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Sullymar Morales coordina el proyecto en el Instituto de Biotecnología Sustentable de la Universidad Interamericana en Barranquitas.
Sullymar Morales coordina el proyecto en el Instituto de Biotecnología Sustentable de la Universidad Interamericana en Barranquitas. ([email protected])

Barranquitas - Los agricultores de plátano, que perdieron la totalidad de sus cosechas a causa del huracán María, tienen a su disposición un novel proyecto de biotecnología que los ayudará a agilizar y multiplicar su producción sin comprometer el medio ambiente.

Se trata de una iniciativa de micropropagación, una técnica que consiste en tomar pequeñas secciones de una planta y cultivarlas en laboratorios para regenerar nuevos organismos. Al cabo del proceso, las plantas son de alta calidad y están libres de enfermedades, lo que garantiza un porcentaje mayor de supervivencia en las fincas.

El esfuerzo, denominado AgroEvolución Puerto Rico, sale del Instituto de Biotecnología Sustentable de la Universidad Interamericana Recinto de Barranquitas. Es liderado por estudiantes graduados y subgraduados, con la supervisión de sus profesores.

Ayer, Héctor Torres Torres, un agricultor del barrio Quebrada Grande, en este municipio, recibió 500 matas de plátano, lo que constituyó la primera entrega oficial del proyecto.

“Este es un proyecto que va dirigido a demostrar que la agricultura es una actividad económicamente viable, especialmente en esta zona central, donde el agricultor típico lo que siembra es plátano”, dijo el rector del Recinto de Barranquitas, Juan Negrón.

Después del huracán, no había semillas de plátano, y lo que hacemos ahora es proveerles a los agricultores una semilla más saludable, de mejor calidad y de forma continua respecto a los métodos tradicionales”, agregó.

Los estudiantes también hacen micropropagación de semillas de guineo, otro de los frutos más afectados por María.

¿Cómo se hace?

Sullymar Morales cursa su maestría en Biotecnología, con especialidad en plantas, y coordina el proyecto de micropropagación, que se divide en varias etapas.

La primera de esas etapas se conoce como iniciación, y consiste en tomar la semilla (raíz) de plátano y reducirla en tamaño hasta llegar al meristemo, que es la parte más limpia que tiene la planta. Ya cortada, se coloca en un envase con agua y cloro para desinfección.

Tradicionalmente, el agricultor toma una raíz, la pone a secar, hace un hoyo y le echa sustancias tóxicas para desinfectar, pero eso puede causar daño al ambiente. Tiene que esperar de dos a tres meses para saber si la planta salió. Nosotros, en cambio, desinfectamos con agua y cloro, y eliminamos el tejido afectado hasta quedarnos con la parte limpia y viva de la planta”, explicó.

Las semillas, entonces, son llevadas al laboratorio, donde inicia la segunda etapa conocida como propagación. Se colocan en tubos de ensayo, que son envueltos en papel de aluminio para simular condiciones de oscuridad como si estuvieran enterradas.

Al cabo de unos días, son expuestas a la luz –por dos semanas– y el tejido vegetal empieza a cambiar. La propia semilla descarta el tejido que no sirve y empieza a producir hojas.

Empiezan a salir los hijos, como se dice popularmente. Como están tan saludables, pueden salir hasta tres plantas, dependiendo del (tamaño del) frasco. Cortamos cada uno de esos hijos y los colocamos en frascos diferentes. Apenas 15 días después, ya esos hijos también están multiplicándose. En la técnica (de agricultura) tradicional, para que una planta madre eche un hijo pasan seis meses”, dijo Morales.

Añadió que, para mantener las plantas en buen estado, se simulan las condiciones de un suelo nutritivo y se controla la cantidad de luz y agua que reciben.

La tercera etapa se conoce como regeneración, y persigue que cada planta genere raíces. Esta fase pudiera obviarse dependiendo de las condiciones de la finca a la que vayan las plantas.

La cuarta etapa es la de aclimatación, en la que las plantas son sacadas del laboratorio para “prepararlas al mundo real”.

“Necesito aclimatarlas de un mundo en el que era todo fácil a uno donde hay cambios de precipitación, sequía, falta de agua… tienen que acostumbrarse a vivir fuera del laboratorio. La aclimatación dura dos meses; están fuera, pero también en un ambiente controlado. Ahora mismo, debido a los daños que nos causó el huracán, las llevamos a una finca en Sabana Grande”, contó.

Transcurrido ese tiempo, las plantas ya están en etapa vegetativa, o sea, que tienen raíces, tallo y hojas fuertes. Se siembran en bolsas (tiestos) o bandejas, y se les dan a los agricultores. Están listas para siembra final en las fincas.

Morales aclaró que las semillas que producen no son transgénicas, pues no se manipulan genéticamente. “Imitamos y optimizamos al agricultor”, sostuvo.

Múltiples ventajas 

Negrón y Morales resaltaron que el proyecto de micropropagación ofrece múltiples ventajas, entre estas, que los agricultores pueden tener cosechas uniformes. Bajo el método tradicional, el porcentaje de supervivencia es más bajo y, en un mismo cultivo, hay plantas a diversas etapas.

La disparidad del método tradicional también supone altos costos operacionales, pues se requieren más empleados para atender las diversas fases de la finca. Por lo tanto, el proyecto trae ahorros.

Otra ventaja es que la producción de semillas es constante. Además, como se multiplican rápido, el agricultor se economiza tiempo y puede tenerentre dos y tres cosechas al año.

La abundancia de semillas también les permite optimizar sus fincas, es decir, sembrar en cuerdas que quizás tenían desocupadas por falta de semillas.

“Estamos hablando de resiliencia; de tener más y mejor capacidad de adaptarnos y responder a fenómenos como María. También, de generar empleo en la montaña y de reducir la inseguridad alimentaria”, dijo Negrón.

El proyecto es subvencionado por el Fondo de Innovación para el Desarrollo Agrícola (FIDA) del Departamento de Agricultura y la Fundación Banco Popular.

Por el momento, FIDA convoca a los agricultores para quereciban las plantas sin costo alguno. No obstante, tienen que haber tomado dos talleres, uno en manejo sustentable de semillas y otro en empresarismo, que ofrece el Recinto de Barranquitas.

Cuando las subvenciones terminen, las plantas se venderán “a un precio que no sea exorbitante”, dijo Negrón, tras afirmar que el dinero recogido se invertirá en el mismo proyecto y en darles un estipendio a los estudiantes.

Desde diciembre de 2017, el Recinto de Barranquitas espera que el gobierno le apruebe la adquisición de una escuela desocupada, frente al campus, a la que trasladarían el Instituto de Biotecnología Sustentable, a fin de expandir sus servicios.