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El Ayuntamiento de Brunete, cerca de Madrid, decidió poner fin a un maloliente problema de ornato público con técnicas de mercadeo directo.

Resulta que, a pesar de los esfuerzos de concienciación y amenazas de penalidades, muchos dueños de mascotas dejaban en áreas públicas los excrementos de sus canes, en vez de recogerlos como dictan las reglas del ayuntamiento y del buen vecino.

Pues con la ayuda de unos voluntarios, identificaron 147 casos en los que el humano no recogía las cacas. Recogido el ‘regalito’ canino, se echaba en una caja de “propiedad extraviada” y se dirigía a la residencia de su legítimo dueño, con una advertencia de multa incluida.

Tras la campaña, el ayuntamiento registró 70% menos de cacas abandonadas.