Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

“Yo no tenía nada, ni siquiera amor”.

Con esa aseveración el niño de once años, Roberto Carlos Figueroa, describe la vida que tuvo durante la primera década de su existencia.

Fue removido del hogar cuando tenía seis meses y pasó por seis hogares sustitutos del área oeste hasta que, en marzo de este año, Nilda M. Figueroa lo recibiera en su casa. Sin rastro de timidez y mirando fijamente a su interlocutora, Roberto Carlos dice que su mamá “es un regalo de Dios” y que de ella le gusta “todo”. Le coge la mano a Nilda y añade que le gusta “especialmente su gran cariño y amor”.

Para ella, ese es el hijo que esperaba desde que, hace once años, perdió un embarazo. El año pasado inició las gestiones al oír sobre la nueva Ley de Adopción del Departamento de la Familia (DF) de diciembre del 2009, que agiliza los procesos para padres adoptivos y promueve la entrega voluntaria de bebés. Las nuevas estipulaciones del novel estatuto, señaladas por quienes entienden que el proceso se acelera demasiado, ha evitado que personas como Figueroa pasen años en el proceso antes de recibir a un niño. El año pasado, un grupo de 378 niños fueron adoptados o comenzaron el proceso, mientras que en 2007 apenas fueron 158.

Con su decisión, Figueroa rompió moldes pues tiene 46 años, es soltera y optó por un niño cuya edad no es atractiva para la mayoría de los padres adoptivos, que prefieren infantes.

Aunque bajo la antigua ley, los solteros podían adoptar, la verdad es que “solapadamente” se discriminaba, según una trabajadora social que labora en el DF. La secretaria de esa agencia, Yanitzia Irizarry, explica que no es que antes no pudieran adoptar, sino que el reglamento aprobado con la nueva ley “aclara” que se escogerá la pareja o persona que represente “el mejor bienestar para el menor”.

Y, aunque la mayoría de las personas quiere bebés por entender que es más fácil adaptarlos a ellos, ese bienestar, que es mutuo, ocurre a cualquier edad, según Figueroa.

“Siempre se pueden amoldar porque todos (los niños) están tiernos. Creo que grandes es mejor porque lo vas haciendo una personita”, afirma la mujer, pensionada del Seguro Social debido a problemas en una rodilla.

Respecto al tiempo que tomó el proceso, Figueroa recuerda que la investigación que le hizo el DF tomó unos dos meses. La citaron a un taller para padres con intención de adoptar en enero de este año, siete meses después de haber hecho la solicitud. “Había gente que tenía muchos años (esperando) porque querían bebés (y mientras más pequeños los quieran tarda más porque hay menos). Yo lo había pedido de 4 a 6 años, pero lo enmendé para la edad de 10 a 15 años”, recuerda.

El cambio en edad provocó que dos meses más tarde conociera a su hijo “y al ver que hubo un apego conmigo, el viernes de esa semana me lo llevé a casa. A los tres días, que se suponía que lo iba a devolver él se apegó a mí y dijo que no se quería ir”. El niño se quedó con ella con un permiso especial, aunque el periodo de supervisión del DF continuó. El primero de noviembre se completó el proceso de adopción.

VIVENCIA SIMILAR

Su vivencia es similar a la de Mayra Marcial Estades, soltera de 45 años, que este mes también completó el proceso legal para adoptar formalmente a Andrés Antonio, un niño que fue removido de su hogar cuando tenía seis meses y que llegó a su vida en diciembre del año pasado, cuando tenía dos años.

La camarógrafa de un canal de televisión cuenta que, aunque desde los 19 años soñó con adoptar un niño, es soltera y el turno de su trabajo le impedía cumplir con esa responsabilidad. Mas hace dos años le cambiaron el turno y, luego, la tragedia provocada por un terremoto en Haití la motivó. La idea de adoptar en Haití le pareció atractiva para evitar la burocracia del DF. Pero, habló con Irizarry y ésta le aseguró que con la nueva ley era más rápido.

Se orientó y llevó los documentos que piden, que incluyen exámenes físicos y mentales, y en marzo del 2010 el DF inició un proceso de investigación que Marcial cataloga de riguroso. La entrevistaron cuatro veces por espacio de dos horas cada vez, entrevistaron vecinos de ella y de su mamá y visitaron su casa varias veces de imprevisto. En junio, le dieron el certificado de hogar adoptivo y en noviembre del 2010 conoció a Antonio Andrés. “Cuando yo lo vi, yo dije: 'ese es”. En diciembre, llegó a su casa.

“Ellos me dan tres meses para que me integre con Andrés y para que me busque un abogado y radique” la solicitud de adopción en el tribunal. Empezó el proceso en abril, pero el tribunal lo pospuso hasta este mes. En ese tiempo, asegura, el trabajador social que tenía su caso “constantemente nos visitaba. Están en continua supervisión”.

Añade que “Andrés llegó hablando cinco palabras. Aquí se le ha enseñado mucho, se le puso en una escuela y se le puso una terapista del habla”, dice Marcial mientras la mira su mamá, Socorro, para quien el pequeño también se ha convertido en “mi adoración”.

“Andrés ha llenado muchas cosas en mi vida. Uno dice que a uno le gustaría, en algún momento de la vida ser madre. Pero, hasta que no lo eres, no experimentas lo que se siente. ¿Tú sabes lo que es escuchar esa palabra 'mamá', 'el nene es de mamá?'”, afirma.

Un sentimiento parecido lo experimentó la maestra María del Rosario Hernández el día que cargó por primera vez a su hija Victoria María Margarita. Ella y su esposo, Darwin Hernández, trataron de procrear por años y recurrieron tres veces al método de fertilización in vitro sin éxito. Entonces, acudieron al DF en el 2005, pero tampoco lograron su objetivo porque querían un bebé y la gran mayoría de los niños listos para adopción eran de dos o tres años en adelante y creían que sería más difícil adaptarlo a ellos. Tampoco querían esperar mucho porque ya estaban cerca de los 50 años.

En el 2007 acudieron a una agencia que gestionaba adopciones en Guatemala y cuyoproceso le costaría cerca de $50,000. En seis meses tuvieron los documentos y en noviembre de ese año les dijeron que una madre había entregado a una recién nacida voluntariamente.

En marzo del 2008 la fueron a ver. Rosario recuerda que “fue la primera vez que me la entregaron y fue como (se le llenan los ojos de lágrimas)… yo he hablado con muchachas que han dado a luz biológicamente y les digo que sentí, cuando me la pusieron aquí (en el pecho), como un revestimiento, como si Dios me dijera: ‘ahora eres madre’ y yo les dijo me imagino que eso es lo que sienten las mujeres que dan a luz y les ponen el bebé en el pecho”.

“ES UN ACTO DE AMOR”

Sobre la adopción, la mujer afirma que “esto es un acto de amor. Yo, a la mamá biológica de Victoria le doy muchas bendiciones y la pongo en oración y le doy muchas gracias porque gracias a ella nosotros somos padres y (exhorto a) que den los bebés voluntariamente porque es un acto de amor”.

Ellos, al igual que la madre de Andrés Antonio, le dirán poco a poco a Victoria que es adoptada. “Nosotros le decimos que ella es nuestra hija del corazón. Le estoy escribiendo un cuento de esta pareja que fue a Guatemala, le compramos cosas de Guatemala”, dice María.

Igual que los niños Roberto Carlos y Andrés Antonio, Victoria, se convirtió en la prioridad del matrimonio de 23 años, quienes renunciaron a directivas de organizaciones cívicas y religiosas para dedicarle el tiempo a ella.


💬Ver 0 comentarios