El apartheid terminó hace 25 años, cuando Nelson Mandela ganó las primeras elecciones democráticas (semisquare-x3)
El apartheid terminó hace 25 años, cuando Nelson Mandela ganó las primeras elecciones democráticas. (EFE)

El sistema de segregación racial del "apartheid" funcionó durante más de cuatro décadas como una máquina de opresión de la mayoría negra destinada a garantizar la superioridad de los blancos en Sudáfrica. Terminó hace 25 años, cuando Nelson Mandela ganó las primeras elecciones democráticas.

"Apartheid" significa literalmente "separación" en el idioma afrikáans y, aunque oficialmente empezó solo en 1948, sus leyes buscaban institucionalizar los privilegios que la población blanca había heredado de la colonización británica y holandesa.

Sus herramientas de funcionamiento fueron endureciéndose hasta que el gobierno de Frederik Willem de Klerk (1989-1994), el último presidente blanco que gobernó el país, abrió la puerta a su desmantelamiento.

Estas son las seis claves para entender ese implacable sistema de dominación racista:

Registro por razas

Tener clasificada a la población según su raza era la base del sistema segregacionista. Por ley, a partir de 1950, se establecieron categorías raciales en orden descendente en cuanto a derechos: blancos, mestizos (donde entraban, por ejemplo, los numerosos indios sudafricanos) y nativos (negros).

No solo la palidez de la piel podía influir en la clasificación, sino que también se hacían pruebas con otros factores, como el espesor y lo rizado del cabello. Así se hizo tristemente famoso el "test del lápiz", una prueba que medía la facilidad con la que un lápiz pasaba a través del pelo de la persona a clasificar.

Con los extranjeros, la clasificación era a menudo aún más complicada y aleatoria. Los chinos, por ejemplo, podían incluso ser clasificados como "nativos", mientras que sus vecinos japoneses normalmente iban a ser considerados "blancos".

Los pases

Con la población clasificada, el "apartheid" expedía los denominados "pases", una suerte de pasaportes de identificación racial que limitaban severamente los movimientos de la población no blanca si no tenía permiso de las autoridades.

La oposición contra la obligación de portar los pases fue, además, detonante de varias de las manifestaciones cruciales en la historia contra el "apartheid", como la Marcha de Mujeres de 1956 o las que llevaron a la Masacre de Sharpeville en 1960, en la que 69 personas murieron acribilladas por la Policía.

Separación geográfica

En base a la supuesta superioridad de la raza blanca, el "apartheid" buscaba imponer ritmos de desarrollo separados para los negros.

Esto se tradujo en la creación de territorios semi-independientes -en realidad, tutelados por Pretoria- enlas áreas rurales más aisladas del país, los bantustanes, una especie de reservas tribales en las que se buscaba confinar a la población negra para que ejerciera lo que se consideraba como su modo de vida natural.

Pero la economía sudafricana necesitaba, en realidad, la mano de obra barata de la población a la que el sistema racista despreciaba. La industria, la minería y muchos de los servicios que permitían a la minoría blanca mantener su calidad de vida requerían tener a mano a los negros en las ciudades.

Así pues, el espacio urbano se dividió racialmente, lo que derivó en la creación de grandes guetos, como el famoso distrito de Soweto, en el suroeste de Johannesburgo.

La educación y el trabajo

El "apartheid" creía que no se debía dar a los negros la oportunidad de tener una educación para un tipo de vida del que, al fin y al cabo, después no iban a gozar por ser inferiores.

Nelson Mandela y muchos de sus compañeros de lucha habían tenido acceso a una educación superior gracias a la existencia de centros que, normalmente gestionados por misiones de la Iglesia, ofrecían salidas a los africanos antes de que el "apartheid" acabase con esas opciones.

La Ley de Educación Bantú (1953), que daba a los negros una formación de segunda clase e imponía la enseñanza del afrikáans, fue la pieza clave para segregar por razas la educación y asegurar que la población negra no tuviese oportunidades de prosperar desde la infancia.

De esa manera, la población negra quedaría automáticamente relegada a los sectores de trabajo menos privilegiados, como el campo, las minas o el servicio doméstico.

Matrimonio, transporte y otros aspectos de la vida diaria

Dado que era imposible mantener a la población realmente separada, el "apartheid" tenía que imponer la segregación racial mediante la ley en todos los aspectos de la vida cotidiana.

Los matrimonios entre personas blancas y de otras razas, por ejemplo, no estaban permitidos. Tampoco ningún tipo de relación sexual de este tipo era legal.

Un negro no podía acceder a un edificio por una puerta "solo para blancos" o bañarse en determinadas playas y, en general, todos los servicios, desde la sanidad al transporte, estaban segregados y eran de muy distinta calidad, siendo esta siempre mejor para la minoría.

Los derechos políticos

Los no blancos carecieron de derechos políticos reales hasta la llegada de la democracia multirracial en 1994.

Durante el tiempo que estuvo vigente, el "apartheid" se encargó de ilegalizar los principales movimientos que organizaban sus reivindicaciones sociopolíticas y de acusar sistemáticamente de traición, comunismo o sublevación a sus líderes.

Es el caso del Congreso Nacional Africano (CNA) de Mandela o el Congreso Panafricano (PAC) de Robert Sobukwe. Ambos líderes, junto a muchos otros, compartieron presidio en la infame cárcel de Robben Island, situada junto a Ciudad del Cabo (suroeste).

A los mestizos y asiáticos se les dio acceso a algunas instituciones pero, en general, las tasas de participación eran poco significativas.

Ese sistema racista se derrumbó por completo en los comicios del 27 de abril de 1994 con el rotundo triunfo de Mandela, primer presidente negro de Sudáfrica. Esa jornada quedó para la historia como el "Día de la Libertad", que es festivo y se celebra cada año en la país.


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