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Carlos Alberto Jiménez (izquierda) y otro refugiado de su grupo muestran a su coco "Wilson". (DW / O. Pieper)

Su amuleto de la suerte lo recibió Carlos Alberto Jiménez ya en Colombia. Cuando el hombre, de 28 años, llegó a la ciudad fronteriza de Cúcuta en su huida de su Venezuela natal, un amigo le dio un saco de cocos para vender en la calle. Vendió todos menos uno al que llamó "Wilson". "Pensé en ese momento en la película de Tom Hanks porque estaba en una situación similar", dice el venezolano, que acaba de llegar a la ciudad fronteriza peruana de Tumbes con su coco.


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