Lymari Díaz Meléndez

Punto de Vista

Por Lymari Díaz Meléndez
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Alexa no murió… ¡la matamos!

¿Qué debe ocurrir en este país para que la salud mental se convierta en una prioridad?  

No importa lo que ocurra en este archipiélago de Puerto Rico, al parecer nunca es suficiente para provocar una señal de alerta.

Lo que sucedió en la tarde y la madrugada del domingo 23 de febrero de 2020 en Toa Baja nunca debió pasar.  Alexa nunca debió estar en el baño de un restaurante de comida rápida sola, las mujeres y las niñas “aterrorizadas” tampoco debieron sentirse “amenazadas” por Alexa y el oficial de la Policía nunca debió llegar a aquel restaurante. Además, el hombre que publicó el post, tampoco debió pasar por el coraje y la frustración que lo llevó a escribir el post, que todos los que lo leyeron, nunca lo debieron leer y sobretodo Alexa no tenía que morir.   

Y, ¿por qué pasa lo absurdo, lo increíble, lo doloroso, lo lamentable?  Pasa porque tenemos un pobre espíritu que nos lleva a ser insensibles hacia casi todo en las relaciones humanas. No es culpa del sistema, ni de los que publicaron la noticia, ni de los que juzgan solo por lo que ven, ni de las niñas, ni siquiera de los que la mataron.  

La responsabilidad es de todos y cada uno de nosotros porque no hemos aprendido a convivir con la diferencia. Es culpa de todos aquellos que preferimos mirar para el lado cuando no entendemos algo. Culpa de nuestra falta de conciencia del momento presente, de poder hacer las reflexiones importantes, de poder cuestionar la publicación de Facebook, la del periódico y la del político. Sobre todas las cosas, la verdadera culpable la profunda falta de humanidad y ceguera selectiva.

Ayer murió una inocente, pero esa mujer había muerto hace tiempo. Sí, hace tiempo.  Alexa murió cada vez que en su escuela le negaron educación, cada vez que se burlaron de ella, cada vez que la discriminaron.  Cada vez que quienes pudieron apoyarla tuvieron más excusas que corazón.  Alexa murió y muere cada vez que muere una mujer víctima de su compañero en este país. Alexa muere cada vez que nos volvemos menos humanos, menos sensibles, menos tolerantes.  Alexa es la cara del dolor de todas aquellas personas que viven en la pobreza y la desigualdad.   

Alexa no murió… ¡la matamos!

Alexa es una de las tantas personas que matamos con nuestra desconexión de la propia humanidad. Es uno de esos seres que nos hacen reflexionar, que nos recuerdan nuestra humanidad y que nos invitan a transformarla.  ¡Alexa, lo siento, te envío luz!

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