puertorriqueños soporten una violencia y un trauma increíble, no reciban ayuda y luego, actúen como si nada hubiera pasado para ser vistos como sobrevivientes auténticos y representativos de María?”, cuestionó.

Su argumento se robustece con la publicación de María Camila Montañéz, egresada del programa de periodismo en español de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, quien alega que el problema eterno de Latinoamérica y el Caribe es el clasismo.

“Esto es solo parte de una compleja historia interminable: la migración y la ineptitud y negligencia de FEMA”, expuso Montañez.

Negativa de Netflix

Para poder comprender a fondo lo vivido por las tres protagonistas del filme, este medio intentó -sin resultado- realizarles una entrevista. Pese a su disposición de contar sus historias, la gerencia de Netflix no autorizó a que otorgaran la entrevista.

Ante el mar de críticas negativas que ha recibido el documental, FEMA sí habló sobre la ayuda brindada y la realidad de más de 220 familias que requirieron la ayuda del programa de asistencia de vivienda transitoria (TSA, en inglés), que llegó a desembolsar $101 millones solo para las estadías de hotel.

Daniel Llargues, portavoz de la agencia federal, afirmó que todas las familias tuvieron acceso a un manejador de casos “que se reunía con ellas regularmente para saber los planes de vivienda permanente, costos y necesidades”.

“Nosotros no pusimos a nadie en ningún lado. Las personas que llegaron a Nueva York, de Puerto Rico, llegaron por sus propios medios… todo fue a discreción del sobreviviente”, puntualizó al inquirírsele por qué hubo más de 130 alojamientos en la ciudad de Nueva York, donde el costo de renta es uno de los más elevados de Estados Unidos.

La renta mensual promedio de un apartamento de dos cuartos en Nueva York es de $3,567, según el portal de bienes raíces ABODO, y los arrendatarios exigen un sueldo de cuarenta veces la renta para ser elegible.

Llargues sostuvo que la prioridad de FEMA fue y es atender las necesidades inmediatas tras una catástrofe, como brindar un “lugar seguro, sano y habitable”.

Fue el 30 de octubre de 2017 cuando esta ayuda fue aprobada por la agencia, tras el gobernador Ricardo Rosselló Nevares solicitarla. El huracán María pasó por la isla el 20 de septiembre de ese año.

“Toda petición de FEMA es petición del gobernador y la ayuda se extendió en tres ocasiones”, agregó el funcionario federal.


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