Los paralelismos entre los archipiélagos de Hawaii y Puerto Rico parecen atarse y desatarse a través de más de 120 años de historia, a pesar de ser territorios en puntos opuestos del planeta.
El interés sobre la situación política, económica y social de Hawaii incrementó en Puerto Rico recientemente luego de que el tema de Bad Bunny, “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” , abriera la puerta para la comparación y sirviera como un vistazo de lo que le podría deparar al Estado Libre Asociado de ser, finalmente, admitido a la Unión norteamericana.

A pesar de que ambos pueblos han sido profundamente impactados por su relación con Estados Unidos, las circunstancias que llevaron a un cambio en el destino político de los dos archipiélagos son relativamente diferentes, aunque muestran aspectos muy parecidos.
Influencia económica
Hawaii
Según la historiadora niponaestadounidense, Misha Matsumoto Yee, en su artículo publicado por el Gilder Lehrman Institute of American History, “The Annexation of the Kingdom of Hawai‘i (1875–1898)”, a pesar de que fue a través de una resolución aprobada el 7 de julio de 1898 que Hawaii se anexó como territorio a Estados Unidos y posteriormente fuera admitida como estado en 1959, lo cierto es que la presencia estadounidense en las islas comenzó mucho antes, a través de una estrategia de influencia y dominio económico.
Así como en Puerto Rico la Ley Jones de 1920 —aún vigente— exige que toda la mercancía transportadas entre puertos sea en naves construidas, propiedad y tripuladas por ciudadanos estadounidenses, ocho años antes de la anexión de Hawaii como territorio, en 1890, el Congreso de Estados Unidos aprobó una medida similar para presionar al territorio a mirar con buenos ojos la anexión.
A través del llamado Arancel McKinley, se anulaba el acuerdo de reciprocidad exclusiva entre Estados Unidos y Hawaii, socavando el estatus especial del archipiélago al permitir que otras naciones y territorios, como Cuba, exportaran azúcar a Estados Unidos sin pagar aranceles.
Hawaii perdió su ventaja sobre otros estados productores, lo que dio a los intereses azucareros un incentivo adicional para presionar por la anexión.
Poco después, en 1891, tras la muerte del rey Kalakaua, su hermana, la reina Liliuokalani, ascendió al trono, decidida a romper la dependencia económica con Estados Unidos y a restaurar los derechos políticos de los hawaianos nacionales.

Puerto Rico
Según el historiador Francisco Scarano Fiol en su obra “Puerto Rico: Cinco Siglos de Historia”, en 1897, un grupo de empresarios de Boston visitaba la isla explorando las posibilidades de explotación de la agricultura local, ello como preámbulo a la intervención militar del siguiente año.
A solo una semana de la invasión, esos empresarios fundaron la compañía azucarera “Ford and Company”, adquiriendo, en octubre, una hacienda de 2,000 cuerdas donde establecieron la Central Aguirre, en lo que hoy día es el municipio de Salinas.
Un año después, en 1899, empresarios de Nueva Jersey y Nueva York adquirieron 10,000 cuerdas en el sur de la isla y crearon la empresa “South Porto Rico Sugar Company”, que construyó la Central Guánica, mientras que en 1905 se estableció en Fajardo la “Fajardo Sugar Company”.
En tan solo siete años, estas empresas adquirieron miles de cuerdas de terreno a precios muy por debajo de su verdadero costo, con la depreciación de una moneda española sin valor contra el dólar estadounidense y tras haber sido decimadas por el huracán San Ciriaco de 1899.
Para 1920, las tres empresas dominaban el 40% de la producción de azúcar en Puerto Rico, cantidad que incrementó a más del 50% para 1930.

