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Aida Ortiz, de 78 años y quien reside en la isla, comparte emocionalmente a distancia con un hombre de 90 que vive en Estados Unidos. (GFR Media)
Aida Ortiz, de 78 años y quien reside en la isla, comparte emocionalmente a distancia con un hombre de 90 que vive en Estados Unidos. (GFR Media)

Ponce - Desde hace un año Aida Ortiz, de 78 años, vive sus días con un poquito más de ilusión. La nueva esperanza se concreta con tres llamadas diarias en las que habla de la vida, de la familia y de las experiencias vividas con un hombre, de 90, que vive a 1,000 millas de distancia, en la ciudad de Miami, Florida.

Es una relación inusual, admite. Coquetea con la idea de adquirir un teléfono inteligente para, más allá de escuchar la voz, poder ver el rostro del hombre que a diario la acompaña en su cotidianidad y con quien comparte cuando visita a su nieta en la ciudad floridana.

No habla de amor, ni de romance, ni pasión, ni esos preceptos con los que en ocasiones se definen esas afinidades especiales entre dos personas. Para ella es un amigo especial; alguien con quien comparte un vínculo, una conexión.

Hay varias razones para esto. Por ejemplo, no quieren desamores, por lo que ambos andan con cautela. Dice que, en su etapa de vida, las ilusiones y desilusiones se viven con más intensidad.

Además, ambos están conformes con sus respectivas vidas y rutinas, y eso no lo quieren cambiar. También, y no menos importante, ambos valoran más la compañía emocional que cualquier otra cosa. Y eso lo logran a través de sus comunicaciones a distancia.

“Es hasta más lindo (ilusionarse) en esta etapa de la vida. Ya no está esa cuestión de locura y de pasión. Ahora son otras cosas. Es un abrazo, la ternura, tener la misma visión de vida. Son aspectos que no eran tan importantes en otra edad”, sostuvo la mujer, que trabajó gran parte de su vida en la Telefónica de Puerto Rico y vive en Ponce. El compañero de Ortiz, aunque no objetó que se reseñara la historia, prefirió no comentar.

La nueva tendencia social

Según la Encuesta de la Comunidad del Censo, para el 2018 en Puerto Rico vivían alrededor de 640,623 personas con 65 años o más. De estas, 937 se casaron en los 12 meses que antecedieron la encuesta.

Este último número de casados, sin embargo, representa una disminución en comparación con años anteriores. Al menos desde el 2012, la cantidad de adultos mayores contrayendo matrimonio se reduce a razón de 4% al año. Esta baja ocurre a pesar de que la cantidad de personas en edad de retiro en Puerto Rico va en aumento. De hecho, este es el único sector de la población puertorriqueña que aumenta en medio de la crisis económica y la ola migratoria que se experimenta desde hace más de una década.

Se estima que los adultos mayores, como población, tampoco entran con la misma frecuencia que antes en relaciones de convivencia. Los datos del Censo estiman que estas relaciones de hecho han estado reduciéndose en los últimos años. En cambio, entre las personas en edad de retiro que viven solas estas relaciones han aumentado en un 25% entre el 2012 y el 2018. Este porcentaje es mucho más alto que el alza de este sector poblacional (17%). Es decir, el aumento en las personas de65 años o más que viven solas no responde al alza poblacional de este sector sino a una nueva tendencia en el comportamiento.

Los cambios

El profesor de psicología, José Cangiano, explicó que hay varios factores que inciden sobre estas alteraciones en la manera en que las personas se relacionan durante la vejez. Por ejemplo, las personas que entran a la edad de retiro en la actualidad, en términos generales, suelen ser más educadas, económicamente más independientes y están más saludables en comparación con los que llegaban a este rango de edad hace 20 o 30 años.

“No es el viejo que se sienta en el sillón a esperar la muerte, sino que son personas que están muy activas”, dijo Cangiano.

El académico explicó que las expectativas en las relaciones de pareja cambian con el paso de los años. En las edades tempranas domina la pasión y los acercamientos físicos pero en la medida en que las personas avanzan en la vida le dan más valor a otros asuntos como la compañía, la conexión intelectual, el entendimiento, los intereses en común y la seguridad emocional.

En parte, esas diferencias podrían responder a las experiencias vividas por la persona. Cangiano argumentó que la gran mayoría de las personas en este rango de edad han tenido una o varias relaciones en su vida por lo que las uniones de pareja, y las dinámicas que representan, no son una novedad qué explorar. En cambio, se valora con mayor intensidad asuntos esenciales como la compañía, la solidaridad y el apoyo mutuo.

“Estas personas, en su mayoría, ya han pasado por relaciones previas. Muchos están viudos o han vivido un divorcio y buscan algo distinto”, señaló el psicólogo.

“Es como un contrato diferente entre dos personas porque buscan cosas diferentes a lo que buscaban en otros momentos de sus vidas. Ya no es la misma necesidad pasional o física de interacción sino que trasciende la relación a otras cosas de mayor importancia, sin un compromiso o entendimiento que me ate a responsabilidades”, añadió.

Cangiano explicó que estas nuevas dinámicas de pareja, por ejemplo, les permite mantener un alto grado de independencia, de seguridad y de estabilidad económica. Del mismo modo, estas nuevas dinámicas alivian la soledad entre los adultos mayores, uno de los factores que con más frecuencia incide sobre los desórdenes de salud mental, como la depresión, que enfrenta esta población.

“Uno de los problemas mayores es la soledad, que lleva a unos estados de depresión que tiene consecuencias negativas del diario vivir. Te deprimas, te asila, físicamente te deterioras. Cuando se comparte con alguien que uno considera especial hay una nueva ilusión. La mente se ocupa en la relación y eso da estímulo para seguir adelante y tener una mejor calidad de vida”, dijo Cangiano.

Este efecto puede ocurrir con las personas que mantienen relaciones a distancia, pese a la ausencia de la proximidad con esa persona especial.

“Se puede dar mucho por el internet y las redes sociales. Es una relación que aunque carece de proximidad puede tener efectos psicológicos positivos y eso da un nuevo giro a la persona en términos de que la vida no está vacía ni la persona está sola. Y eso los hace sentir mejor”, sostuvo el psicólogo.

Beneficios para la salud

Por su parte, la psicóloga clínica y gerontóloga, Rosalyn Ortiz, explicó que los vínculos afectivos nuevos entre las personas de mayor edad ayudan a proteger el cerebro de condiciones degenerativas. Dicho de otro modo, enamorarse y entablar nuevas amistades cercanas ayuda a que el cerebro se mantenga saludable.

Y eso es particularmente importante para los adultos mayores en Puerto Rico ya que, debido a la etapa que viven, pueden sufrir pérdidas de familiares o amistades con más frecuencia, y están sujetos a las lejanías que implica la emigración de los seres queridos.

“Por eso es importante que se muevan y se integren socialmente. Mantener esos vínculos protege el cerebro y la salud de estas personas”, sostuvo.

La psicóloga explicó que los adultos mayores pueden valorar en sus parejas cosas distintas a las que estimaban en épocas tempranas de la vida porque tienden a ser menos impulsivos y emocionales en sus decisiones. Eso, sin embargo, no significa que experimenten el amor de una manera distinta.

“El amor no tiene edad. La toma de decisiones es lo que cambia. Con más experiencia la toma de decisiones es diferente”, dijo.

También las dinámicas sociales son diferentes. La mayor parte de los adultos mayores, por ejemplo, no trabajan, por lo que tienen más tiempo para dedicar a su familia, sus intereses personales o a sus relaciones.