El presidente de Afganistán, Ashraf Ghani. (AP)

Dos líderes rivales de Afganistán juraron el lunes el cargo de presidente en ceremonias separadas, sumiendo en el caos los preparativos para negociar con el Talibán y creando un dilema para Estados Unidos, que intenta sacar adelante su plan de paz con el Talibán.

Washington presentó el acuerdo, firmado hace poco más de una semana por Estados Unidos y los talibanes, como un esfuerzo por poner fin a 18 años de guerra en Afganistán. El pacto fue percibido por muchos afganos como la mejor oportunidad hasta ahora por poner fin a los combates.

Pero el presidente, Ashraf Ghani, declarado como vencedor en las elecciones del pasado septiembre, y su rival Abdullah Abdullah, que denunció fraude en los comicios junto con la comisión de quejas electorales, se han negado a resolver sus diferencias.

Las dos ceremonias se celebraron a la vez, la de Ghani en el palacio presidencial y la de Abdullah en el cercano Palacio de Sapedar, ambos llenos de simpatizantes de cada líder.

En un indicio de apoyo internacional a Ghani, su ceremonia -que se emitió en vivo por televisión- contó con la presencia del enviado de paz de Washington, Zalmay Khalilzad; el general Austin S. Miller, que dirige las fuerzas estadounidenses en Afganistán, y una serie de mandatarios extranjeros, incluido el jefe de asuntos de la embajada estadounidense y Tadamichi Yamamoto, representante personal del secretario general de Naciones Unidas en Afganistán.

A la investidura de Abdullah, emitida por la cadena privada Tolo TV, asistieron comandantes descritos como "yihadíes", que estaban entre los aliados de la coalición liderada por Estados Unidos para derrocar al Talibán en 2001. Esos comandantes también participaron en la brutal guerra civil de la década de 1990, agravando el temor a que las discrepancias entre líderes afganos pudieran derivar en violencia.

Cuando Washington y los insurgentes talibanes firmaron su acuerdo el 29 de febrero, el siguiente paso crucial era que los afganos se sentaran a negociar una hoja de ruta para trazar el futuro de su país. Las conversaciones debían abordar temas espinosos como los derechos de las mujeres, la libertad de expresión y el destino de decenas de miles de hombres armados a ambos lados del conflicto. Esas negociaciones iban a comenzar el martes en Oslo.

Sin embargo, la disputa entre los dos candidatos en las elecciones presidenciales del año pasado sobre quién había ganado implicaba que el gobierno afgano parecía incapaz de presentar un frente unido.

Estados Unidos ha dicho que su retirada de Afganistán iría unida a que los talibanes cumplieran sus promesas sobre antiterrorismo, y no al éxito de las negociaciones entre Kabul y los talibanes.


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