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WASHINGTON.- Mientras en San Juan coquetean con procesos de status que no obligan a Washington, el gobierno británico se ha vinculado plenamente con un referéndum que, el jueves, puede generar un desenlace que no quiere: el voto del pueblo de Escocia a favor de su independencia.

El contraste con el caso de Puerto Rico es marcado. 

Sujeto a las negociaciones de un posible proceso de transición, el  independentismo escocés hace su reclamo sobre la base de una economía sólida y  diversa, con reservas de petróleo, capacidad para generar fuentes de energía renovable y un producto interno bruto (PIB) que proporcionalmente les coloca entre los más altos. 

Contrario al caso de  Puerto Rico, la relación de Escocia con el Reino Unido no es producto de una invasión, sino de una unión voluntaria. 

Antes de 1707, el año en que Escocia se integró al Reino Unido -formado también por Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte-, Escocia fue una monarquía independiente.

Su autonomía fiscal, un asunto fundamental del debate, también es limitada, casi sin poder para variar la tasa tributaria que le impone el Reino Unido a sus ciudadanos.

Cuando la consulta comenzó a organizarse en 2012, la percepción era que el “no” ganaría la votación cómodamente. 

Ahora, las encuestas auguran una cerrada jornada electoral que, de una u otra forma, debe cambiar para siempre la configuración del gobierno británico, que en un acto de desesperación tiene a los tres partidos políticos principales prometiendo, finalmente, “máxima autonomía”.

“El gobierno británico pensaba que iba a poder frenar el debate por una generación o más. Pero, también reconoció que este era un proceso inevitable”, dijo el profesor  Jaime Lluch, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Puerto Rico (UPR) y autor del libro “Visions of Sovereignity: Nationalism and Accommodation in Multinational Democracies”.

El camino trazado

Cuando en 2012 se adoptó el acuerdo a favor del referéndum, el Partido Nacionalista acababa de obtener mayoría absoluta en el Parlamento de Escocia.

A diferencia del caso colonial de Puerto Rico, Escocia ha tenido representación plena en el Parlamento británico. Actualmente, ocupa 59 de los 650 escaños, una representación proporcionalmente más alta que las demás regiones.

El Parlamento británico retuvo la mayoría de los poderes, pero Escocia, explicó Lluch, “tiene funciones exclusivas como educación, salud, vivienda, desarrollo económico, transportación, y asuntos de derecho, tanto civil como criminal”.

Londres mantiene   el control de las relaciones exteriores, seguridad, defensa e inmigración, además de que limita el poder fiscal de Escocia.

En Escocia, el factor que da mayor impulso a su movimiento independentista no es necesariamente su identidad cultural.  “Lo económico ha sido lo más importante”, dijo Lluch, académico del  programa de Democracia, Ciudadanía y Constitucionalismo de la Universidad de Pensilvania.

Relación entre iguales.

Al convocar el proceso, el ministro principal escocés y líder del Partido Nacionalista,  Alex Salmond, afirmó que “Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte serán siempre nuestros familiares, amigos y vecinos cercanos, pero con Escocia como país independiente, nuestra relación será entre iguales”.

En Puerto Rico, los datos del Censo federal indican que solo una cuarta parte de la población de la Isla tiene pleno dominio del inglés. En Escocia, solo el 25% se declara plenamente escocés y la lengua mayoritaria es el inglés. Pero, hace cuatro décadas el 39% se consideraba británico y ese porcentaje se ha reducido a 23%.

“El nacionalismo en Escocia no es el  de un país colonial ni de un país explotado por la metrópoli”, consideró el profesor  Juan Manuel Carrión, experto en asuntos de nacionalismo y catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales de la UPR.

A pesar del interés que han mostrado en mantener la ciudadanía estadounidense, en Puerto Rico su  apego al español y la identificación  étnica marcan diferencias de identidad fundamentales con Estados Unidos, agregó  el profesor Carrión.

Con una población de 5.3 millones de personas, en Escocia viven 500,000 personas nacidas en Inglaterra que  pueden decidir el referéndum. Unos 800,000 escoceses, que no podrán votar el jueves, viven en Inglaterra. 

Estructura política

Para Lluch, los contrastes entre los casos de Escocia, Puerto Rico y Cataluña, parten de la estructura política y constitucional de cada metrópoli.

Por ejemplo, el Reino Unido fue concebido como un estado nación, no como una nación estado. Nunca han objetado la diversidad nacional.

En Estados Unidos uno de sus lemas es “de muchos, uno”.  “EE.UU. es una federación, que es la quintaesencia de una nación estado, contrario a Canadá y Bélgica, que son federaciones multinacionales”, agregó Lluch.

Hay áreas grises  dentro del proyecto  independentista escocés, pues quieren mantener el reconocimiento -simbólico- de la reina de Inglaterra como la jefa de Estado de una Escocia independiente y el uso de la moneda oficial británica, la libra esterlina.   

“Lamont perdió el primer debate por el tema de la moneda. Sería depender de otro país con respecto a su política monetaria”, afirmó el profesor Lluch, aunque advirtió que una victoria del Sí daría, entonces, paso a un proceso de transición.

La encuesta de hace una semana que abrió la posibilidad a una  victoria independentista levantó temores de inversionistas y el Royal Bank of Scotland dijo que mudará sus cuarteles generales a Londres si triunfa el Sí.

Con la idea de frenar el avance del independentismo,  los tres partidos principales  británicos prometieron a Escocia el 100% de autonomía si votan “No” el jueves. El sondeo del viernes de la encuestadora You-Gov  otorga ahora al No una ventaja de 4%.

La historia de las relaciones coloniales entre Puerto Rico y Estados Unidos apunta a un desinterés marcado del Congreso por resolver el status territorial de la isla.

Mientras en Escocia el referéndum es vinculante y ofrece un cambio de status, el Congreso nunca se ha comprometido a acatar los resultados de  un plebiscito que le ofrezca a Puerto Rico la estadidad o la independencia.

El efecto

Escocia difícilmente cambie el ánimo en Washington.

“No se  va a crear un efecto dominó por otras regiones inmediatamente”, advirtió Alejandro Sánchez, experto  del Concilio de Asuntos Hemisféricos (COHA).

Pero, puede tener repercusiones importantes en España, donde el gobierno español no ha querido reconocer la consulta independentista de Cataluña del 9 de noviembre.

El excongresista demócrata boricua  Robert García, piensa que el caso de Escocia se examinará en Washington a través de los ojos de los empresarios. “Las corporaciones estadounidenses que hacen negocios en Escocia y Gran Bretaña informarán a sus miembros sobre cómo esto les afecta”, dijo García.

Para el presidente ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP),  Fernando Martín, aunque Washington prefiera mirar para otro lado, el mensaje de Escocia es que “todos los ríos nacionales conducen al mar”. “Cuando un pueblo se concibe a sí mismo como una nación distinta -subrayó  el exsenador Martín-, la expresión política de esa identidad tarde o temprano va a ser la independencia”. 


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