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Al menos 23 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en casos de violencia de género. (Suministrada)

“Quería salir de ahí, pero no sabía cómo”.

Fueron 17 años sometida al abuso físico y emocional de su esposo, 17 años queriendo salir de una relación que le hacía daño, 17 años en los que, en ocasiones, llegó hasta sentir pena hacia su agresor.

Poco tiempo antes de cumplir los 40 años, Melissa (nombre ficticio para proteger su identidad) halló en el menor de sus cuatro hijos -el único producto de la relación matrimonial- la fuerza que necesitaba para huir.

“Mami, yo no puedo más”, le dijo el adolescente tras presenciar cómo su padre la jamaqueaba.

Al poco tiempo, Melissa se divorció, pero la tranquilidad aún no llegaba a su vida. Al mes de separarse legalmente, su exmarido la amenazó. “Llegó a decirme que yo estaba con alguien, que iba a ir al trabajo a matar a equis persona y ahí me asusté. Ahí dije: “‘Esto tiene que parar’”, relató la mujer.

Una vez más se llenó de fuerza y acudió al tribunal, solicitó una orden del protección que hoy permanece vigente. Prefirió no acudir a la Policía, organismo del que nunca obtuvo respuesta rápida. “En una ocasión, ellos (la Policía) hicieron querer ver que yo era la agresora”, contó.

“Pensé que me iba a matar y se iba a matar él. Yo dije: ‘Él está obsesionado, esto no es ni amor’”, relató Melissa, quien encontró en el Centro de Apoyo para Víctimas del Crimen (CAVIC), de la Universidad Interamericana, las herramientas de ayuda.

Ayer, otra mujer fue asesinada en medio de una incidente machista. Contrario a Melissa, no pudo escapar a tiempo. Ana María Morris, de 60 años, se convirtió en la víctima número 23, en lo que va de año, de la violencia de género. El año pasado fueron 12 las mujeres asesinadas.

Según informes de la Policía, Manuel de Jesús llegó, en la madrugada de ayer, a la residencia de su exesposa y la asesinó. Se cree que el individuo forzó la alarma para lograr acceso a la residencia en la que se encontraba la víctima.

La cifra, que es mayor a las reflejadas en la isla entre 2012 y 2017, podría seguir aumentando ante la cercanía de las fiestas navideñas, temporada en la que históricamente se disparan este tipo de casos. En diciembre del 2017, tres mujeres fueron asesinadas.

“Sabemos que hay un factor particular y es que el alcohol tiende a ser un desinhibidor de conducta. Si aumenta el consumo de alcohol, disminuyen las capacidades de juicio, se reduce el manejo de emociones, aumenta la agresividad, así que hay más riesgo de incidentes de violencia”, señaló la doctora Shiara M. Francisquini, gerente de Psicología y Consejería del CAVIC.

“Es momento de trazar nuevos planes de escape, de revisar cuáles son las medidas de seguridad que estamos tomando, cuáles son los planes alternos que tenemos en caso de que el incidente no ocurra en la casa”, añadió Francisquini.

CAVIC es una organización sin fines de lucro adscrita a la Universidad Interamericana Recinto Metropolitano. La entidad -que comenzó a operar en el 2016- ofrece servicios interdisciplinarios a sobrevivientes de las diferentes tipologías de violencia.

“Nosotros no solamente tratamos de evaluar y ofrecer servicios, sino ser muy sensibles a lo que está ocurriendo con esa persona. Es necesario también el apoyo. Ellas no saben, en muchas ocasiones, cómo salir, no tienen recursos económicos”, señaló Evelyn Nieves, directora de CAVIC.

Desde que fue fundado, CAVIC ha atendido a unas 1,000 personas. De estas, el 60% son víctimas de la violencia machista. En CAVIC, las sobrevivientes y sus familias encuentran servicios de enfermería, consejería, psicología y apoyo legal.

El aparato gubernamental y la mirada que se le da desde el poder a la violencia de género tienen que ser transformados, señaló Nieves. Uno de esos mitos que hay que desmitificar es que la violencia de género es un asunto de salud mental.

