Vladimir Padrino López (semisquare-x3)
El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, ofrece una conferencia de prensa en Caracas. (EFE)

Luego de la reacción de este jueves de la cúpula militar venezolana, en la que le expresó un cerrado apoyo al gobierno de Nicolás Maduro y tachó la juramentación de Juan Guaidó como mandatario encargado de “golpe de Estado”, los venezolanos se preguntan cuáles son los motivos reales de que, a pesar del clamor de una buena parte de la ciudadanía y de las presiones internacionales, la fuerza siga apoyando al cuestionado líder chavista.

Es claro que como proyecto, la revolución bolivariana del expresidente Hugo Chávez se perfiló como una alianza cívico-militar –como las viejas dictaduras populistas–, y en ese sentido el estamento armado tiene una participación determinante en los cambios económicos, políticos y sociales proyectados.

De hecho, el actual ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró a las Fuerzas Armadas como ‘chavistas’, con lo que marcó un derrotero difícil de desviar en caso de que el presidente no sea de esa línea política.

Por eso, los analistas han coincidido desde hace tiempo en que la llave de la caída o la permanencia de Maduro está en las fuerzas militares. Pero, ante el cúmulo de acontecimientos recientes, el masivo apoyo popular conseguido por los opositores el pasado 23 de enero, y el reconocimiento internacional concedido a Guaidó, son muchos los interrogantes que se abren sobre hasta dónde durará la fidelidad de los militares a la cúpula chavista.

“Si yo fuera general de la República, estaría seriamente pensando que si se cae Maduro me caigo yo. Me quedan el exilio, la cárcel en Venezuela o EE. UU. o terminar de soplón ante la DEA. Por eso tal vez sea mejor para ellos seguir con Maduro, no por convicción sino por necesidad”, describe un analista que prefirió el anonimato para explicar el dilema al que se enfrentan algunos altos mandos.

A juicio de la analista especializada en temas militares Rocío San Miguel, los militares podrían retirar su apoyo a Maduro “cuando se vea la voluntad abierta y masiva de los militares a no reprimir al verse superados por el pueblo. Esa será la señal para Maduro de que debe irse”. Y, por lo visto, esa señal aún no ha llegado.

Guaidó, conocedor de esas circunstancias, les ha hablado directamente y les ha ofrecido amnistías en caso de que colaboren con la restitución del orden constitucional, consciente de que cada vez son más habituales los brotes de insurrecciones o levantamientos en los cuarteles, que por contar con apoyos reducidos o tener líderes debajo rango no han tenido éxito, hasta ahora.

Más aún, Guaidó dijo que una amnistía podría estar sobre la mesa para Maduro en entrevista con la periodista colombiana Patricia Janiot, para Univisión.

Por su parte, Nicolás Maduro dijo estar dispuesto a hablar con la oposición.

País de generales

La dependencia de lo militar también se explica en el grado de participación que este estamento está teniendo en el gobierno y en la vida económica y social del país. De 32 ministerios, nueve están ocupados por militares. Controlan PDVSA –la principal empresa estatal del país responsable del 96% de los ingresos–, controlan la distribución de alimentos, enorme herramienta de control social, tienen a cargo varias concesiones mineras y además uno de los ejércitos con mayor número de efectivos, que ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años.

Con decir que tiene 1,200 generales, cifra récord para un país que no tiene conflicto interno ni externo y que cuenta con 365,000 soldados, muchos más que Colombia, que padece la acción de la guerrilla, bandas criminales y narcotraficantes, por ejemplo. “Los ministerios ya no representan fuentes de riqueza como antes. Los militares prefieren manejar” la importación y venta de alimentos subsidiados, dijo San Miguel.

Después del golpe del 2002, el presidente Hugo Chávez hizo una purga en la fuerza y solo dejó a quienes abiertamente le expresaron su fidelidad. También inició una operación, con el apoyo del G2 cubano, para detectar cualquier tipo de desviación insurreccional. 

Fruto de esto se han desmontado cinco pequeños alzamientos en los que torturan y acosan a los familiares de los insurrectos, como lo ha documentado Human Rights Watch. Y los pocos militares que se han atrevido a expresar su rechazo a lo que está sucediendo, por más amigos que hayan sido de Chávez, terminan tras las rejas.

En suma, no hay una lealtad pétrea. La ONG Control Ciudadano habla de más de 4,300 efectivos que desertaron de la Guardia Nacional en 2018, y unos 10,000 han pedido la baja desde el 2015, a pesar de los beneficios que se tienen, como por ejemplo más y mejores aumentos de sueldo a lo largo del año debido a la hiperinflación y otros privilegios.

A lo que se suma que hay varias investigaciones en EE.UU. respecto al denominado ‘cartel de los soles’, un grupo de oficiales involucrados en el narcotráfico en el que también se menciona a uno de los hombres más fuertes del régimen, Diosdado Cabello.

Washington ya ha sancionado a varios militares por corrupción, narcotráfico y violación de los derechos humanos al prohibirles el ingreso al país y al confiscarles bienes. “Las sanciones van a apretar a los miembros de la familia (...), les va a poner la vida dura, los van a obligar a volver a Venezuela o negociar con los países que están tras esto, a cambio de delaciones. Esto podría vencer la resistencia interna”, vislumbra el analista Luis Salamanca.

Pero mientras esto sucede, la llave de los militares la sigue teniendo Maduro.


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