En el residencial Manuel F. Rossy, residentes han decidido permanecer a las afueras de sus apartamentos luego de divisar una serie de grietas y desprendimiento de empañetado. (Jorge Ramírez Portela / Especial para El Nuevo Día)

En el estacionamiento del viejo edificio de la Guardia Nacional de San Germán, Christ y Jenniffer Collado Morales juegan voleibol en un improvisado "equipo" que han formado con otros niños que, como ellos, han pasado gran parte de sus vacaciones navideñas en un corre y corre y un sinvivir producido por los continuos temblores de tierra en la región suroeste del país.

Desde el pasillo de este refugio sangermeño su madre y jefa de la familia, Jessica Morales, les observa y piensa si encontrarán su casa levantada en el barrio Duey y si alguna vez podrán regresar a ella, según relató a El Nuevo Día.

Christ, Jenniffer y su madre son tres de las 159 personas que han buscado refugio en San Germán,según datos del Negociado para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (NMEAD) en la región V de Mayagüez.

Este número no incluye a los cientos de personas que durante la noche duermen en sus carros o en casetas de campaña en estacionamientos públicos de este municipio preocupados porque sus casas puedan colapsar debido a los movimientos telúricos que desde la última semana de diciembre sienten cada vez con más frecuencia en esta región.

Morales llegó a este refugio el 28 de diciembre. Las paredes de su casa se desplazaron con los temblores y el cuarto de su hija se reclinó, según narró a este diario.

Días después de ponerse a salvo y también a su prole, regresó a su casa y sacó lo que pudo: tres camas, algunos muebles y varias piezas de ropa que acomodó en un cuarto del refugio. Recibió el Año Nuevo en esas condiciones y con la incertidumbre, que persiste hoy día, de a dónde irá a vivir con su hijo e hija.

En el pasillo de ese edificio por el que antes paseaban militares, trata de descansar en un catre Betzaida Echevarría. Esa tarea no le resulta fácil, en la cabeza le da vueltas la idea de irse con sus hijos a Estados Unidos mientra el corazón le da vuelcos cada vez que siente el más mínimo movimiento.

Esta vecina de San Germán llegó al refugio ayer, martes, temerosa por el intenso movimiento que el terremoto sentido esa madrugada causó en el edificio Joanne Apartments donde vive en el piso 11 con su madre de 89 años de edad, su hija de 16 y el varón de 10.

“Tuvimos que salir y bajar las escaleras lentamente y poco a poco”, comentó Echevarría, quien no atreve a regresar a su apartamento hasta que la tierra deje de temblar y un ingeniero certifique que el edificio es seguro.

Muchos de sus vecinos se han refugiado con familiares y otros prefieren pasar la noche en el estacionamiento del complejo y no bajo el techo de sus hogares.

Esta madre, también jefa de su familia, contempló esa idea, pero prefirió irse al refugio municipal porque allí recibe atención médica y cuidados para su anciana madre.

Los frecuentes temblores hacen que Echevarría se sienta “todo el tiempo mareada, asustada, sin poder dormir”.

El llanto y la incertidumbre prevalecen en el ánimo de esta sangermeña.

Sin embargo, los lazos de solidaridad que, en apenas unas horas, se han creado en este refugio, le ayuda a Echevarría, como también a Marangelly Morales, otra madre jefa del hogar, a sobrellevar la situación.

Esta última se movió con su madre y cuatro hijos a este refugio cuando empezó a temer que su casa ubicada en el barrio Rosario bajo se derrumbaría. Los movimientos de tierra socavaron algunas de las tuberías y la residencia se inundó.

“La verdad que yo tengo miedo de volver allí”, comentó a El Nuevo Día.

Piensa que moverse al refugio también le dio tranquilidad a sus hijos, quienes terminaban llorosos cuando la tierra se sacudía. Ahora, en el estacionamiento de lo que era el edificio de la Guardia Nacional, sus hijos han encontrado la compañía de otros niños y un patio firme lo que les ha cambiado el ánimo.

Ella también se siente más segura y agradecida de los otros refugiados y empleados municipales que entre canticos, rezos, chistes y alguna que otra lágrima se han apoyado y compartido sus pánicos.

El alcalde de San Germán, Isidro Negrón, insistió en que, en estos momentos, es esencial que las familias de su municipio y de toda la región reciban apoyo profesional para enfrentar la ansiedad que esta situación les produce.

“(Lo impredecible) hace que el ciudadano se sienta impaciente, se sienta angustiado”, expresó el Ejecutivo Municipal.

En el ánimo de los residentes se suma también cierta desconfianza hacia la información que le provee el gobierno estatal y los ejecutivos del sector privado cargo de ciertas instalaciones.

En el complejo residencial Manuel F. Rossy, por ejemplo, varios residentes que durmieron anoche en el estacionamiento de la facilidad, no están seguros si pernoctar en sus apartamentos es una buena decisión. No solo es el jamaqueo que sienten cuando la tierra tiembla, también están visibles algunas grietas y desprendimientos en el empañetado de varios edificios.

Katherine Muñiz dijo que personal administrativo del complejo los reunió y les aseguró que los edificios que forman el complejo de viviendas es seguro y que fue inspeccionado por un ingeniero estructural.

“El ingeniero dijo que era imposible que el edificio colapsara porque era una estructura de hormigón resistente. Dijo que primero se hundía Puerto Rico”, comentó Gloria Santiago. “Yo que soy madre, no me da seguridad”, agregó.

San Germán, que posee importantes edificios históricos- entre ellos la iglesia Porta Coeli- en su centro urbano, no ha sufrido daños en ninguna de esas edificaciones, aseguró el alcalde.


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