“Si nosotros decimos que es un problema de salud mental, estamos diciendo que es un asunto individual, de una persona y esto es un asunto de salud pública. Sino, vamos a justificar la conducta violenta en vez de penalizarla, que es lo que tenemos que hacer”. expresó Nieves.

“(El agresor) no está loco, es que es un asunto de poder y control de esa persona sobre otra y se da por aspectos que tienen que ver con la violencia generalizada hacia las mujeres”, puntualizó Nieves.

Regresa el miedo

Las historias de Melissa y Jessica -otra víctima de violencia de género a la que también se le protege su identidad- tienen muchas similitudes.

Jessica tampoco sabía cómo salir de la relación de poder a la que estuvo sometida y hoy, 20 años después de la separación y con su exesposo tras las rejas, el miedo ha vuelto a tocar a su puerta.

Hace unos meses, llegó a sus oídos la posibilidad de que a su exesposo le reduzcan la condena. Jessica recordó que, en el camino, perdió la custodia de sus hijos, fue agredida sexualmente por él, rompió relación con familiares y dejó de hacer las cosas que le agradaban.

“Yo pensé estar bien, pero eso (la reducción de la condena) fue como un detonante, eso a mí me puso mal, caí en una crisis”, relató Jessica, quien buscó ayuda y fue referida a CAVIC.

Como tantas otras víctimas, encontró tropiezos en el sistema judicial en su búsqueda por hallar una salida. “Uno sabe que es un círculo que hay que buscar la manera por dónde romperlo, pero tienes que esperar el momento propicio”, dijo Jessica, al sostener que, además de la ayuda profesional que ha recibido, Dios ha sido su “sostén” y su “escudo”.

Irma Ávila, madre de Sherly Ann Moira, víctima de un incidente de violencia de género que la dejó cuadripléjica, no solo ha sufrido el ver a su hija postrada en una cama, sino como - a su juicio- el sistema le ha fallado.

“Yo pensaba: ‘Me rompieron a mi muñeca’”, recordó sobre el incidente ocurrido el 4 de junio de 2017.

Alberto García Merced fue hallado culpable por agresión agravada, pero no por los cargos de violencia doméstica. Actualmente, se encuentra preso luego que en un informe presentencia no recomendara conceder probatoria, lo que está siendo impugnado por sus abogados. “Me aferro a la fe de que un día Dios puede hacer un milagro en mi hija”, sostuvo Ávila que también buscó soporte a través de CAVIC.

Insiste que está actuando

Tras reportarse la nueva fatalidad por la violencia machista, el gobernador Ricardo Rosselló reiteró ayer que su administración ha dado pasos para atender el problema y pidió que sectores que recientemente han protestado contra su gobierno, se unan al esfuerzo de encontrar soluciones.

“Esto no debe ser un asunto de confrontación. Estoy seguro de que esto une a la gran mayoría de los puertorriqueños. Por qué no buscamos espacios para llegar a los objetivos de que no tengamos una víctima más de violencia doméstica”, dijo el gobernador.

Rosselló Nevares indicó que el problema de violencia contra las mujeres es un asunto que el gobierno no puede trabajar solo, por lo que instó a las organizaciones civiles, comunitarias, políticas, gubernamentales y privadas a unirse en atender el problema.

Rechazó, del mismo modo, que algún sector pretenda imponer su criterio sobre el asunto, al aludir indirectamente al Colectivo Feminista en Construcción, grupo que durante el pasado fin de semana realizó una protesta presionando al Ejecutivo que firme una orden ejecutiva que redactaron declarando una emergencia en el país por la violencia machista.

“La violencia de género no es un asunto privado, es un asunto público. Esto no tan solo ocurre en la casa cuando se da la agresión física, ocurre en el insulto que se da en la calle, en la mirada intimidante, en el apretón de brazos bajo la mesa en el restaurante. Ocurre en todos lados”, subrayó Francisquini.

Ricardo Cortés Chico colaboró en esta historia.


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