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El domingo, las paredes del Aeropuerto Luis Muñoz Marín amanecieron bordeadas de maletas y pasajeros esperando su salida de Puerto Rico.
El domingo, las paredes del Aeropuerto Luis Muñoz Marín amanecieron bordeadas de maletas y pasajeros esperando su salida de Puerto Rico. (Vanessa Serra Díaz)

En los últimos dos días, los aeropuertos internacionales Luis Muñoz Marín (LMM) en Carolina y Mercedita en Ponce han reportado un mayor flujo de pasajeros en ruta al extranjero debido a una combinación de factores, entre los que se destacan los vuelos previamente cancelados tras los poderosos terremotos de la semana.

En Ponce, la aerolínea JetBlue cambió sus aviones A320 por unos A321 para aumentar su capacidad de pasajeros en casi un 18% por nave y recuperarse de las cancelaciones a causa del terremoto de magnitud de 6.4 que sacudió a todo Puerto Rico el pasado 7 de enero. La empresa también sumó un vuelo adicional para transportar unos 145 pasajeros el sábado, indicó el oficial de prensa de la Autoridad de Puertos, José Carmona.

El domingo, las paredes del Aeropuerto Luis Muñoz Marín amanecieron bordeadas de maletas y pasajeros esperando su salida de Puerto Rico. Entre ellos, muchos ancianos y personas con problemas de movilidad. La noche anterior, en las redes sociales se reportaron largas filas para salir de la isla.

Aerostar Airport Holdings, empresa que administra el aeropuerto, indicó que diciembre tuvo un 20% de crecimiento en pasajeros por encima del 2018, por lo que era de esperarse que en enero (la cola de la temporada alta del turismo en Puerto Rico) mucha gente necesitara salir de la isla.

Por otro lado, la alta concentración de pasajeros a altas horas de la noche podría deberse a los nuevos vuelos que salen temprano en la madrugada del próximo día, añadió.

“No es una avalancha de pasajeros. Esto era de esperarse por la temporada alta”, indicó su portavoz, Damaris Suárez. Durante el fin de semana, dijo, es común que los cruceristas lleguen a San Juan para montarse en su crucero o se bajen de uno para tomar un avión de regreso a casa. 

Allí, El Nuevo Día habló con varios pasajeros y, en su gran mayoría, eran cruceristas que regresaban a Estados Unidos, pero muchos otros eran locales que salían ayer por razones cercanas a la actividad sísmica que han vivido en estos días.

Esperando por su vuelo al estado de Wisconsin, la pareja de Iván Padró y Virgen Santiago, residentes de Guánica – uno de los municipios más abatidos por los terremotos –, contaron que salían de la isla por los próximos ochos meses para generar ingresos para su familia en el sur de Puerto Rico. Su vuelo estaba programado para la semana pasada, pero tuvieron que posponerlo para cuidar de su familia.

Yo tengo familia en Guánica, Guayanilla y Yauco. Muchos de ellos son mayores, como mi mamá y mis abuelos. Viven en casa seguras en la montaña, pero uno siempre se va con la preocupación de que caiga otro temblor. Me voy, pero a la primera que pase algo, llamo a mi mamá, saco cinco pasajes y arrancan para acá”, aseguró Padró, cuya vivienda en madera no ha sufrido daños mayores pese a la alta actividad sísmica del suroeste de Puerto Rico.

Por su parte, Santiago deja en Guayanilla a sus tres hijas. En casa de su suegra, “no les hace falta nada. Durante el día están en la casa y por la noche duermen en el carro. Tienen agua y luz, aunque esta mañana se volvió a ir la luz. Es fuerte, nos tenemos que ir para hacer algo de dinero, pero voy a estar pegada al teléfono todo el tiempo”.

Desde San Lorenzo, Nitza Lebrón llegó temprano al aeropuerto porque “anoche me dijeron que aquí no cabía un alma. Me imagino que fue por el temblor (de magnitud 5.9) que hubo (el viernes)”, dijo la sexagenaria, quien disfrutaba de unas vacaciones extendidas en la isla, pero se vio forzada a comprar su pasaje de regreso a la ciudad de Orlando, Florida.

“Yo llevo aquí varios meses, pero mi mamá llegó hace poco. Empezaron los temblores y no hemos podido casi ni dormir. Estábamos durmiendo con el bulto cerca de la cama, con la llave en la mano y las puertas abiertas, pero ella (su madre, María Delgado) tiene problemas en las piernas y no es fácil reaccionar al terremoto así”, expresó Lebrón, oriunda de San Lorenzo.

“Ahora mismo se siente esto temblando, pero es normal porque así es el piso del aeropuerto, pero uno tiene tanto trauma que se cree que es otro terremoto, que la tierra está temblando”, añadió Delgado, quien descansaba sus piernas en una silla de ruedas, mientras esperaba ser escoltada al área de abordaje.

Debido a las constantes réplicas del terremoto del 7 de enero, Lebrón decidió que la mejor movida para la seguridad de su mamá era suspender las vacaciones y regresar a Orlando. De hecho, tuvo que desembolsar casi $500 para el viaje de regreso nada más, cuando comúnmente pagaría menos de $300 por el viaje ida y vuelta.

Jaime Martínez Rivera también regresaba a Estados Unidos luego de disfrutar una semana junto a su familia en la isla. “Sentimos los temblores y estuvimos todo el tiempo pendientes a las noticias, pero como quiera pudimos disfrutar nuestras vacaciones. No pudimos ir a Culebra, pero fuimos a Icacos y a Palomino. Donde quiera que íbamos, los terremotos eran el tema”, dijo.

Ver a su hijo partir después de compartir con él por única vez en el año durante los terremotos, dijo Javier Martínez Skelton, “es un momento agridulce”. Aunque su familia tiene un segundo hogar en el estado de la Florida, el bayamonense afirmó que no tiene planes de abandonar la isla, donde permanecerá junto a sus dos hermanas, quienes le acompañaron al aeropuerto a despedir a su hijo.

El aeropuerto de Vieques tuvo vuelos adicionales para cubrir la merma en transporte marítimo de regreso a Isla Grande, pero ya se normalizó, indicó la Autoridad de Puertos. El aeropuerto internacional de Aguadilla y el regional de Mayagüez no han reportado cambios mayores.