El alcalde Alberto Abad en el cementerio de Duruelo de la Sierra, España, en la provincia de Soria. (AP)

Duruelo de la Sierra, España - Cuando muere alguien en Duruelo de la Sierra, todos los vecinos del pueblo caminan desde la iglesia al cementerio, acompañando al fallecido a su lugar final de descanso. En tiempos de pandemia solo se permiten unos pocos familiares.

“Estás acostumbrado a ver un entierro con gente y ahora solo hay tres", dijo Alberto Abad, un carpintero de 54 años, que también es el alcalde local y ha visto cómo el virus desgarra el tejido social de su pueblo. "Esto afecta mucho cuando conoces a muchos de los vecinos de la localidad”.

España ha sido uno de los países más afectados por la pandemia, con unas 25,400 muertes confirmadas según el conteo de la Universidad de Johns Hopkins. Pero mientras que Madrid ha sido el epicentro del sufrimiento, cada muerte en zonas rurales ha sido un duro golpe para pueblos que ya estaban en situación difícil.

Duruelo de la Sierra está en la provincia de Soria, en el centro-norte de España, una de las zonas menos pobladas de Europa. Allí persisten pequeñas poblaciones en un paisaje salpicado de pueblos abandonados. Muchos de los habitantes locales pensaban que su escasa población les protegería de la pandemia del coronavirus.

Al contrario. La tasa relativamente alta de personas mayores en Soria y sus limitados recursos sanitarios crearon las condiciones para que el COVID-19 tuviera un impacto especialmente devastador en poblaciones que ya antes luchaban por sobrevivir.

En esta imagen del 27 de abril de 2020, calles vacías al anochecer en Duruelo de la Sierra, en la provincia española de Soria. (AP)

Aunque imprecisas por la falta de pruebas del virus, las cifras cuentan la historia: las autoridades provinciales reportaron el 22 de abril que el 1.52% de la población de Soria se había infectado, en comparación con el 0.44% de España, y la provincia tenía una tasa de mortalidad del 1.08%, más del doble de la cifra nacional del 0.46%. Las autoridades estiman que al menos 500 personas murieron en Soria desde el inicio del brote en abril, frente a la media mensual anterior de 83 personas.

En las zonas menos pobladas la retransmisión siempre es más lenta, pero cuando llega, llega igual que en los demás lugares”, dijo Fernando Simón, responsable de la respuesta sanitaria a la crisis en España.

Duruelo de la Sierra, una localidad maderera de 1,000 personas que trata de evitar la desaparición por despoblación, está rodeada de verdes colinas con pinares, rebaños de vacas y ovejas y restos olvidados de antiguas casas de piedra.

En declaraciones a The Associated Press entre las lápidas del cementerio local, Abad dijo que el 24 de marzo se recordará como el “día más oscuro” en muchos años. Ese día, cuatro vecinos fueron sepultados o incinerados.

Por lo general, en el pueblo hay una o dos muertes al mes y unas 20 al año, explicó al alcalde. Del 26 de febrero al 2 de abril hubo 13. Cinco de los muertos habían dado positivo en el virus y se sospechaba que los otros estaban infectados.

Jamás, jamás he visto en la historia de Duruelo que se han muerto cuatro en un día”, dijo Abad.

Hay tragedias similares en toda Soria y en otras zonas rurales del interior de España.

Cabrejas del Pinar, Soria, una población de 380 personas, ha perdido a nueve vecinos, o en torno al 2% de la población.

Eusebio Soria, que se está recuperando en su casa en el pueblo, dijo que su médico le diagnosticó una gripe, pero cuando su fiebre no bajaba quedó claro que tenía COVID-19.

“Yo pensaba que estaba por allí, pero que todavía no había venido aquí”, dijo.

Algunos vecinos creen que gente de Madrid, que está a menos de tres horas de carretera hacia el sur, podría haber llevado el virus cuando visitaron sus segundas residencias en la zona.

La población de la provincia se ha hundido desde 1950, cuando tenía 160,000 habitantes. Mucha gente se marchó buscando mejores oportunidades educativas y laborales en Madrid y otras grandes ciudades. De los 186 municipios de Soria, ahora 116 tienen menos de 100 personas.

Ahora, los 88,000 sorianos no llenarían siquiera el estadio de fútbol del FC Barcelona. Con 8 personas por kilómetro cuadrado (23 personas por milla cuadrada), está entre los lugares con menor densidad de población de Europa, comparable con zonas de Finlandia o las Islas Hébridas Exteriores en Escocia.

Las autoridades sanitarias dicen que la demografía -el 10% de los habitantes tienen más de 80 años, cuatro puntos porcentuales por encima de la media nacional- hizo a Soria más vulnerable al virus, que es más peligroso para ancianos y personas con problemas médicos previos.

Las gobiernos locales también señalan a una falta de financiamiento en servicios básicos.

Abad, que también se contagió y se recuperó en casa, dijo que cuando tres trabajadores médicos del centro de salud de Duruelo de la Sierra enfermaron de COVID-19 y tuvieron que dejar de trabajar, no fueron sustituidos de forma inmediata.

Las cosas fueron aún peor en Tardelcuende, de 355 habitantes. El alcalde, Ricardo Corredor, dijo que cuando su único médico enfermó, la residencia local de ancianos pasó varias días sin atención médica adecuada. Los 21 residentes del centro se infectaron y siete murieron.

El único hospital de Soria tenía ocho camas de cuidados intensivos antes de la crisis. La cifra aumentó a casi 30, pero aun así hubo que trasladar pacientes a hospitales en otras provincias y Madrid envió personal médico.

En esta imagen del 27 de abril de 2020, un rebaño de ovejas pasa por una carretera vacía cerca de Soria, mientras continúa el confinamiento contra el nuevo coronavirus en España. (Suministrada)

“Cuando en apenas mes y medio han fallecido 500 personas en Soria cuando la media mensual es 83, te pone enfrente del espejo, tiene un impacto psicológico”, dijo Carlos Martínez, alcalde de Soria, capital de la provincia del mismo nombre. “La sanidad no puede ser un gesto de generosidad”.

Mercedes Pascual, que trabaja en una residencia en Duruelo de la Sierra, ha pasado más de mes y medio en cuarentena en su casa tras contagiarse. Describió el aislamiento como deprimente y dijo que el futuro parece sombrío.

“Al estar en un pueblo y conocernos todos, ya que la mayoría somos familia, amigos... sentimos mucha tristeza por ver cómo han fallecido, de qué forma se han ido", dijo. "Cuando vuelva la normalidad, nos costará aceptarlo y ver el vacío que han dejado”.


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