Carta Autonómica y La Constitución de la Bayoneta
Puerto Rico
La historiadora puertorriqueña Mayi Marrero, explica en su ensayo “Estados Unidos: Cliente número uno de Puerto Rico durante el siglo XIX”, que, a medida que el imperio español continuaba fracturándose a lo largo del siglo XIX, los principales sectores políticos de Puerto Rico reclamaban a los gobiernos de la metrópoli reformas que permitieran mayor participación de los locales en la administración y en proyectos de desarrollo económico.
Con la Carta Autonómica de noviembre de 1897, los puertorriqueños estarían a cargo de la administración del gobierno local, estableciendo presupuestos financieros y reglas. Puerto Rico tenía derecho de gestionar tratados comerciales con otros países, con la aprobación final del gobierno de España.
El Gobierno Autonómico de Puerto Rico se constituyó formalmente el 17 de julio de 1898, pero apenas duró nueve días, hasta la invasión estadounidense del 25 de julio de 1898. Estados Unidos no reconoció la legitimidad de la Carta Autonómica de Puerto Rico al considerar al territorio uno conquistado luego de la aplastante victoria militar sobre España.

Hawaii
Para 1891, explica Matsumoto Yee, Hawaii era sometido a una presión cada vez mayor por parte de empresarios estadounidenses de las plantaciones de azúcar, que aspiraban a controlar las tierras, la economía y el poder político de las islas.
Los planes de la reina de impulsar una nueva constitución que permitiera votar a los nativos y reforzara el poder de la Corona alarmaron a los cultivadores blancos, que vieron peligrar sus privilegios e intereses comerciales.
En enero de 1893, un grupo de 13 plantadores y comerciantes que se hacían llamar “Comité de la Seguridad”, apoyados por representantes diplomáticos y el Ejército de Estados Unidos, pusieron en marcha un complot contra la reina.
Con esta detenida y vigilada, los cultivadores blancos establecieron un gobierno provisional que solicitó a Washington la anexión de Hawaii a Estados Unidos como un territorio, ello a pesar de que unas 40,000 nacionales habían firmado una petición en contra de esa solicitud.
La anexión oficial como territorio se logró mediante la Resolución de Newlands (también conocida como “Constitución de la Bayoneta”), aprobada por el Congreso en 1898.

La anexión benefició principalmente a los Estados Unidos y a su ejército, así como a las empresas y propietarios de plantaciones estadounidenses. Matsumoto Yee argumenta en su ensayo que la anexión de Hawaii fue impulsada por la política y la codicia económica, y no por la necesidad o la benevolencia.
El 23 de noviembre de 1993, el presidente Bill Clinton firmó una resolución en la que se disculpaba formalmente con los nativos hawaianos en nombre de los Estados Unidos por el derrocamiento por la fuerza del Reino de Hawaii.
Lucha por la identidad
Al igual que Puerto Rico, Hawaii experimenta en la actualidad los efectos de su centenaria relación con Estados Unidos.
Matsumoto Yee explica que los kanaka maoli (nombre con el que la población nacional de Hawaii se autodenomina) experimentó un “trauma histórico prolongado que ha resultado en un deterioro de la salud, mayores tasas de mortalidad, pérdida del idioma, confiscación de tierras, segregación racial y pérdida de identidad”.
Sin embargo, argumenta que, al igual que los puertorriqueños, contra todo pronóstico, han logrado mantener su identidad nacional como un pueblo distinto, con un idioma, historia, cultura y tierras ancestrales.

La autora señala además que, en los años previos y posteriores al derrocamiento de la monarquía hawaiana y la subsecuente anexión, se implementaron políticas que contribuyeron a la segregación racial en el archipiélago, incluida la prohibición del idioma hawaiano en las escuelas y en el gobierno estatal.
Los extranjeros se convirtieron en propietarios de la mayor parte de las tierras no gubernamentales y se beneficiaban del valor de la producción agrícola en Hawaii.
“Los hawaianos nativos se unieron a trabajadores contratados de Japón, China, Corea, Portugal, Puerto Rico y Filipinas, trabajando largas horas en las plantaciones por muy poco dinero. La avalancha de misioneros en Hawaii socavó aún más el orden natural nacional de los asuntos; influyeron activamente en los funcionarios para que denunciaran y negaran la práctica de las tradiciones culturales nativas de Hawaii”, señala Matsumoto Yee.

