La primera masacre del 2020 cobró la vida de cuatro personas de una familia en una residencia del barrio Carraízo en Trujillo Alto.
La primera masacre del 2020 cobró la vida de cuatro personas de una familia en una residencia del barrio Carraízo en Trujillo Alto. (Teresa Canino Rivera)

El juicio contra José Carlos Aponte Ramos, acusado de asesinar a cuatro miembros de una familia entre el 31 de diciembre de 2019 y el 1 de enero de 2020 en una residencia en el sector Los Ramos en Trujillo Alto, entró hoy, miércoles, en su quinto día con el testimonio de la paramédica y enfermera asociada Tanya Minitza Hernández.

La ambulancia del Negociado de Emergencias Médicas utilizada por Hernández y su compañera Janet Torres fue la primera en llegar a la escena del cuadruple asesinato del matrimonio de Edwin Ramos y Dorothy Wickline, y el de sus hijos gemelos de nueve años Erick y Jorge Ramos Wickline. Otro hijo de la pareja, de 15 años, resultó herido.

Ante las preguntas del fiscal Juan Domínguez Villegas, Hernández, quien lleva 16 años como paramédico, 14 de ellos en el Negociado de Emergencias Médicas, relató que su turno de trabajo comenzó a las 11:00 p.m. del 31 de diciembre de 2019 y que recibieron una alerta de activación del despacho del sistema de emergencias 9-1-1 de múltiples heridos de bala.

“Llegamos a la entrada del camino Los Ramos a eso de las 3:19 a.m., pero no vimos los biombos de la Policia, que no había presencia policíaca en la escena. A nosotros nos entrenan a aguardar por la presencia de la Policía en situaciones en las que se reportan heridos de bala”, dijo Hernández ante el jurado.

No obstante, la también enfermera asociada contó que un hombre, que no identificó por nombre, se acercó a la ambulancia y les dijo que habían personas que necesitaban asistencia médica. En ese periodo de tiempo, Hernández se comunicó con el 9-1-1 para confirmar cuánto tardaría la Policía en llegar, a lo que el despacho le dijo que tardarían pues estaban atendiendo otra situación.

“Decidimos estacionar la ambulancia frente a la residencia y pude ver a un hombre (Edwin Ramos) sentado en lo que entiendo era el balcón, y que estaba inclinado. Procedí a verificar si tenía signos vitales, si tenía movimiento del tórax (si estaba respirando), pero no encontré signos vitales. Entonces se me acerca una señora trigueña y me dice que hay mas personas heridas dentro de la casa. Habían varias personas en el exterior de la casa, y en el interior”, enfatizó Hernández.

La paramédico luego explicó que al entrar al área de la cocina de la casa encontró a una mujer (Dorothy Wickline) boca arriba, que tampoco presentó signos vitales, y a su lado, el cuerpo de uno de los gemelos, casi arrodillado, y sin señales de vida.

“Fue una escena complicada, había mucha sangre en el piso, varias personas gritando, ansiosos”, recordó la paramédico, quien lucía nerviosa. La jueza Berthaida Seijo Ortiz intentó calmarla en repetidas ocasiones, y la licenciada Mayra López Mulero pidió, en múltiples instancias, que la testigo hablara de forma pausada para poder entenderla.

“La señora, que fue la única persona con la que interactué, me lleva a una habitación donde estaba otro menor, esta vez boca abajo. Busqué signos vitales y no los encontré”, dijo Hernández, quien añadió que salió a buscar su compañera paramédica, Janet Torres, pero la encontró afectada por lo que hallaron en la casa.

Hernández volvió a entrar a la residencia, pues una mujer le dijo que el menor que estaba en el cuarto estaba vivo.

“‘¡Estoy vivo!’, me contestó el menor, así que salí a la ambulancia a buscar la tabla de estabilización y la camilla, pero mi compañera no podía ayudarme porque estaba descompensada, así que le pedí ayuda a las personas que estaban allí, pues no podía cargar al menor para ponerlo en la tabla, y luego, en la camilla. Recibí ayuda de tres varones”, relató Hernández con la voz entrecortada.

