Modesto Cepeda y su nieto Exan Jair, en los tambores. Bailan su hija Brenda y su nieta Jo Ann. (horizontal-x3)
Modesto Cepeda y su nieto Exan Jair, en los tambores. Bailan su hija Brenda y su nieta Jo Ann. (Vanessa Serra Diaz)

A sus 78 años, Modesto Cepeda Brenes insiste en dar las clases de fundamentos de la bomba a los niños más pequeños de su escuela, porque cree que ese primer contacto con el género musical de raíz africana es clave en la preservación de esa tradición.

“Esos niños son como unas esponjas. Empiezo con las canciones infantiles, con ritmo de bomba, y sin que ellos se den cuenta les pongo la clave”, explica con entusiasmo para luego tararear la letra de “Mi escuelita” tocando el barril en tiempo de bomba.

Habla por experiencia propia, pues todavía recuerda las extensas tertulias que se daban en su casa en la parada 23 en Santurce, entre su padre don Rafael Cepeda, su madre doña Caridad y sus amigos, que siempre terminaban con toques de tambor, cantos y bailes. 

Ese fue su ejemplo desde niño y ahí él y sus 11 hermanos aprendieron el género musical que más tarde expondrían en el grupo la Familia Cepeda. De hecho, ese fue el origen de los proyectos, escuelas y grupos que han tenido posteriormente él y sus hermanos.

Modesto empezó como educador a mediados de la década de 1970. Eso fue después que su familia se mudara a Villa Palmeras y que él se hubiese ido al Ejército como voluntario en busca de un sustento más seguro que el que tenía en aquellos tiempos.

A su regreso, ingresó al Puerto Rico Junior College para estudiar pedagogía y antes de terminar el grado asociado consiguió trabajo en la escuela Santa Magdalena Sofía, en Villa Palmeras, a donde llegó esperando ocupar un puesto de ayudante y terminó con uno de maestro en propiedad por insistencias de la directora María Milagros Carbonel.

“Nuestros padres nos hablaban del valor de esta música y se convirtió en una vivencia diaria que había que defender, porque no podíamos permitir que ese legado que nos habían dejado nuestros ancestros desapareciera”, dice Modesto sentado frente a su inseparable barril en la Escuela de Bomba y Plena de Puerto Rico Rafael Cepeda.

Eso precisamente fue lo que hizo tan pronto entró en aquella escuela, que marcó su trayectoria. Lo asignaron a dar el quinto grado y, tan pronto comenzó, citó a los estudiantes para un sábado, llevó a su esposa e hijas y empezó a enseñarles bomba y plena. 

Ese mismo semestre creó el primer grupo de los que ha tenido, el Programa de Acción Experimental de Niños (Pasen), que luego cambió el nombre a Cimiento de Puerto Rico, que continúa activo. 

Allí estuvo cuatro años, luego pasó al Colegio San Juan Bosco, en Cantera y, más tarde, al programa Head Start de San Juan. Posteriormente, cuando ya había hecho un grado asociado en música, entró al Departamento de Educación, donde lo reclutaron como profesor de esa disciplina y se mantuvo enfocado en enseñar sobre el folclor y organizar grupos con los estudiantes.

Sobre su laborde educar a personas fuera de las familias que tradicionalmente cultivaron la bomba y la plena, Modesto confiesa que “al principio, muchas personas no estuvieron de acuerdo. 

Decían que eso no se enseñaba, que eso no se transmitía, y yo les decía: ‘si no se transmite a las nuevas generaciones cómo eso va a persistir en el futuro’, y no hice caso”.

De hecho, insistió tanto que hace como 30 años compró un local en el sector Playita y fundó la Escuela de Bomba y Plena, que ahora ubica en Villa Palmeras. Desde entonces, le ha transmitido sus conocimientos a miles de niños y adultos a través de una entidad sin fines de lucro en la que trabajan sus hijas, y antes de fallecer, su esposa.

“Esto nunca fue un trabajo. Esto es nuestro estilo de vida. Es un sueño. Algo que habíamos recibido por herencia y que no es nuestro y que tenemos que seguirlo pa’lante. Es un compromiso”, afirma una de sus hijas, Brenda, cuyos retoños, Jo Ann Delgado Cepeda, de cuatro años, y Exan Jair Cepeda, de 12, también aprenden de ella y su padre. De hecho, al terminar la entrevista, Exan Jair acompaña a su abuelo en los tambores, mientras Brenda y Jo Ann bailan y agitan sus faldas al son del ritmo cadencioso que llena el recinto.

Por ese compromiso y sus años de dedicación a la educación, Modesto -educador, músico y folclorista- recibió recientemente la Beca Patrimonio Nacional 2017 del National Endowment for the Arts, (NEA) en reconocimiento por su contribución a la música de bomba y plena. La NEA fue creada por el Congreso de Estados Unidos en 1965 para apoyar el desarrollo artístico cultural y la diversidad, igualdad y herencia cultural en las comunidades.

Bajo ese reconocimiento se cobija no solo el esfuerzo en las clases, sino un proyecto integral que incluye actividades para involucrar a la comunidad a través de actividades que se realizan todo el año. 

En su calendario se encuentra: el Día Nacional de la Bomba, en marzo; Día Nacional de la Plena; y Fiestas de Cruz, en mayo; Casa abierta, en septiembre; Carnaval, en octubre; Encendido Navideño, en noviembre; y la Parada de los Reyes, en diciembre. Actualmente, la escuela cuenta con 10 voluntarios que ofrecen clases y organizan los eventos y dos costureras que hacen las faldas.

Sobre el reconocimiento, Modesto dice en tono casual: “De cualquier malla sale un ratón. A mí lo que me interesa es que esto siga... que va a seguir”.


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