La cifra de 100,000 pruebas significa que Puerto Rico está haciendo en este momento 3,170 pruebas por cada 100,000 habitantes, lo cual coloca a la isla en la posición número 47 a nivel global.
La cifra de 100,000 pruebas significa que Puerto Rico está haciendo en este momento 3,170 pruebas por cada 100,000 habitantes, lo cual coloca a la isla en la posición número 47 a nivel global. (Teresa Canino Rivera)

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Puerto Rico tiene en este momento una de las tasas de prevalencia más bajas de COVID-19 bajo jurisdicciones estadounidenses y está ante la oportunidad de convertirse en uno de los pocos países del planeta en controlar la pandemia que ha sacudido las vidas de millones y destruido incontables economías, según datos divulgados hoy por el Fideicomiso de Salud Pública, una entidad no gubernamental, sin fines de lucro, no asociada de ninguna manera al gobierno.

Los datos, sin embargo, son previo a la reapertura casi total de la economía que se produjo a principios de esta semana y el éxito que tenga la isla manejando la situación de aquí en adelante dependerá de que se continúe con las estrategias de distanciamiento social, se sigan haciendo pruebas moleculares masivamente y se fortalezcan e integren los diferentes operativos de rastreo de contacto que están funcionando a nivel municipal en varios pueblos de la isla.

"Entendemos que en un futuro no muy lejano, si se continúa con los procesos de mantenernos con el distanciamiento físico en Puerto Rico, llegar al mismo punto al que llegó Nueva Zelanda”, dijo el doctor José Rodríguez Orengo, presidente del Fideicomiso, en alusión a la isla del Pacífico que a finales de abril declaró que, no habiendo ya contagios comunitarios generalizados, había vencido al COVID-19.

"Eso puede ser una realidad para nosotros en un futuro no muy lejano”, sostuvo Rodríguez Orengo.

El Fideicomiso dice que llegó a esta conclusión tras la isla haber arribado esta semana a una importante meta en la batalla contra el COVID-19: la realización de al menos 100,000 pruebas moleculares hechas en los principales seis laboratorios de referencia privados de la isla. Estos son: Laboratorios Borinquen, Core Plus Laboratories, Immnuno Reference Laboratories, Ponce Health Sciences University, Quest Laboratories y Toledo.

El conteo del Fideicomiso no incluye las pruebas hechas en algunos otros laboratorios pequeños en la isla, ni las aproximadamente 12,000 pruebas moleculares realizadas por el laboratorio propio del Departamento de Salud, que hace un mes no divulga su conteo de cantidad de pruebas realizadas. El Fideicomiso no cuenta las pruebas que se cree ha hecho de Salud porque no tiene certeza de cómo se recopilan ni validan sus datos. 

El secretario de Salud, Lorenzo González Feliciano, ha dado distintas cifras de pruebas realizadas.

El conteo del Fideicomiso mucho menos incluye las pruebas serológicas cuyo uso se ha generalizado en la isla como presuntamente diagnóstico, incluso por el propio gobierno, a pesar de las abundantes advertencias de que no se puede usar para determinar quién padece de COVID-19.

Número 47 en el mundo

La cifra de 100,000 pruebas significa que Puerto Rico está haciendo en este momento 3,170 pruebas por cada 100,000 habitantes, lo cual coloca a la isla en la posición número 47 a nivel global, de 215 países que son contados. Hace unas semanas, la isla estaba entre las jurisdicciones del mundo con menos pruebas.

Además, los datos permiten concluir con bastante certeza que la prevalencia del COVID-19 en este momento es de 1.6%, que es el porcentaje de positivos entre las personas a las que se le ha hecho la prueba.

Cuando comenzaron a hacerse pruebas moleculares en Puerto Rico el 26 de marzo, la prevalencia era de 10.5% y para el 5 de abril todavía era de 9.4%. La prevalencia de 1.6% es el promedio desde que la pandemia llegó aquí en marzo. Pero el porcentaje de los nuevos casos durante la última semana ha sido menos de 1%, dijo Ilia Toledo, presidenta de Laboratorio Toledo, que ha hecho 36,000 pruebas moleculares.