Con la ayuda de estas tres personas, Hernández montó al menor en la tabla, y luego, en la camilla, hasta llevarlo a la ambulancia.

“El menor tenía su vía respiratoria comprometida porque tenía mucha sangre en la boca y en el rostro, así que utilicé una máquina para succionar la sangre y le coloqué una mascarilla para administrar oxígeno puro. Él estaba tratando de abrir los ojos y trató de hablar”, indicó Hernández.

“Durante el viaje al Centro Médico, el menor me dijo que se llamaba Alex Ramos Wickline, de 15 años, y que tenía que hablar con la Policía. Yo le dije que no contestara esas preguntas y que solo contestara lo que yo le estaba preguntando. Le pregunté si podía respirar bien y me dijo que no. Al llegar al Centro Médico le alertamos al guardia que teníamos a un herido de bala, que no teníamos escolta de la Policía y que tomaran las debidas precauciones”, añadió Hernández.

Tras un receso de merienda de 15 minutos, la licenciada Mayra López Mulero, representante legal de Aponte Ramos, comenzó el contrainterrogatorio y preguntó sobre el tiempo que llevaba trabajando como paramédico.

Mediante sus preguntas estableció que, según Hernández, no había presencia de la Policía en la escena al llegar la ambulancia. La testigo también indicó que no interactuó con miembros de la Policía en la escena, que nadie acordonó la escena y que le dijo a las personas que estaban en la residencia que tenían que salir para ella poder trabajar.

Hernández añadió, a preguntas de López Mulero, que no tomó precaución para preservar evidencia en la escena en las dos veces que entro a la residencia, y que fue entrevistada, bajo juramento, por el fiscal Domínguez Villegas y por dos oficiales, que López Mulero identificó como los oficiales Quiñones y Torres, aunque no precisó el día en que ocurrió la entrevista.

López Mulero también le preguntó si recordaba el nombre del hombre que se acercó para decirles que habían heridos, y Hernández mencionó “Luis”. Durante su testimonio inicial tampoco mencionó que habían cinco víctimas en la residencia; en todo momento habló de cuatro víctimas, pero luego recordó que eran cinco personas, incluyendo al sobreviviente.

La abogada de defensa también puso en tela de juicio el contenido del informe de incidente que sometió y el informe de notas adicionales que luego escribió, pues en ninguno de los documentos incluyó detalles como que Ramos Wickline se identificó, que dijo que quería hablar con la Policía, ni que tampoco recibió ayuda de su compañera, Torres, o que fue asistida por la mujer que le mostró dónde estaban las víctimas.

La licenciada preguntó a Hernández si en algún momento cambió el contenido de ambos informes que escribió, a lo que la testigo indicó que no. Tampoco mencionó en el segundo informe que recibió ayuda de los tres hombres para poner a Ramos Wickine en la camilla, que colocó la tabla estabilizadora al lado del menor, ni que succionó la sangre de la boca del perjudicado.

Tras López Mulero culminar su contrainterrogatorio, el fiscal Domínguez le preguntó a Hernández en redirecto porqué no incluyó toda esa información en sus informes, a lo que la testigo contestó que “era información irrelevante para mí y para mis funciones de salvarle la vida. No era información pertinente porque yo no soy policía. No era necesario para salvarle la vida”.

Aponte Ramos enfrenta cuatro cargos de asesinato en primer grado por las muertes de Edwin Ramos y Dorothy Wickline, y la de sus hijos gemelos de nueve años Erick y Jorge. El acusado también enfrenta un cargo de tentativa de asesinato, pues en el ataque otro de los hijos del matrimonio, Alex Ramos Wickline, resuló gravemente herido. Por último, Aponte Ramos también enfrenta seis cargos por infracciones a la Ley de Armas.

El juicio contra Aponte Ramos continuara mañana, jueves, con la parte final del contrainterrogatorio al investigador primario del Instituto de Ciencias Forenses (ICF) que trabajó la escena, Jonathan Santiago Berríos.

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