Para la Naturaleza produce la mayoría de las semillas del programa Hábitat en su vivero del Jardín Botánico Norte, en Río Piedras. (Teresa Canino )

Las iniciativas de reforestación tras el paso del huracán María, cuyo segundo aniversario se cumple este viernes, han producido, al menos, la siembra de 180,114 árboles en todo Puerto Rico.

A través del proyecto Sembrando Futuro, anunciado en noviembre pasado, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) ha plantado poco más de 110,000 árboles nativos y endémicos, indicó la directora del Negociado de Áreas Naturales Protegidas y Servicios Forestales de la agencia, Darien López.

La meta de Sembrando Futuro es plantar 500,000 árboles en cinco años, por lo que lo hecho hasta ahora representa un 23% de ese total. Las siembras procuran la reforestación de las 134 cuencas hidrográficas de la isla.

“Las cuencas son zonas sumamente importantes. Tener cuencas reforestadas ayuda a minimizar la erosión y la sedimentación y a mejorar la calidad y cantidad de agua. Mientras más árboles tengamos, mejor se recargan los acuíferos, embalses y ríos”, dijo.

Por otra parte, a través del programa Hábitat, anunciado en abril de 2018, la organización Para la Naturaleza ha producido 195,000 semillas y sembrado 70,114 árboles nativos, endémicos, raros y en peligro de extinción, precisó el director de Áreas Naturales de la entidad, Rafael Rivera.

Hábitat tiene como meta la siembra de 750,000 árboles en siete años en áreas naturales protegidas y bosques, pero también en contextos urbanos y costeros. Además, Para la Naturaleza está plantando árboles frutales, aunque no sean nativos o endémicos, pues María evidenció la vulnerabilidad alimentaria del país.

“Para el primer año del programa, la meta era producir 50,000 semillas y sembrar 30,000 árboles. Produjimos 120,000 semillas y sembramos 30,195 árboles, por lo que rebasamos la meta. Para este segundo año, ya alcanzamos la meta de producir 75,000 semillas y, de los 50,000 árboles que queremos sembrar, ya tenemos el 79% o 39,919. Hemos sembrado en nuestras propiedades y les hemos donado a agricultores, municipios y otras entidades. Todo ha sido colaboración”, declaró Rivera.

Diversas especies

Entre las especies plantadas a través de Sembrando Futuro, López mencionó guaraguao, almendro, emajagüilla, uva playera, caoba, maga, roble nativo, cóbana negra y árbol de violeta.

“Las siembras se están coordinando con nuestras oficinas regionales, y también contamos con el apoyo de organizaciones como Para la Naturaleza y The Nature Conservancy. Enviamos técnicos a las áreas para que nos recomienden qué especies sembrar”, dijo López, al señalar que, en términos generales, las siembras del DRNA tienen una sobrevivencia de entre 30% y 40%. La expectativa aumenta en áreas protegidas.

Informó que el DRNA recibió una subvención de $250,000, del Servicio Forestal federal, para la “restauración completa” del vivero de Cambalache, en Arecibo, que es el principal de la agencia. El proyecto contempla rehacer los umbráculos y las áreas de trabajo y administrativas del vivero, así como la compra de equipos.

“Nos va a permitir tener un sistema más moderno y eficiente”, sostuvo López, y estimó que los trabajos en Cambalache –a cargo de un ente privado– comenzarían en tres semanas y demorarían tres meses. El DRNA opera siete viveros regionales y otros más pequeños en bosques estatales, que se dedican a colectar semillas.

De forma paralela, el DRNA mantiene una campaña educativa en escuelas y actividades abiertas, como ferias, sobre qué, cómo y dónde sembrar.

Mientras, Rivera detalló que Para la Naturaleza ha sembrado capá blanco, capá prieto, cedro, malagueta, mangle botón, cordia, ceiba y moca, entre otras especies.

La meta de Hábitat es tener entre 75% y 80% de sobrevivencia, así que tenemos grupos de trabajo que les dan mantenimiento a las siembras, al menos, una vez al mes o cada dos meses. Si hay algún árbol muerto, lo sustituimos con la idea de mantener la meta de siembra. En esta etapa inicial es bien importante el acompañamiento”, dijo.

Aparte de reforestación, el programa Hábitat impulsa el establecimiento de 30 centros resilientes en la isla. Son espacios equipados con placas solares y baterías de resguardo, cisternas y sistemas de recolección de agua de lluvia, con la idea de que sirvan a las comunidades durante emergencias. Hasta el momento, se han establecido 11 centros.