En esta semana, la prevalencia es de .4%. “Eso es buenísimo”, dijo Toledo. Alaska, Hawaii y Montana son hoy las únicas jurisdicciones de EE.UU. con prevalencia menor a 1% durante la última semana, según la Universidad Johns Hopkins. A nivel nacional de EE.UU. la prevalencia durante la última semana es de 5.3%.

Datos como los que produjo el Fideicomiso normalmente los producen, procesan y divulgan los gobiernos. Pero ese no ha sido el caso aquí porque el Departamento de Salud no ha podido montar un operativo que le permita recibir, procesar ni interpretar los datos que producen los laboratorios ni otras instancias privadas o académicas que están trabajando contra el COVID-19.

No fue hasta mediados de abril que la agencia inauguró un portal electrónico en el que los laboratorios privados depositan sus datos. Antes de eso, era manera manual. Esta semana, Salud pidió al Instituto de Estadísticas dos meses, que le fueron concedidos, para poder poner orden en su caótico sistema de recopilación de datos.

Hasta el viernes, el Departamento de Salud había reportado 3,647 casos “únicos” positivos de COVID-19. Pero la mayoría de esos casos (2,354 o el 65%) corresponden a “resultados” obtenidos de pruebas serológicas, que no pueden ser utilizadas para diagnosticar quién padece de la enfermedad, por sus altos márgenes de error y porque no mide quién tiene el coronavirus que causa el COVID-19, sino quién puede que lo haya tenido en el pasado. 

Por ejemplo, hace dos semanas, el Departamento de Educación ordenó cerrar 32 comedores escolares porque 50 empleados dieron positivo a la prueba serológica. Ni uno dio positivo después a la prueba molecular. Hasta ayer, 132 personas habían muerto de COVID-19 en Puerto Rico, según las estadísticas oficiales.

El Fideicomiso recopiló los datos de las pruebas moleculares montando su propio sistema de vigilancia que incluye tres reuniones a la semana entre los directivos de los laboratorios tanto para compartir información como para ayudarse mutuamente en el desafío de conseguir los materiales para hacer las pruebas. 

El doctor Rodríguez Orengo sostuvo que los datos demuestran que la prolongada cuarentena a la que se sometió Puerto Rico desde mediados de marzo por orden de la gobernadora Wanda Vázquez dio resultado, pues detuvo la propagación de los contagios. Pero insistió en que para que se mantenga el bajo nivel de contagios deben mantenerse las prácticas de distanciamiento físico, pruebas masivas y rastreo de contactos de los contagiados.

Daniel Colón Ramos, un neurocientífico de la Universidad de Yale que es miembro del Fideicomiso de Ciencias y Tecnología, al que está adscrito el Fideicomiso de Salud Pública, dice que los datos dados a conocer por el doctor Rodríguez Orengo le hacen pensar que Puerto Rico realmente está ante la oportunidad de ser “uno de lo pocos lugares del mundo que pudiera estar completamente abierto”.

“Pero tiene que hacerse bien”, dijo.

El COVID-19 no desaparecerá, ni dejará de ser una amenaza hasta que haya una vacuna. Pero se considera que está “controlado” si el nivel de contagios es tan bajo que permite llevar una vida básicamente normal con precauciones adecuadas y  sistemas de vigilancia apropiados que permitan detectar si en algún momento o lugar se está saliendo de control, incluyendo monitoreo de quién entra a la isla.

“Tenemos una oportunidad para hacer las cosas bien, tener la situación bajo control y en uno de los años más críticos en la historia del planeta ser uno de los pocos sitios del mundo donde los niños puedan ir a la escuela y los negocios puedan estar abiertos”, sostuvo Colón Ramos.