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Un boricua a cargo de las emergencias en Orlando

El líder puertorriqueño, quien creó un sistema de prevención y respuesta ante accidentes, ha sido reconocido a nivel mundial

6 de diciembre de 2022 - 3:40 AM

Nota de archivo
Esta historia fue publicada hace más de 2 años.
Manuel Soto coordina los programas de manejo de emergencias de la ciudad y es responsable de los esfuerzos para prevenir, responder y recuperarse de manera efectiva de los desastres naturales y provocados por el hombre. (XAVIER GARCIA)

ORLANDO, Florida.- Manuel Soto siempre deseó ser el primero en extenderle una mano amiga a aquellos en gran necesidad. Fue por esto y por su robusta carrera militar que el alcalde de Orlando, Buddy Dyer, le encargó, en 2002, la máxima prueba: crear el programa de manejo de emergencias de la ciudad.

“Llegué aquí, y me dijeron: ‘aquí están las llaves. Make the system work’ (haz que el sistema funcione)’”, relató el aguadillano, que dejó su participación activa en el Ejército de los Estados Unidos, en 2000, para trasladarse a Orlando.

Pese a las múltiples voces que minimizaban la probabilidad de que, en Orlando, sucedieran fenómenos naturales o desastres mayores, “Manny”, como le llaman cariñosamente, asumió el puesto de gerente de emergencias de la Oficina de Manejo de Emergencias (OEM) y creó el sistema de prevención y respuesta ante acontecimientos de este tipo.

No tardó mucho para que la misma naturaleza probara sus aptitudes, pues azotaron los huracanes Charley, Frances y Jeanne. “El reto fue grande inicialmente”, recordó.

Hoy, la OEM simula un cuarto de estrategia militar, con pantallas gigantes que proyectan mapas, y todas las sillas llenas de personal con un enfoque férreo.

Su excelencia como gerente le garantizó a la ciudad el sello del Programa de Acreditación de Manejo de Emergencias (EMAP), convirtiendo a Orlando en una de las siete ciudades de los Estados Unidos y el primer gobierno municipal en Florida en recibir esta distinción.

De la misma manera, su liderazgo es reconocido a nivel mundial, lo que se refleja en su oficina, repleta de monedas de desafío, que se otorgan cuando los militares logran objetivos de gran importancia. También, en las paredes, cuelgan certificados de reconocimientos y premios de superación, así como una imagen de El Morro, los Tres Reyes Magos y fotografías de su hija, de 30 años, su hijo, de 24, y su esposa, con quien ha estado casado 33 años.

Además, Soto -quien cuenta con un bachillerato en Educación Secundaria, Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Interamericana de Puerto Rico- es instructor adjunto en la escuela de Administración Pública de la Universidad de Florida Central, donde imparte clases de manejo de emergencias.

Cuando era infante y oficial de comunicaciones en la Guerra del Golfo, estuvo destacado en Kuwait, Arabia Saudita, Corea e Irak. Entretanto, proveyó asistencia humanitaria en Bosnia y Honduras.

El mayor reto en su carrera

Sin embargo, ni sus años de trayectoria lo prepararon para la mayor emergencia que enfrentaría en la ciudad que vio crecer a sus dos hijos. Se trata de la masacre en la discoteca Pulse, que cobró la vida de 49 personas, la mayoría de origen hispano -incluidos puertorriqueños- y de la comunidad LGBTTQ+.

“Ese fue un impacto sumamente grande. Estremeció la comunidad. Estremeció, no solamente la ciudad de Orlando, estremeció la comunidad hispana, estremeció la comunidad LGBTQ, estremeció la nación y estremeció el mundo”, lamentó sin contener las lágrimas.

La masacre ocurrió el 12 de junio de 2016 y, para esa fecha, fue el tiroteo más mortífero en la historia de la nación, dejando también a más de 50 personas heridas. El pistolero, identificado como Omar Mateen, de 29 años, comenzó a disparar, a eso de las 2:00 a.m. Al cabo de casi tres horas, policías intercambiaron disparos con el atacante, quien falleció en la escena.

En ese momento, era Soto quien estaba a cargo de la coordinación y comunicación con los agentes de la Policía y quien recibía las actualizaciones, “minuto a minuto”, de la tragedia.

“Lo que más me chocó (fueron) los números iniciales de muertos. El primer número que escuchamos fue 11 y luego 13, luego 19, y durante el día, seguía aumentando, 23, 27. Y llegó un momento cuando uno decía ‘wao, ¿cuándo esto va a parar? ¿Cuánta gente había allá dentro?’”, narró con voz entrecortada.

“En la Guerra del Golfo, llegamos a tener varias experiencias bastante feas, bien emocionales, pero aquí nunca pensé que iba a haber algo tan drástico, que emocionalmente nos mantuviera en lo que yo llamo un ‘emotional drainage’ (drenaje emocional). Te digo que fue sumamente impactante para nosotros. Yo quisiera retirarme y no tener que estar envuelto en una manera de responder a un incidente como ese jamás”, agregó.

La fatiga emocional de su profesión tiene, para Soto, un antídoto infalible: su entrenamiento militar y el apoyo de su familia.

“Siempre, siempre, siempre, tuve el apoyo de mi esposa y los hijos míos”, aseguró, al señalar que su posición requiere constante objetividad y racionalidad. “Sin (ese apoyo), se me haría sumamente difícil”, concluyó.

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