Una residencia en La Luna. (GFR Media)

Guánica – Punta Jacinto y La Luna son dos comunidades de contrastes, pero afectadas de igual manera la racha de terremotos que ha afectado al país desde el 28 de diciembre. Ninguna tiene energía eléctrica y las estructuras en ambas han sufrido daños considerables.

Punta Jacinto se encuentra en la carretera PR-333, poco después del clausurado hotel Copamarina y su único acceso, la carretera PR-333, está cerrado tras varios desprendimientos de imponentes rocas cayendo sobre la carretera. A mitad de camino, lo que queda del faro de Guánica, ejemplifica el enorme impacto de los sismos en la zona, donde abundan las residencias de alto costo con vista a Ensenada.

En La Luna, El Nuevo Día observó varias familias con casetas instaladas frente a sus patios para pernoctar. Mientras, en el parque de pelota cierntos de guaniqueños duermen todas las noches a la interperie.

En el caso de Punta Jacinto, residentes como Domingo Antonio Torres Bonilla reclamaron acción inmediata del gobierno.

“Que hagan la limpieza. Que traigan un digger (excavadora), saquen todas esas piedras y hagan una limpieza”, dijo el hombre al referirse a las rocas que abundan sobre la vía de rodaje. Torres Bonilla habló con El Nuevo Día frente a un lote donde hay varios vehículos estacionados.

“Es de gente que se está quedando (a dormir) por las noches. No se han querido ir porque a mucha gente les quieren clausurar las casas. Dicen que el 80% de las casas están malas, pero no es cierto, hay unas cuantas casas que están mal”, sostuvo el hombre.

Cuando se le recordó que la tierra sigue temblando, esto ante su insistencia de que se reabra la PR-333, contestó: “en la vida no hay nada seguro”.

“Aquí no hay agua, no hay luz… es triste”, dijo.

Francis Holena, natural del estado de Pennsylvania, compró una casa hace dos años en una comunidad cercana a Punta Jacinto llamada El Pitirre y frecuenta la isla casi mensualmente.

“Esto ha sido muy interesante, muy interesante”, dijo al aludir a las pasadas dos semanas. “Bregué con María, cuando no hubo agua ni luz, pero pasó y ya. Esto sigue y sigue. La casa se mueve, te despierta, no puedes dormir en la noche y parece que los temblores son cada 20 minutos. Prefiero vivir con María otra vez que esto”, dijo.

Holena reconoce que la carretera no es segura, “pero nada es seguro ahora mismo”, dijo mientras intentaba salir a bordo de una guagua que se daña constantemente, con su amigo Jason Egenski a un mecánico. “Pero tienes que seguir viviendo”, dijo.

Varios miembros de la comunidad han abandonado el lugar, según Holena, quien dijo que probablemente sea el único viviendo en el área.

“Amo todo sobre Puerto Rico… la razón para comprar en esta área de la isla fue porque casi siempre los huracanes pasan por el este, pero no sabía que la falla de los huracanes era por acá… espero que esto no pase nuevamente mientras viva”.

Atiende el asunto “con premura”

En entrevista con El Nuevo Día, el alcalde Santos Seda dijo que el plan a corto plazo para estas dos comunidades consiste en hacer inspecciones en la PR-333 “para trazar un plan permanente allí”.

Seda mencionó la posibilidad de ensanchar la carretera, que de por si es angosta y da, por un lado a una montaña y por el otro a un acantilado.

“Estamos buscando soluciones”, dijo el alcalde.

Resignación en La luna

En La Luna, José Bracero acariciaba un pequeño chihuahua cuando El Nuevo Día. Según dijo, perdió la casa donde vivía con su esposa y su hija, por lo que la residencia de su sobrina, ubicada frente a un parque de pelota que se ha convertido en refugio de cientos de compueblanos, será su casa por ahora.

“Mi casa con los temblores en el barrio es pérdida total”, dijo el hombre, quien comparte la residencia de su sobrina con 17 personas que viven en diferentes casetas de campaña. “Es la primera experiencia y no se la recomiendo a nadie. Esto ha sido desastroso para nosotros, principalmente para mí, que nací y me crié en el barrio y de un día para el otro lo perdió todo”.

Bracero, quien reconoció que no le ve salida a esta crisis, describió el temblor de ayer en la mañana como “terrible”.

“Eso parecía que se iba a caer otra vez… de casualidad llevé a mis papás a su casa porque estaba tranquilo y cuando empezó a temblar tuve que salir corriendo para la casa y me lastimé la rodilla”.


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