Igualmente, Hábitat ofrece adiestramientos en agroecología, y decenas de agricultores ya se han beneficiado de talleres, repartición de árboles y semillas y ayuda directa para la compra de equipos.

Lenta recuperación

De otra parte, el ecólogo Ariel Lugo, director del Instituto Internacional de Dasonomía Tropical del Servicio Forestal, dijo que, aunque los bosques ya recuperaron su verdor post-María, su estructura está lejos de ser como era hace dos años, ya que perdieron mucha altura.

“Los doseles ya no son como antes, parejos y cerrados. Ahora ves árboles individuales y tallos que no se observaban. Los bosques están en trayectoria a recuperarse, pero eso varía geográficamente porque María no los afectó a todos por igual”, expuso.

Lugo hizo referencia al trabajo del biólogo Humfredo Marcano, del Servicio Forestal, quien analizó la respuesta de los bosques al huracán. Sus resultados preliminares demuestran que el 31% de los árboles grandes tienen rotura en sus topes o doseles. En promedio, los árboles perdieron el 42.8% de su altura.

Ese dato es bien importante y significativo, porque refleja que los vientos de María eran tan fuertes que los árboles se partieron por la mitad”, dijo Lugo.

En cuanto a las tasas de mortalidad de árboles, la investigación de Marcano arrojó que en el bosque seco –al sur de la isla– fue de 3.9%, en los bosques húmedos –tierras bajas y valles– fue de 11.9%, y en los bosques muy húmedos y lluviosos –en los topes de las montañas– fue de 15.5%.

En promedio, la mortandad para toda la isla fue de 10.4%, que equivale a 144 millones de árboles.

Anualmente, la mortandad de árboles en los bosques de Puerto Rico es de 5.9%, indicó Lugo. “La mortandad en los bosques es continua, y los bosques de Puerto Rico son bien dinámicos. Como son bosques jóvenes, donde hay mucha competencia, el promedio de 5.9% es bastante alto, y con María se duplicó. La mortandad de 10.4% provocada por María es proporcional a la magnitud del evento”, puntualizó.

Lugo también resaltó el trabajo del estudiante Héctor Barreto, de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, quien, como parte de su tesina, encontró que el Bosque Estatal de Carite recuperó su verdor 11 meses después de María. Otros bosques lo recobraron en apenas un mes y medio, ya que no resultaron tan afectados.

“Los bosques costeros fueron fuertemente golpeados en el noreste y sureste. Aún hay grandes extensiones de manglares y bosques de Pterocarpus muertos sin evidencia de recuperación. Se pierden, por lo tanto, el control de carbono y muchos de los servicios con la vida silvestre”, dijo.

Según Lugo, podrían pasar hasta 20 años para que “una persona sin adiestramiento” no se percate de que el huracán María azotó los bosques del país.

Vigilan especies exóticas

En el Bosque Nacional El Yunque, que tuvo una defoliación o pérdida de hojas de un 70% con María, el verdor se ha recuperado “casi en su totalidad”, señaló el ecólogo a cargo de la vegetación allí, Ricardo Santiago García.

“Aunque ha habido unos cambios bien grandes, el proceso de sucesión natural y regeneración se ha dado. Hay árboles que murieron por el impacto directo. También, hay un efecto conocido como ‘delayed mortality’ (mortalidad retrasada), que son árboles que están muriendo ahora a consecuencia del huracán. Es bien difícil determinarlo, pero es probable que lo estemos viendo y siga a través de los años”, dijo.

Santiago García explicó que, debido a que María “dejó el dosel de El Yunque bastante abierto”, ha cambiado la distribución de algunas especies, incluyendo invasivas o exóticas. Al entrar más luz solar al bosque, las condiciones ambientales se alteran.

Al momento, los expertos del Servicio Forestal vigilan la enredadera conocida como “kudzu”, cuya distribución ha aumentado post-María. “Ya estaba presente en el bosque, pero la situación es que desplaza a las especies nativas”, indicó.

Santiago García y su equipo realizan censos para determinar cuánto se ha expandido la planta, lo que daría paso a estrategias de control. Las opciones incluyen remoción manual y reemplazo o reforestación selectiva con especies nativas.

“Tenemos un plan de manejo, que fue aprobado recientemente, para llevar al bosque a condiciones deseadas: dosel cerrado, dominado por especies nativas, y con control y manejo de especies invasivas”, puntualizó.


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